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"La Maldita Máquina de Matar" Pinchevsky/ Medina

jueves, febrero 02, 2012

El poder de El Chapo

Cómo El Chapo logró que agentes de EE. UU. lo ayudaran a volverse el capo de la droga más peligroso del mundo.


En un puesto de control cerca de la frontera de México con EE. UU., la Patrulla Fronteriza incauta un cargamento de marihuana.

Por Aram Roston
Newsweek
Hace dos semanas cené en un restaurante cercano a la frontera mexicana con un hombre que salió por la tercera ruta. Fue, hasta hace poco, una figura importante en las operaciones de paso de droga para el cártel de Sinaloa, trabajando para el jefe, Joaquín Guzmán, alias el Chapo. El informante, que no quiso ser nombrado por miedo a represalias, recitó de un tirón los precios de las drogas que solía transportar. Son muy baratas en grandes cantidades: US$ 6.000 por kilo de Cocaína en Ciudad Juárez y US$ 1.000 más por entregar la droga en la casa de seguridad de El Paso, al otro lado de la frontera. Otros US$ 1.000 por llevarla en camión a Nueva York, Baltimore, Chicago o Atlanta, donde se vende al por mayor en aproximadamente US$ 30.000.

La mayoría de los criminales que se vuelven informantes lo hacen porque han sido arrestados y exprimidos, motivados a traicionar a sus empleadores a cambio de indulgencia. Pero este hombre tenía una inusual historia que contar sobre su primer encuentro con agentes federales de EE. UU. Fue su jefe, un alto administrador del cártel de Sinaloa, quien lo motivó a ayudar a los estadounidenses. "Ve cómo podemos ayudar a los investigadores de EE. UU. con información", le dijeron.

En ese momento, la organización sinaloense de Guzmán estaba en medio de una guerra salvaje, tratando de aplastar al cártel de Vicente Carrillo Fuentes, el VCF. Y el cártel de Sinaloa quería pasarles información sobre sus enemigos a los agentes estadounidenses. El narcotraficante me dijo cómo, actuando con la aprobación de su cártel, se dio una vuelta por la oficina del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE, por sus siglas en inglés) para una cita con investigadores federales. Pasó por un detector de metales y frente al retrato del presidente estadounidense, y luego a una habitación con un espejo. Los agentes con los que se entrevistó fueron muy corteses. Le sorprendió lo que ellos tenían que decir. "Uno de los agentes del ICE dijo que estaban aquí para ayudar [al cártel de Sinaloa]. Y joder al de Vicente Carrillo". Así empezó otro capítulo en uno de los aspectos más secretos de la guerra contra las drogas: una operación de las fuerzas del Chapo Guzmán para manipular a las fuerzas de la ley estadounidenses para su propio beneficio.

El Chapo —cuyo apodo se deriva de "chaparro", por su 1,55 m de estatura— es un fugitivo de 54 años de edad que ha aparecido en la lista Forbes de multimillonarios por tres años seguidos. Y es un antihéroe cuyas hazañas criminales son tan asombrosas como brutales. A 10 años de su escape de una prisión mexicana, son muchos quienes creen, tanto en las fuerzas de la ley mexicanas como en las estadounidenses, que vive en Sinaloa, no muy lejos de donde nació. Cada año Guzmán se ha hecho más rico, y el cártel que dirige ha endurecido su control sobre el narcotráfico mundial. Hace un mes, el Departamento del Tesoro de EE. UU. lo nombró el "narcotraficante más poderoso del mundo".

La estrategia de Guzmán fue derribar a sus rivales y convertir a su cártel en la fuerza dominante al sur de la frontera. Colocó a sus tenientes traficantes como informantes de la DEA y el ICE. Según fuentes de la Corte, proveyó información a los estadounidenses. Ahora, según se enteró Newsweek, hay una investigación federal sobre cómo los agentes del ICE manejaron informantes de Sinaloa cerca de la frontera. Las implicaciones dan que pensar: el cártel de Sinaloa "está embaucando a las agencias de EE. UU. para que combatieran a sus enemigos", dice el profesor Tony Payan, de la Universidad de Texas, en El Paso. "Típico de la contrainteligencia. Es muy astuto".

Humberto Loya-Castro, un erudito abogado mexicano que sirvió como asesor de Guzmán, tal vez sea su agente más interesante. Se volvió un informante clave de la DEA la última década. Un exfuncionario de la DEA lo describe como "astuto, agudo. Era extremadamente carismático". Sus pistas llevaron a arrestos, incautaciones y titulares. Pero muchas de estas victorias de la ley fueron triunfos para el cártel de Sinaloa.

Loya Castro fue acusado por Estados Unidos, en 1995, junto con Guzmán. El abogado era conocido como Licenciado Pérez. Los cargos dicen que "protegió las drogas y el dinero de la organización de Guzmán al pagarle dinero a las autoridades mexicanas" y "se aseguraba de que si miembros claves de la organización eran arrestados, no estuvieran bajo custodia".

Al momento de su acusación, el Chapo dirigía su operación de Sinaloa desde una prisión mexicana. La cárcel no fue un obstáculo para el capo de la droga: estaba como en su castillo privado y los guardias correteaban como sus sirvientes. Cinco años después, con Guzmán aun encerrado, Loya Castro se acercó a funcionarios estadounidenses, ofreciéndoles información. Como compadre del jefe de Sinaloa, Loya Castro tenía datos con los que los investigadores sólo podía fantasear.

Después de que Guzmán escapó de prisión, en 2001, Loya Castro siguió proveyendo información a los agentes de EE. UU., y en 2005 se convirtió en informante oficial y confidencial de la DEA. Dado que era un fugitivo de la justicia, un comité especial de la DEA tuvo que firmar por toda la operación.

Fue un espía productivo, entregando información cada vez más vital. El agente de la DEA asignado a él era un investigador llamado Manuel Castanon. Este había pasado cinco años trabajando para la Patrulla Fronteriza de EE. UU., luego se unió a la DEA, en 1999. Fue asignado a una fuerza especial con base en las afueras de San Diego, una unidad que no se enfocaba en el cártel de Sinaloa. Más bien, Castanon y su grupo tenían la tarea de combatir a uno de los rivales más íntimos de Guzmán, el cártel de Tijuana, encabezado por los hermanos Arellano Félix.

El cártel de Tijuana era pequeño, pero controlaba las vitales rutas contrabandistas a través de Baja California y San Diego. Tanto la DEA como el Chapo tenían interés en desaparecerlo.

Un día, Loya Castro llamó a Castanon para convocar una reunión urgente. En una sesión informativa con funcionarios de la DEA, Loya Castro les advirtió de una amenaza a sus agentes por parte de uno de los enemigos del Chapo. Les explicó que cenaba con un exfuncionario mexicano cuando el radio Nextel de éste sonó. Quien llamaba era un miembro del cártel de Tijuana, que a continuación perfiló una serie de planes ilegales. Loya Castro pudo oír toda la conversación como si lo hubiera puesto en altavoz. El cártel de Tijuana iba a contratar a un francotirador entrenado, de apodo el Monstruo, para dispararles a los agentes de la DEA y que abandonasen Tijuana). El efecto pretendido era que la DEA se enfocase en los rivales de Guzmán. Funcionó: el cártel de Tijuana ha sido desmantelado y el Chapo Guzmán se apoderó del territorio.

Todo el tiempo, Loya Castro insistió ante sus agentes en que tenía a Guzmán en el bolsillo. Guzmán, dijo, se engañaba al pensar que Loya Castro le era leal. "Lo que nos planteaba", dice David Gaddis, un exalto funcionario de la DEA que supervisaba las operaciones en México, Centroamérica y Canadá, era: ‘Dada mi posición, el Chapo tiene una confianza absoluta e incondicional en quién soy y qué hago’". "Sí pienso que él le decía al Chapo: ‘Oye, me estoy reuniendo con estos tipos’", dice Gaddis a Newsweek, "y el Chapo le permitió hacerlo".

El material de Loya Castro fue tan rico que en 2008 el delegado de la Procuraduría General de EE. UU. en San Diego hizo que se desechase la acusación en su contra. Y la inteligencia siguió llegando. En diciembre de 2009, la Marina mexicana rodeó y mató a Arturo Beltrán Leyva, uno de los principales capos de la droga que se había escindido del grupo de Sinaloa. En Sinaloa, los residentes dispararon sus pistolas al aire para celebrar, según El último narco, el libro de Malcolm Beith sobre Guzmán.

Se dice que los estadounidenses proveyeron la inteligencia que llevó a la muerte de Beltrán. Ellos coordinaron las intercepciones de señales que le permitieron a la Marina mexicana movilizarse. Una fuente cercana a la dirigencia del cártel dice que la inteligencia de la operación también provino de Loya Castro. Parece que él ayudó a los estadounidenses a llevarse un triunfo personal, a la vez que mataba a uno de los peores enemigos de su amo.

Para este momento, algunos en la dirección de la DEA empezaban a hacer preguntas. Se suponía que el principal objetivo de la DEA era el Chapo Guzmán, y Loya Castro no hacía algo en absoluto a ese respecto. Gaddis, quien dejó la agencia en 2011, dice que habló con los agentes asignados a Loya Castro y los presionó para que obtuviesen información que llevase a Guzmán. Y que Loya Castro ocasionalmente sí proveyó inteligencia sobre el cártel de Sinaloa, pero no sobre sus principales bandas. Gaddis creía que Loya Castro era un "doble agente" que la DEA usó contra Guzmán, o que era más bien un "triple agente".

El Chapo Guzmán hizo su jugada para arrancarle el control de Ciudad Juárez al cártel local hace unos seis años, y lo hizo con ayuda. Contrató a Manuel Fierro Méndez, capitán de la policía local, quien ha sido sentenciado a 27 años en prisión. Fierro Méndez fue uno de los informantes que Guzmán plantó en las fuerzas de la ley. "¿El cártel de Sinaloa trataba de usar al ICE para eliminar a sus rivales en La Línea?", le preguntó un fiscal. "Así es", respondió Fierro Martínez. "¿Y el Chapo Guzmán estaba consciente de ello?", se le preguntó. "Es correcto", dijo. "¿Usted tenía permitido dar información sobre el Chapo?". "No estaba permitido", dijo el policía corrupto, "y no me lo preguntaron".

"Ahora el cártel de Sinaloa entiende cómo trabajamos, quiénes son nuestros agentes y qué queremos", dice Payan, de la Universidad de Texas. "Nos están usando, y a ese cártel va a salir de esto muy fuerte. No tiene competencia mexicana. En casa es el rey".

Un fiscal federal con oficinas en San Antonio coincide en ese punto. Le pregunté si la campaña de información del Chapo Guzmán ayudó al cártel de Sinaloa a apoderarse de Juárez. "Lo hizo", dijo él. "De eso se trató todo esto".

En un caso en marcha en una corte federal en Chicago, los abogados de una alta figura del cártel de Sinaloa sostienen que la relación de la DEA con el abogado de Guzmán fue una conspiración para darle al cártel de Sinaloa rienda suelta. Al argumentar enfrente del juez, un abogado insistió en que "el tal Loya no es un informante normal. Es un agente. Es un agente del cártel de Sinaloa".

Castanon, de la DEA, se negó a discutir el caso de Loya Castro. Las oficinas centrales de la DEA también dijeron que no podían comentar. Gaddis, no cuestiona que el cártel de Sinaloa tal vez haya engañado a la DEA, pero dice que nunca hubo un acuerdo de cooperación.

Aun cuando la violencia inconmensurable todavía estalla en gran parte de México, Ciudad Juárez está en cierta forma tranquila. Entonces, ¿una victoria brutal de Sinaloa sobre sus rivales trajo una pausa en la violencia en esta ciudad fronteriza? Si es así, pocos creen que dure.

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