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| Garbellano |
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| Schocklender |
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| Norberto Oyarbide |
Es que en este bendito país es demasiado fácil, para quienes tienen amigos en las altas esferas, mutar de piel. Pasar de ser un marginal con un pasado turbio a brillar en el mundo de los negocios sin rendirle cuentas a nadie, inclusive a la propia justicia que está, tanto o más, manchada que los propios implicados.
Es por eso que uno no puede dejar de preguntarse ¿cuál es el nexo en común existente entre esta clase de sujetos? Y la respuesta es siempre la misma: Dinero, poder, ostentación, ambición, impunidad...
Luciano Garbellano fue socio y amante del juez Oyarbide, el mismo que tiene la causa Schocklender. El juez le brindaba protección, como así también buenos contactos y demás yerbas al famoso prostíbulo "Spartacus". Un reducto gay en donde era práctica común filmar a los habitués, en su mayoría personas de prestigio y adineradas. Y fue el propio Oyarbide quien sufrió en carne propia la extorsión de su ex, cuando éste hizo público un video en el cual podía vérselo en compañía masculina.
Pero cuando las aguas parecían apaciguadas, nuevas instancias parecen empeñadas en enfrentar a estos dos viejos conocidos. Por un lado el ex extorsionador, aliado y ¿consejero? del estafador, y por el otro el juez que, en los últimos tiempos, está en la picota por su estilo de vida licenciosa que mal comulga con su investidura y las fotografías que lo muestran luciendo un costoso anillo o veraneando en el Caribe con su pareja.
Bien, este es el magistrado que tiene en sus manos el destino del "judas" de las Madres que, sabedor de las consecuencias de un fallo negativo por ser un reincidente, no dudó ni un instante en buscar apoyo en el hombre que más "intimamente" conoce a Oyarbide, y esto no es casualidad. Un refrán popular dice: "El diablo los caga y el viento los amontona." Seguramente nada más cercano a la realidad.
La verdad nos enseña que tanto uno, como el otro, como el tercero de los rufianes destilan el mismo olor a mierda. Ése olor repulsivo que caracterizó a toda ésa casta de emergentes inescrupulosos. Porque esta gentuza está acostumbrada a llevarse a todo el mundo por delante y conoce los artilugios legales ( y diferentes modos de aprietes) para zafar de todo, menos del olor a mierda que los identifica.



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