Como cada 8 de
enero, miles de devotos de todo el país celebran a su "santo pagano".
Los "Promeseros" visitan santuarios para agradecerle y pedirle al
Gauchito Gil.
Por FEDERICO LAMAS
El Gauchito Gil, en realidad, tiene su historia. Antonio
Mamerto Gil Núñez se convirtió en santo popular a través de sus devotos, sus
fieles y su leyenda. Las velas en los altares o los bocinazos en las rutas son
situaciones que se repiten. La historia del Gaucho, como cada leyenda, tiene bifurcaciones que
fueron sumándose a través de la historia construida por sus devotos.
Nacido en Mercedes, provincia de Corrientes, allí está el santuario más grande
en su honor.
Luego de haber sufrido la Guerra de la Triple Alianza donde
tuvo que batallar con cercanos y conocidos, la leyenda cuenta que el Gauchito
Gil desertó del ejército y, en ese camino, se convirtió en un
justiciero que le robaba a los ricos y después repartía entre los pobres
de la zona. Corrientes, su provincia, su lugar y, sobre todo, su gente lo
protegió hasta que finalmente fue capturado luego de una celebración. Un 8 de enero
a fines del siglo diecinueve, el Gaucho fue asesinado cuando iba a ser juzgado.
Antes de morir, le dijo a su verdugo: "Con la sangre de un inocente, se curará a otro
inocente". Después de matarlo, el verdugo juntó algo de esa
sangre y se la untó a su hijo enfermo que, luego, se recuperó.
La historia que creció con el boca a boca de los pueblos
tiene su actualidad y desde el interior del país comenzó a extenderse por las
ciudades más populosas. Ya existen devotos por toda Argentina. Mercedes -como la
ciudad del Gaucho- es una de ellas. "Lo conocí en una santería de la calle
Centenera. Siempre me había llamado la atención, su figura y todo. Él y la
Difunta Correa", cuenta a El Destape y agregó: "Me eduqué en una
colegio católico, fui a la Iglesia y la verdad que cuando uno crece y conocés,
hay cosas que te alejan". Como suele ocurrir en diferentes
ocasiones, el desencanto por las instituciones que representan a un culto
pueden alejar de la fe, pero hay momentos que se necesita.
"Hubo un día que estaba desesperada por un tema
familiar. Bastante complicado y, no sé, me pintó pedirle al Gaucho. No sé,
quizás de esa cuestión de la Santería que me quedó. Y bueno, le prometí algo,
el tema de salud complicado de mi papá se revierte", relata. En el momento
en el que se vive una situación complicada, la fe suele aparecer. Con el Gauchito Gil, lo que
ocurre, es que cada vez que se le pide algo hay que prometer. Y cumplirle. Ese
es el código de este trato divino. Mercedes, después de su
situación puntual, lo replicó: "Después de eso, cada vez que puedo
contagiar lo que hace el gaucho, lo hago. De hecho, mi pareja no sabía quien
era y ahora lo conoce. Fuimos al santuario, vamos. Ojo, no es como ir al
Mc Donalds. Es como con cualquier devoto, ser respetuoso y agradecer siempre.
Además respetar sus tiempos".
Los "Promeseros", los fieles del Gauchito Gil, se
multiplicaron y el clamor popular por este "santo del pueblo" sigue
creciendo. Andrea Ghilino conoció al Gaucho a través del arte y creó un
inventario fotográfico sobre lo más significativo alrededor de su figura del
santo popular: los santuarios. En rutas, en calles o en balcones. El rojo intenso, las velas, la
estatua y las ofrendas se repiten. "Lo que me pasó a mi es
que me llamó la atención cuando vi el altar, con las velas. Me llamó la
atención desde el arte. Los colores, las formas y después conocí todo el
movimiento detrás", dice a este medio.
En la cuenta SantuariosGauchitoGil en
Instagram Andrea rescata la belleza de cada uno de los altares realizados por
promeseros. "Yo me siento una promesera, pero desde otro lugar. Nunca le
pedí nada, pero me gusta ver todo lo que pasa alrededor. La gente, la
solidaridad, como se arma todo", indicó. Incluso, además de la
comunidad que se arma alrededor, Andrea le da un gran valor a la historia:
"Es más cercano a uno. Tiene una historia mucho más humana y también hay
algo difuso". En esa línea difusa aparece, por supuesto, la
dificultades de la comunidad para luchar contra los prejuicios de un santo
popular: "Uno va al Gauchito existe un prejuicio por cómo
se presentó. Muchos creen que solo van los ladrones antes de robar y entonces
aparece un prejuicio muy grande que no es así. Pero vas al santuario y hay
virgencitas, gente que llega caminando. Hay mucho más de lo que se conoce".
Como todos los años, en diferentes puntos del país, los
devotos y los fieles se movilizan a cada uno de los santuarios del país. Filas
largas, velas y vinos para el santo popular que cumple y derrumba prejuicios.

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