Revolución es hacer cada día de nuestro pequeño espacio, un lugar digno de habitar
"La Maldita Máquina de Matar" Pinchevsky/ Medina

viernes, diciembre 23, 2011

Novela "Una rosa para Junior" - (29) -


 Bajo un cielo semidespejado, viento escaso y pronósticos de lluvias hacia la tarde, la máquina roja y blanca piloteada por Junior se elevó suavemente poniendo proa hacia el norte. A su lado iba su amigo, coequiper y socio, Víctor. Eran las nueve de la mañana y la temperatura rondaba los veinticinco grados; y por la mente de ninguno de los dos pilotos corrió la más vaga idea de sufrir ningún accidente. El helicóptero, un aparato tan caro como seguro, versátil y sin secretos para su avezado piloto enfiló hacia el aeródromo de Don Torcuato, lugar en donde ocupaba desde hacía ya varios meses un hangar. Además de realizar una parada para reaprovisionar combustible, aprovecharía para hacer entrega a una amiga de un encargo. Después sí, pondría rumbo final hacia la ciudad de Rosario.
     La visibilidad sobre la ruta 9 era excelente y el cielo no mostraba mayores indicios de tormenta. La nave se desplazaba a una velocidad discreta. El trayecto hasta el aeropuerto era corto y el ánimo de los pilotos, aquella mañana, no podía ser mejor.
-         Che, ¿y éstas valijas para quién son? – le preguntó su amigo, intrigado por el equipaje.
-         Ah, nada… Son de Pato, ¿la ubicás?
-         ¿La modelo?
-         Sí. La idea era que viniera con nosotros pero se le hizo imposible. Son de una gente amiga de Benavídez y pensó que podíamos aterrizar en la quinta. Le dije que como no nos podemos desviar,  se las acercaba a Don Torcuato…
-         La mina está pasada de merca. Ojo con lo que hacés.
-         Ya lo sé. Se lo hago como gauchada, para que no me rompa las bolas… ¿A qué no sabés con quién estuve anoche? – le dijo Junior desviando el tema de la conversación.
-         Ni idea. No soy mago..… vivís rodeado de monos… - respondió Víctor sin desviar la mirada de la atrayente carretera que, ciento de metros por debajo, presentaba el aspecto de una pista Escalectric de tráfico endemoniado.
-         Con la pelirroja, che. ¡No te imaginás lo qué fue! – señaló sonriente el muchacho.- ¡Fuego puro!
-         ¿Apareció? ¿No era qué se las había tomado?... me estás sanateando…
-         ¡Te lo juro por la luz qué me alumbra! No te estoy mintiendo. Escuchá que te cuento. Resulta que ya me iba para el bulo cuando vi que de un coche alguien me llamaba. Primero me asusté… me tomó por sorpresa… Cuando la reconocí casi me da un infarto. No iba a desaprovechar ésa oportunidad y subí. La mina estacionó entre unos árboles y me jineteó…
-         ¡Andá a cagar! Mirá si te la voy a creer – le contestó Víctor creyendo que le estaba tomando el pelo. Pero, como lo vio tan entusiasmado en su relato, decidió seguirle la corriente. Lo de la pelirroja es un verso tuyo y de Darío. Como ya no les quedan minas que no se hayan volteado ahora se las inventan bien armadas y bien exóticas… ¡Já! Lo único que se pueden garchar ustedes son gatos disfrazadas de modelos…
-         ¿Y vos no?
-         ¡Más respeto que soy un hombre casado, che!
-         Sí; tan chanta como Darío y como yo. Ya vas a ver que esto no es cuento. En cualquier momento suena el teléfono y te voy a dar a con ella para que te saqués la duda. Me aseguró que iba a ir a Rosario, pero en su auto porque le tiene un cagazo terrible al helicóptero.
-         Mirá vos… todas las vacas son tuyas menos la colorada…
-         ¿Querés apostar algo?
-         Lo que quieras…

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