Revolución es hacer cada día de nuestro pequeño espacio, un lugar digno de habitar
"La Maldita Máquina de Matar" Pinchevsky/ Medina

martes, marzo 31, 2026

Noche de perros. Meza/ Lapolla


 

Al borde del saqueo

Es fundamental proteger los glaciares y los ecosistemas que los rodean para mantener el equilibrio del ciclo hídrico

 
 

 

La política, la economía y el ambiente son factores que interactúan para influir en la toma de decisiones y que hacen a la gestión de los recursos naturales. También la cultura se asume como un vehículo insustituible, para la divulgación y conciencia de la protección de nuestra biodiversidad.

Este artículo viene a cuenta de la malversada audiencia pública que se realizó para cambiar la Ley 26.639 de Régimen de Presupuestos Mínimos para la Preservación de Glaciares y del Ambiente Periglacial del año 2010, reglamentada en 2011 mediante el decreto 207. Una ley que fue vetada y vuelta votar, para ser muy discutida y avalada finalmente por la Corte Suprema de Justicia de la Nación. La misma, contó con una gran transversalidad política a la hora de su aprobación. Dicha ley regula la actividad minera y no la prohíbe, lo que demuestra la avidez del capital descontrolado que banca este gobierno.

Este artículo busca, a través de un recorrido por el laberinto de armonías ambientales de nuestra América Morena, señalar sus amenazas y mostrar la interrelación de la naturaleza, que es lo que peligra.

La matriz extractivista, generada con la conquista, nos dejó una modalidad económica, cultural y de vida marcada a sangre y fuego, delineando firmes contornos. Una matriz de aprendizaje difícil de romper, porque sobre ella se consolida, como las capas geológicas, la dependencia.

Somos un continente de puertos hacia afuera, lugares de borde por donde la extracción encontró su salida. Eso generó puntos de acumulación para recibir y transferir riqueza; un ejemplo es Buenos Aires.

La tensión de esos puertos tira hacia afuera, dejando vacío de materias primas y de población al continente. Solo dos personas hablaron de integrar las grandes cuencas internas de Sudamérica, y fueron llamados locos: Domingo Faustino Sarmiento y el comandante Hugo Chávez. Nuestros ríos pueden ser un factor de integración real.

Nuestra tierra es el último film de esa clara pensadora que es Lucrecia Martel, quien logra poner en imagen pensamientos: no los cuenta, los muestra.

Es una película extraordinaria, rebosante de paisajes cuidados por pueblos originarios a lo largo de siglos, a los que se ha estafado y olvidado, sometiéndolos al despojo y al desprecio. Se inicia con el asesinato de Javier Chocobar, increíblemente un 17 de octubre, en un paraje donde existe una disputa territorial entre los habitantes y los acusados del crimen. La película devela con inteligencia cómo se construye históricamente la invisibilidad y el sojuzgamiento de nuestros paisanos indígenas, con testimonios, relatos, un juicio e imágenes que muestran la hipocresía social. Un pueblo que lucha por su comunidad contra la propiedad privada que otros quieren imponer. El verdadero origen del mal que aqueja a la Argentina era ese: el desprecio absoluto por lo nuestro.

Nuestro país es parte de la región, y dentro de él también hay regiones. Se hace necesario entender el denominador común que las une: la enorme biodiversidad y riqueza natural. Eso conforma un todo interactuante, donde vivimos interconectados, casi sin saberlo. Los movimientos de la naturaleza nos sostienen y nos unen.

En la escuela estudiábamos con dos mapas diferentes: el físico, del territorio libre, y el político, donde cada línea significaba un conflicto, una guerra, una decisión. La política existe, por suerte, y debería forzar la unión más cercana posible con esa matriz natural que nos envuelve. La política está para hacernos la vida mejor.

Veamos algunas cuestiones fascinantes para comprender el fabuloso mundo natural que nos une en su armonía: los ríos voladores, un fenómeno natural que pocos conocen. Son enormes extensiones de vapor de agua que se generan en la selva amazónica y fluyen hacia la atmósfera, transportando humedad a largas distancias. Se forman a partir de la evapotranspiración de los árboles y la evaporación del océano Atlántico, impulsados por los vientos alisios hacia el oeste. Al chocar con los Andes, el vapor se condensa y cae en forma de lluvia y nieve, alimentando la región. Los glaciares actúan como reservorios de agua, regulando el clima y el caudal de los ríos. En la Argentina se desprenden 37 cuencas de la cordillera que alimentan sistemas hidrográficos, como el Río Colorado, que atraviesa Mendoza, Neuquén, La Pampa, Río Negro y Buenos Aires, irrigando 78.000 hectáreas en Villarino y Patagones.

Es fundamental proteger los glaciares y los ecosistemas que los rodean para mantener el equilibrio del ciclo hídrico. Hoy estamos al borde del saqueo, con una ley de glaciares que se burla de la voluntad expresa de 100.000 voces. A eso se suma el desmonte en el norte, que ha provocado terribles inundaciones en Córdoba y Tucumán, por la expansión de la frontera sojera. También la explotación del litio y las tierras raras, sin estrategia nacional o regional, y la tragedia anual de los incendios, consecuencia de haber plantado especies ajenas como pinos y coníferas. Todo esto se mezcla con la extranjerización de la tierra, generando un cóctel explosivo.

Nuestro litoral marítimo está abandonado, el Paraná en vías de convertirse en un canal sin biodiversidad, dragado a 44 pies, raspando sus suelos y destruyendo la vida que alimenta a los peces. Las contaminaciones en el Puelche y en el acuífero guaraní, una de las reservas de agua más grandes del mundo, se suman a la deforestación del noroeste y al inagotable Potosí, explotado por siglos.

Nuestro Presidente se pasea ofreciendo la Patagonia para la inteligencia artificial, que requiere clima frío y abundante agua, lugares abiertos y frescos con fuente de agua y energía cercanas. Allí se instalarían los centros de datos, lugares del tamaño de un estadio como la cancha de River, cada uno, con un consumo energético equivalente a una ciudad de 50.000 habitantes. El fracking, la minería a cielo abierto y la explotación del litio tienen un denominador común: el agua utilizada en abundancia. Ese líquido vital es el eje de la preocupación, que amenaza con destruir las armonías naturales que aún sobreviven y que poco conocemos. La desinformación juega en contra de la vida.

Hace unos días, en el Centro Experimental del Teatro Colón (CETC), en la sala Gerardo Gandini, se presentó el proyecto Geonnitus, una experiencia inmersiva sobre el fracking, que buscó transmitir con instalaciones, sonidos e imágenes el corazón de ese modelo extractivista. Una puesta artística que denuncia cómo la promesa de bonanza solo deja escombros, bares de alternancia, residuos y hoteles de nombres sugerentes, como El Dorado. Gente de paso, nada para los pobladores.

 

 

En esos mismos días, en la sala principal, se presentó El lago de los cisnes. La belleza del ballet y sus bailarinas transformadas en cisnes en un lago de ensueño, contrastaba con lo que se denunciaba en los sótanos del teatro, exactamente debajo de la platea.

Graciela Speranza, en un gran texto para Geonnitus, trajo a cuenta, el pensamiento del antropólogo brasileño Eduardo Viveiros de Castro: “El perspectivismo amerindio nos sirve para pensar una relación menos volcada hacia el consumo desenfrenado de recursos y una menor tensión con los demás seres vivos. Frente a la imaginación de fin que trae el Antropoceno, los pueblos amerindios tienen algo más para enseñarnos: para ellos el fin del mundo ya sucedió el 12 de octubre de 1492. Y, sin embargo, su mundo resiste, disminuido pero irredento”.

Para finalizar, necesitamos volver a soñar, algo que dejamos de lado hace tiempo. Soñar un espacio donde se expresen las mayorías, para ordenar nuestros territorios y biodiversidades sin destruir nuestros bienes, proyectando una nueva matriz productiva y sostenible. La mala palabra que significa la planificación territorial federal debería volver a ser empoderada. Pero para eso primero hay que soñar y después hacer un país, no este rompecabezas que nos están dejando.

 

Buenos muchachos

 

Indignarnos con naderías para ocultar el saqueo y la entrega



¿Qué costaba esperar un año para gozar sin riesgos del botín? 

El 15 de noviembre de 1990, un año después de que Raúl Alfonsín le entregara la banda presidencial de forma adelantada a Carlos Menem, se estrenó en la Argentina Buenos muchachos (Goodfellas), dirigida por Martin Scorsese e interpretada por un cuarteto legendario: Ray Liotta, Robert De Niro, Joe Pesci y Lorraine Bracco. La película se basó en Wiseguy, libro de Nicholas Pileggi que narra la vida de Henry Hill, integrante de la mafia luego convertido en informante del FBI. Pileggi co-escribió el guion junto a Scorsese y ambos volvieron a trabajar juntos en Casino.

En el inicio, la voz en off de Henry Hill (Ray Liotta) sitúa la historia: “Que yo recuerde, quise ser un gángster desde que tuve uso de razón”. Desde su casa en el East New York, barrio residencial del este de Brooklyn, mira a los buenos muchachos, los dueños de la calle, y sueña con emularlos. Él y Tommy De Vito (Joe Pesci), jóvenes aspirantes a mafiosos, se asocian al más experimentado Jimmy Conway, interpretado por Robert De Niro, el wiseguy (tipo listo) de la banda. Todos reportan al capo local “Paulie” Cicero (Paul Sorvino) y lo hacen partícipe de las ganancias que consiguen. Su gran momento llega con el robo de la Lufthansa en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy, un golpe propuesto por Hill y planificado por Conway, en el que deben incluir a otros “asociados”. El cerebro de la operación les advierte que no gasten de inmediato su parte del enorme botín obtenido para no llamar la atención del FBI. En una escena icónica, Jimmy Conway se enfurece al ver como el pedido de mantener una vida normal para no llamar la atención fue desoído: uno de los muchachos llega al festejo en un Cadillac rosa que estaciona frente al bar, y otro muestra con orgullo el abrigo de visón que le acaba de comprar a su esposa.

 

 

La paranoia de Conway lo impulsará a liquidar, uno a uno, a cada miembro de la banda, para no correr el riesgo de ser vinculado al robo. Hill, convencido de que podría ser la próxima víctima, decide finalmente transformarse en un informante del FBI, traicionando a sus antiguos socios. La última escena lo muestra en un suburbio desolado, con una identidad falsa y bajo el Programa de Protección de Testigos: “Soy un don nadie, y viviré el resto de mi vida como un don nadie”.

¿Qué transformó lo que debía ser el cénit de la vida profesional de estos buenos muchachos en su canto del cisne? En realidad, fue algo tan humano como la búsqueda rápida de una buena vida. Conociendo el terrible final, como lo conocemos gracias a Scorsese, nos resulta fácil concluir que la compra de un Cadillac rosa o de un abrigo de piel ostentoso fueron errores incomprensibles y –sobre todo– fáciles de evitar. ¿Qué les costaba esperar un año para gozar sin riesgos del botín? En realidad, les hubiera costado mucho. Por un lado, porque los integrantes de la banda no vivían como náufragos en una isla desierta: todos tenían familia, esposa, hijos y amigos. Es decir, todos debían lidiar con reclamos, expectativas o deudas que no necesariamente podían esperar el tiempo prudencial fijado por Jimmy. Pero, sobre todo, después de un golpe de esa magnitud –llevado a cabo con tanta maestría y aparente facilidad– la sensación general era de impunidad, no de prudencia. Se sentían eternos y a la vez impacientes. Una combinación peligrosa.

Desde hace un par de semanas, el gobierno de Javier Milei –el Presidente de los Pies de Ninfa– navega de tormenta en tormenta, sin conseguir retomar la iniciativa. El primer traspié vino del famoso viaje a Nueva York, donde la comitiva gubernamental iba a participar de la Argentina Week, un evento que debía transformarse en la puerta de entrada de las esperadas inversiones, tan inminentes como esquivas. En realidad, los funcionarios sólo obtuvieron promesas de parte de empresarios argentinos, mientras Manuel Adorni, ex Vocero de Adorno y actual jefe de Gabinete, pudo reunirse en la Quinta Avenida con los gobernadores de Río Negro, Chubut, Salta, Corrientes y Jujuy, como podría haberlo hecho a un costo más acotado y con vuelos de cabotaje en algún despacho de la Casa Rosada.

 

Un punto medio que nos quede cómodo a todos... Bank of America, en Nueva York.

 

Si bien la sensación general fue que ese viaje podría haber sido un zoom, la tormenta llegó por un lado más doméstico: la inclusión de la esposa de Adorni en el avión presidencial, algo que el propio gobierno prohibió por decreto. Un hecho nimio se convirtió así en el inicio de una crisis que, por ahora, no pudo ser resuelta por el oficialismo. El drama del jefe de Gabinete es que, impulsados por ese traspié, los medios investigaron (a partir de oportunas filtraciones desde el propio oficialismo) los gastos y el patrimonio de los esposos Adorni, que no condicen con sus ingresos declarados. En medio de la orgía alguien tuvo la descortesía de prender la luz, por decirlo de alguna manera. Por otro lado, algunas informaciones sobre el expediente de la estafa $Libra publicadas también por los medios relanzaron la causa hasta ahora cajoneada por el solícito fiscal Eduardo Taiano (no habiendo kirchneristas involucrados en la denuncia, es razonable que el fiscal optara por aplicar a su investigación la famosa cronoterapia, un término acuñado por Carlos Fayt, ex Presidente de la Corte Suprema).

Ambos casos, el del patrimonio expansivo de los Adorni y el de la cripto estafa $Libra, más allá de presentar importancias institucionales muy diferentes, generan un asombro similar al que produce un Cadillac rosa o un abrigo de visón. ¿Era necesario que los alegres esposos viajaran en un avión privado a Punta del Este, pagado por una productora relacionada con la TV Pública? ¿Los hermanos Milei no podrían haber evitado dejar sus dedos manchados de mermelada en todo el proceso de la estafa, sacándose fotos con quienes la crearon o eligiendo a alguien de quien ya habían recibido dinero, como Mauricio Novelli? ¿Los asesores del Presidente de los Pies de Ninfa no podrían haberle ideado una defensa menos caótica, evitando que se contradijera cada vez que hablaba del tema? Con el diario del lunes, los errores cometidos parecen groseros. Sin embargo, es bueno recordar el contexto de esas tropelías. Como los buenos muchachos luego del robo de la Lufthansa, el oficialismo estaba dulce, seguro de su éxito y, sobre todo, de su impunidad. El avión privado de Adorni es su tapado de visón. La estafa $Libra corresponde a muchos Cadillac rosas. ¿Para qué disponer de esos recursos extraordinarios si no es para poder gozarlos? Es humano.

Sin embargo, lo más preocupante para nuestro país no pasa por esas estafas de diferente magnitud, pero de importancia acotada. Lo que condena a la Argentina a la miseria planificada no es el saqueo boutique de estos descuidistas sino la corrupción estructural que propician desde el gobierno. La corrupción relevante en nuestro país suele ser legal –o al menos parecerlo–, como ocurrió con el acuerdo con el FMI, el mayor aporte de campaña de la historia; que, si bien no logró la reelección de Mauricio Macri, sí condicionó el gobierno de Alberto Fernández. Desde al menos la última dictadura cívico-militar, la corrupción referida a la renegociación de la deuda eterna es de lejos la más relevante y, también, la menos visible. Los medios, voceros de nuestro establishment, focalizan en valijas, vuelos privados, casas en barrios privados, declaraciones juradas o relojes lujosos para indignarnos con naderías y ocultar el saqueo de la deuda, la entrega de dólares subsidiados a grandes corporaciones o la nacionalización de sus pasivos, entre otros desfalcos colosales.

Los descuidistas, pungas, abanicadores o mostaceros, como los esposos Adorni o los hermanos Milei, conforman la cortina de humo de la corrupción estructural, de guante blanco. La única que debería preocuparnos.

EE.UU., Israel y el delirio de la dominación mundial



Fuentes: La Jornada - Ilustración: Carlos Latuff.

Es de celebrarse que el director del Centro Nacional contra el Terrorismo (NCTC) en 

Estados Unidos, Joe Kent, haya renunciado a su importante puesto público el 16 

de marzo de 2026 manifestando en una declaración escrita que el presidente de 

Estados Unidos haya sido presionado por el gobierno y el lobby de Israel para 

creer que Irán era una amenaza para Estados Unidos, lo cual evidentemente 

era una falacia, y apuntó también que la absurda guerra contra el gobierno iraní 

ha provocado y puede provocar aún más muertes de soldados y funcionarios 

estadunidenses radicados en el exterior.

Sin embargo, creo que hay un error en lo que Kent plantea; presenta a Estados Unidos y a Israel como dos entidades aliadas pero independientes. Sin duda, el Estado de Israel no es un satélite del conglomerado político de Estados Unidos ni responde solícitamente a sus designios, pero es un importante socio en la nueva política imperial que lleva a cabo la clase capitalista trasnacional, cuyo pilar ideológico es el neoliberalismo, que no es nuevo ni es liberal.

Ya aquel ex presidente de los Estados Unidos Harry S Truman declaró en 1948 que Estados Unidos requería un enclave al servicio de la política estadunidense, y esa entidad sería el Estado de Israel. Aunque los gobiernos de ambas naciones tienen algunas contradicciones y discrepancias, se unen para solidificar un proyecto de dominación mundial, ya que sus miembros consideran que hay una vía dorada para ello porque la Guerra Fría terminó con el derrumbe del llamado socialismo real; con el declive del Estado del bienestar, que generaba reformas sociales parcialmente favorables a los sectores de los trabajadores con objeto de impedir la atracción por los movimientos socialistas; por el debilitamiento notorio de la izquierda organizada conjuntamente y por la cada vez mayor fragilidad de los movimientos populares de orientación nacionalista.

Históricamente, el delirio de la dominación mundial ha estado presente desde hace muchísimos años y en recuerdo de ese aspecto irracional vienen a nuestras mentes los nombres de Napoleón Bonaparte, del imperio británico victoriano, del nazismo alemán y del imperialismo estadunidense que, según declaró el ex presidente William Clinton, había existido previamente, pero ya no sé contaba con su presencia a fines del siglo XX. Pero naturalmente, aquel aficionado a una chica becaria se equivocaba; el imperialismo capitalista es más fuerte que nunca y se protagoniza actualmente con grandes empresas trasnacionales que han fortalecido notablemente los procesos de concentración y centralización de capitales, los cuales se expresan en el establecimiento y consolidación de enormes megaproyectos.

La desaparición de la Unión Soviética y el retorno al capitalismo de sus antiguos satélites y de China popular, fueron recibidos con alegría y jolgorio por los adversarios del llamado socialismo real, pero tal jocosidad no tiene base. Al quedar libre de sus enemigos en la Guerra Fría, la ya consolidada clase capitalista trasnacional se consideró libre para imponer el mayormente desarrollado proyecto de dominación mundial, pero éste ha implicado una catástrofe planetaria porque implica la reproducción de guerras reiteradas, ecocidios, etnocidios, mayor explotación y opresión de las clases trabajadoras, a la vez que el intento de hacer desaparecer parte de ellas mediante la automatización y la inteligencia artificial. Esto ha conducido a que la conflictividad social sea mucho mayor que en tiempos de la guerra fría. Karl Marx decía que los proletarios intentarían hacer una revolución socialista debido a que carecían de propiedad y sólo contaban con su fuerza de trabajo; en la actualidad, la clase capitalista trasnacional ha puesto en peligro, por su política imperial, la estabilidad del planeta, e incluso está imponiendo los inicios de una era en donde la especie humana puede extinguirse y, por ende, las distopías de Orwell y Huxley ahora quedan plasmadas casi como sueños infantiles. En muchas naciones se están imponiendo los grupos más derechistas y retrógrados, generando los pivotes de un nuevo fascismo. En artículos posteriores señalaremos lo que William Robinson llama el trumpismo global, y cómo éste asume la herencia hitleriana y la supera. Miles y quizás millones de personas piensan que no hay salida a este devastador tsunami. Pienso que esa salida sí existe y volveremos sobre ello.

Fuente: https://www.jornada.com.mx/2026/03/29/opinion/010a2pol

La industria bélica impone un mundo de guerr

 

De Palestina a Irán y tantas otras regiones



Fuentes: Rebelión

Las reglas de convivencia internacional se inclinan hoy ante el poder de las empresas 

fabricantes de armas, que sigue creciendo en beneficio de los estados más belicosos.

La coyuntura mundial danza al ritmo de la gran industria armamentista, la cual define sus propias leyes, impone sus ventas y coopta la política exterior de muchos Estados. El planeta escenifica en la actualidad unos 60 conflictos bélicos. De ellos, más de una decena de una particular explosividad y que, por otra parte, no podrían existir si detrás de ellos no estuvieran las multinacionales que producen y distribuyen equipamiento, armas, municiones y tecnología especializada. De Irán a Líbano, pasando por Sudán, Ucrania o la frontera afgana-pakistaní…



Cada día más armas

En el periodo 2021-2025, el flujo mundial de armas aumentó casi un 10 % en relación con el quinquenio precedente. Incremento que se corresponde, fundamentalmente, con las mayores transferencias hacia Europa, en particular Ucrania. Dentro de este escenario, el Viejo Mundo se consolida como el paraíso para la gran industria bélica al triplicar sus importaciones. Esta tendencia en aumento, según los analistas, se explica por la percepción de una mayor amenaza rusa, agravada por una mayor incertidumbre sobre el compromiso de Estados Unidos con la defensa de sus aliados europeos, los miembros de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN).

Este mismo quinquenio, las exportaciones totales de Estados Unidos, que sigue siendo el mayor proveedor mundial de armamentos, aumentaron un 27 % a nivel global y un 217 % para reforzar el arsenal europeo, como lo documentó en marzo el Instituto Internacional de Investigación para la Paz (SIPRI), con sede en Estocolmo. Desde 1950 en adelante, el SIPRI ha sido la principal fuente de información sobre el volumen (no necesariamente el valor financiero) de las transferencias internacionales de armas (incluidas ventas, “donaciones” y producción bajo licencia) entre Estados, organizaciones internacionales y grupos no estatales.

Debido a que este volumen puede fluctuar significativamente de un año a otro, el SIPRI publica cifras quinquenales, asegurando así una medida más estable de las tendencias en juego. Entre 2021 y 2025, Estados Unidos originó el 42 % de las transferencias internacionales de armas (en 2016-2020 fue el 36 %). Exportó material bélico a 99 Estados: 35 en Europa, 18 en América Latina y el Caribe, 17 en África, 17 en Asia y Oceanía y 12 en Oriente Medio. Y por primera vez en dos décadas, la mayor parte de las exportaciones estadounidenses se dirigió a Europa (38 %) y no a Oriente Medio (33 %). No obstante, su principal destinatario fue Arabia Saudí, con el 12 %.

Según el SIPRI, Estados Unidos ha consolidado aún más su dominio como proveedor de armas en un mundo cada vez más multipolar. Su estudio actualizado a fines de 2025 alega que los importadores de armas estadounidenses las prefieren por su avanzada capacidad tecnológica y, además, porque contribuyen comercialmente a fomentar buenas relaciones con ese país. Como subraya el SIPRI, para Estados Unidos la exportación de armamento constituye “una herramienta de política exterior y una manera de fortalecer su industria armamentística, como vuelve a dejar claro la nueva Estrategia America First de transferencias de armas de la Administración Trump”. Realidad que se convierte en la principal clave de interpretación de la presión que, desde su primer día como presidente, Donald Trump ha ejercido sobre sus aliados de la OTAN para que aumenten significativamente sus propios presupuestos de defensa. Tras esta pulseada, y ya en el horizonte, nuevos y fructíferos negocios para las multinacionales estadounidenses de la industria bélica. En la actualidad, 39 de las top 100 multinacionales son norteamericanas, https://www.sipri.org/sites/default/files/AT%20Press%20Release%202026%20ESP.pdf.

Las otras potencias armamentistas

El SIPRI clasifica a Francia como el segundo mayor proveedor de armas, con 9,8 % de las exportaciones mundiales, lo cual representa un incremento de 21 % el último lustro. Francia exportó armas a 63 Estados, y sus mayores mercados fueron India (24 %), Egipto (11 %) y Grecia (10 %). Por otra parte, sus envíos a países europeos aumentaron más de cinco veces.

Por su parte, Alemania superó a China, convirtiéndose en el cuarto mayor exportador de armas: 5,7 % del total mundial. Casi una cuarta parte de ese volumen se destinó a Ucrania.

Italia aumentó sus exportaciones de armamento un 157 %, escalando del décimo al sexto puesto. Más de la mitad de sus ventas se destinaron a Medio Oriente, un 16% a Asia y un 13% a Oceanía.

Israel, el séptimo mayor proveedor de armas, incrementó sus exportaciones de 3,1 % durante el periodo 2016–20 a 4,4 % el último quinquenio y, por primera vez, superó al Reino Unido (3,4 %). Aumento que se dio en paralelo con su guerra contra Gaza y sus ataques contra Irán, Líbano, Qatar, Siria y Yemen. La industria armamentística israelí para exportación se centra, principalmente, en sistemas de defensa aérea, de alta demanda mundial, mientras que su ejército continúa importando importantes cantidades de equipos y material.

Rusia es el único exportador de entre los 10 primeros con menores ventas que en años anteriores (-64 %). Sus principales compradores son India (48 %), China (13 %) y Bielorrusia (13 %).

Costos de la nueva guerra

Un artículo reciente del cotidiano español El País calcula, a partir de fuentes del Pentágono, que el costo de los primeros seis días de la guerra contra Irán ascendió a 11.300 millones de dólares. Y comenta que, al iniciar esta guerra, Estados Unidos, el país con mayor presupuesto militar del mundo (901.000 millones de dólares en 2026), ya tenía un déficit de fondos para la adquisición de munición. El servicio internacional alemán de difusión Deutsche Welle corrobora esta cifra, que cita del New York Times, y aclara que la misma “es todavía incompleta y promete ser aún mayor”. También el cotidiano británico The Guardian coincide con dicha cantidad, aunque la considera infravalorada debido a que no incluye los costos de despliegue ni de reemplazo de equipo militar dañado o destruido.

El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, en inglés), una organización independiente con sede en la ciudad de Washington y a la base de las estimaciones financieras recién mencionadas, publicó en marzo un análisis con cifras tan abultadas como alarmantes: durante las primeras 100 horas de su guerra contra Irán, es decir, en apenas cuatro días, Estados Unidos gastó al menos 3.700 millones de dólares, https://www.csis.org/analysis/iran-war-cost-estimate-update-113-billion-day-6-165-billion-day-12.

Sin embargo, la estimación del Departamento de Guerra de Estados Unidos apunta a un nivel de gasto muy superior: casi 1.900 millones de dólares al día durante las primeras seis jornadas del conflicto. Otras fuentes citadas recientemente por el New York Times y el Washington Post creen que solo en los primeros dos días de guerra, incluidos los ataques contra la cúpula del poder iraní, se destinaron 5.600 millones de dólares en gastos militares.

Por otra parte, la Casa Blanca anunció el 19 de marzo que solicitará 200 mil millones de dólares adicionales para financiar la guerra en Irán. Argumenta que necesita reponer municiones y otros suministros que se han agotado por la ayuda prestada anteriormente a otros países. Ese día Donald Trump afirmaba que “este es un mundo muy volátil”. Y que quieren tener grandes cantidades de munición ya que sus reservan han disminuido por “darle tanto a Ucrania». Según la cadena británica BBC el secretario de Defensa, Pete Hegseth, no confirmó directamente la cifra, pero afirmó [en referencia a Irán]: «Se necesita dinero para matar a los malos».

También para Israel la guerra representa un costo considerable en medio de un conflicto de alta intensidad contra Irán al tiempo que mantiene la máxima presión militar contra Hezbolá en Líbano. Según el CSIS, sus operaciones contra Irán podrían costarle a Israel entre 200 y 700 millones de dólares diarios. Para la agencia suiza Heidi.News, gran parte de estos costos se corresponden con el empleo masivo de municiones de precisión de las operaciones aéreas con aviones F-35, F-15 o F-16 pero, sobre todo, con el sistema de defensa antimisil. Israel posee un sistema de defensa multicapa (Cúpula de Hierro, Honda de David, y Flecha) tan sofisticado como costoso, específicamente diseñado para interceptar cohetes, misiles balísticos y drones. Un misil interceptor puede costar varios cientos de miles de dólares, y aun más, como en el caso de los misiles balísticos. Cada vez que Irán lanza una andanada de drones y misiles, tan solo el costo en concepto de defensa aérea para Israel puede ascender rápidamente a decenas de millones de dólares diarios.

Armas y pobreza

Según el SIPRI, los ingresos procedentes de la venta de armas y servicios militares de las 100 mayores empresas de producción de armamento aumentaron un 5,9 % en 2024, alcanzando la cifra récord de 679.000 millones de dólares. Transacciones estimuladas, principalmente, por las guerras de Ucrania y Gaza, las tensiones geopolíticas globales y regionales y un gasto militar mundial en constante aumento.

Por su parte, la mayoría de las empresas estadounidenses en esta lista vieron crecer sus ganancias en un 3,8 %, aproximadamente 334.000 millones de dólares. Cinco de las seis empresas más importantes a nivel mundial son estadounidenses: Lockheed Martin, RTX, Northrop Grumman, General Dynamics y Boeing. (El cuarto lugar de este grupo lo ocupa la británica BAE System), https://www.sipri.org/visualizations/2025/sipri-top-100-arms-producing-and-military-services-companies-world-2024.

Un informe de Naciones Unidas publicado en septiembre de 2025 señala que el gasto militar global en 2024 aumentó casi un 10% en relación con 2023, alcanzando la cifra récord de 2.700 millones de dólares, lo que equivale a 334 dólares por cada uno de los más de 8.000 millones de habitantes del planeta. En caso de mantenerse la tendencia, esta cantidad llegará a los 6.600 millones de dólares en 2035, https://news.un.org/es/story/2025/09/1540413.

Según este mismo informe, con 93.000 millones de dólares, es decir, menos del 4 % de los 2.700 millones de dólares asignados al gasto militar, podría erradicarse el hambre hacia 2030. Con poco más del 10% de esta cantidad, podría vacunarse a todos los niños y las niñas del mundo, y con 5.000 millones se podría financiar doce años de educación de calidad para la niñez de los países de renta baja y media baja.

Como contracara de los superlativos ingresos de las multinacionales armamentistas aparece el rostro creciente de la marginalidad planetaria. Realidad que devela la ilógica de la civilización humana hoy, con una industria armamentista que se convierte en la principal beneficiada de la multiplicación de la guerra y la expansión de conflictos en todo el mundo. Los arsenales crecen a la par de las mechas de los detonantes en un camino donde la autodestrucción de la humanidad, resultante de una Tercera Guerra Mundial generalizada, deja de ser una imagen futurista de la ciencia ficción para convertirse en una posibilidad aterradoramente cercana.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.