Revolución es hacer cada día de nuestro pequeño espacio, un lugar digno de habitar
"La Maldita Máquina de Matar" Pinchevsky/ Medina

martes, septiembre 06, 2011

EL ESTRELLERO - cuento












- ¡Sos un hijo de puta! - Me increpó La Negra haciendo sonar el vaso sobre el mostrador.

-  Vos ya sabías que salía con otra.
-  No me importa... ¡Sos un reverendo hijo de puta!
-  Estás borracha.
-  ¡Andá a la puta que te parió!
- ¡Callate buchona! - le dije sin medir las consecuencias de aquella afirmación. Yo también estaba medio escabio y dije en voz alto lo que venía rumiando desde que me enteré que era buchona del jefe de calle.
-  ¿Qué decís?
Los ojos de La Negra se achicaron de odio. La boca se le desfiguró, mientras todo el mundo enmudecía. El amanecer se congeló alrededor nuestro y las miradas se concentraron en la escena brusca que allí comenzaba a magnificarse. Petaín, el bar que nos cobijaba del frio exterior, se petrificó por unos instantes.
- Lo que escuchaste. - Mi orgullo no me permitió apaciguar las aguas y fui por más. - Si todo el mundo sabe que sos buche del Zurdo. Que te encamás por faso...
-  ¡Quién te lo dijo? 
-  Averigualo. No soy como vos.
- Hablá maricón o te parto el vaso en la frente! - profirió amenazante.
-  Preguntale a tus amiguitos. Fue uno de ellos. - Respondí tocado en mi hombría por la afrenta que caló hondo en los oídos de los parroquianos que se acomodaban en sus mesas para ver el desenlace que no se hizo esperar.
¡Zas! La piña me cerró el ojo. Salté de la banqueta para esquivar lo que se venía cuando la mano salvadora de un desconocido se interpuso entre el vaso y mi anatomía. Sólo escuché el vidrio astillándose contra el piso y la voz mediadora que se corporizaba entre ambos.
- Chicos, chicos... tranquilícense - A ver. ¿por qué no me cuentan qué les pasa?.
Y todo se calmó. Como si una energía extraña se apoderara de nosotros volvimos a nuestros asientos apaciguados.
El hombre, de una mirada acuosa y voz armoniosa, escuchó atentamente las dos campanas. Y mientras lo hacía dibujaba símbolos y números con el dedo impregnado de ginebra sobre la fórmica del mostrador que se evaporaban con el tufo del ambiente. Luego agregó: "Si me invitan otra ginebra les adivino el futuro".
- ¿Y por qué no? - respondimos a dúo con La Negra que ya había vuelto a agrandar sus ojos marrones mientras modelaba su mejor sonrisa entusiasmada.
El desconocido hizo que la mano de mi amiga se posara sobre su frente. Vació medio vaso de ginebra de un trago y eructó. Los ojos se le blanquearon y respiró profundo. Una, dos, tres veces y le dijo:
-  Morocha, cuidate la sangre...
Eso es todo lo que le dijo, o lo que yo recuerdo haberle escuchado musitar.
Llegó mi turno. Apoyé la mano sobre la frente arrugada y sentí un fuego. Quise retirarla pero la retuvo con firmeza.
- Y vos, acuariano... - Cómo mierda supo mi signo jamás lo sabré - ... Sepultá a tus muertos, alejate de los miedos y dale forma a tus fantasmas...
- No comprendo... - dije azorado.
- Escribí, pibe. Escribí...
Luego desapareció y nunca más supimos de él.

Veinte años después, volviendo al oeste, me contaron que La Negra, La Negra turbulenta que amé por aquel entonces, había fallecido de sida. Y yo comenzaba a darle forma definitiva a los papeles que venía garabateando hace rato... ¡La puta que me parió!...


Nota del autor: Un clásico de Bob Seger "contra el viento" interpretado por PLUS. Entrañable banda del oeste.  Del álbum "Melancólica muchacha". Rock del bueno para aquellos que mutaron su brillo para hacerse estrella.

Reo West, de su cuentario "Non fiction, el Infierno al Oeste".-


No hay comentarios.:

Publicar un comentario