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"La Maldita Máquina de Matar" Pinchevsky/ Medina

domingo, octubre 18, 2026

Lynyrd Skynyrd - Simple man


 

SIONISMO. Einstein, Arendt y Freud, del apoyo a denunciarlo por fascista

 



Los grandes medios suelen silenciar sistemáticamente a los palestinos. Más trabajo les cuesta hacer lo propio con los intelectuales judíos que repudian a los genocidas. Aun así, suelen aplicarles el marbete de «antisemitas» o, aun más ridículo, «judios que se odian a si mismos». A lo largo de mi vida he tenido muchísimo más trato con ellos que con palestinos e hijos de palestinos, que en Argentina son escasos (lo que no sucede en Chile y tampoco en Brasil). Soy descendiente de asturianos y vasco-navarros pero no me molestaría en lo más mínimo ser judío (mi padre decía que los primeros Salinas que llegaron a Navarra procedentes de Huesca, Aragón, eran marranos, es decir judíos que se habían convertido –o fingido hacerlo– para evitar ser expulsados) pero sospecho que de haberlo sido hubiera sufrido la suerte de Baruch Spinoza pues detesto al hipócrita, fariseico judaísmo que lleva a cabo el exterminio del pueblo palestino o lo justifica.

Roberto Montoya es un periodista argentino exiliado en España desde las épocas de la dictadura y descuento que nacionalizado español. No lo conozco personalmente, pero hemos tenido muchas cosas en  común, comenzando por la preocupación por denunciar el Terrorismo de Estado deslocalizado practicado por Estados Unidos desde principios de siglo con «miniguantánamos» en distintos países..

No necesitaron ver el actual genocidio del pueblo palestino para darse cuenta, hace un siglo, que aquel proyecto sionista de “un hogar para los judíos” incluía un plan de limpieza étnica en la Palestina Histórica.

El sionismo ha reivindicado muchas veces haber contado desde su origen con el apoyo de renombrados personajes públicos internacionales de origen judío, y entre ellos no podían faltar  ni Albert Einstein, Hannah Arendt o Sigmund Freud, ocultando una parte de la historia, el desengaño que ellos experimentaron pronto, al comprobar el carácter xenófobo y extremadamente violento de esa corriente del judaísmo.

Albert Einstein (1879–1955), alemán de origen judío, Premio Nobel de Física 1921, se entusiasmó en los años 20 y 30 del siglo pasado con el proyecto judío de crear un hogar en Palestina tras ver el avance imparable del antisemitismo en su país y en Europa, pero creía ver en el sionismo algo muy distinto a lo que realmente fue. Decía en 1931, en Mi visión del mundo, una recopilación de artículos: “Nuestro objetivo no es la creación de una comunidad política, sino que conforme a la tradición del judaísmo, es una meta cultural en el sentido más amplio de la palabra. Para lograrlo debemos resolver con nobleza, abierta y dignamente, el problema de la convivencia con el pueblo hermano de los árabes (…) Especial atención merecen nuestras relaciones con el pueblo árabe. Fomentándolas podremos evitar en el futuro la formación de tensiones peligrosas, que podrán ser utilizadas para provocar ataques de nuestros enemigos”.

En 1932 el científico se fue a vivir a Estados Unidos, un año antes de que Adolf Hitler llegara al poder en Alemania. En otra de sus intervenciones sobre el sionismo, en 1938, Einstein dejaba clara su posición en contra de la formación de un estado judío con fronteras y ejército: “Dejando a un lado las consideraciones prácticas, mi concepción de la naturaleza esencial del judaísmo se opone a la idea de un estado judío con fronteras, ejército y un grado de poder temporal, por modesto que fuera. Estoy espantado al pensar en el daño interno que sufrirá el judaísmo, sobre todo por el desarrollo de un nacionalismo estrecho en el interior de nuestras propias filas, contra el cual hemos estado siempre obligados a luchar enérgicamente, aun sin un estado judío”.

La postura de Einstein fue aun mucho más crítica con el sionismo al comprobar el auge que iban teniendo las organizaciones terroristas judías, que tanto atacaban a la población autóctona árabe como a las fuerzas del Mandato Británico que controlaban todavía en la década de los 40 el territorio de la Palestina histórica, e incluso a sectores de la  comunidad judía que no compartía sus ideas.

Terrorismo

El 22 de Julio de 1946 comandos paramilitares sionistas del Irgún Tzvaí Leumí, del Lehi y de la Haganá atacaron el Hotel King David, en Jerusalén, sede entonces de la Comandancia Militar del Mandato Británico de Palestina y de la División de Investigación Criminal, matando a 91 personas. (N.del E.: Se trató de un atentado con explosivos y entre los muertos 18 fueron judíos. aunque había aprobado el plan original, a la vista de los resultados la Haganá se distanció del Irgún).

¿La razón? Que el Gobierno británico del conservador Venille Chamberlain había aprobado un Libro Blanco preparando el proceso de independencia de Palestina, en el cual se proponía que como paso previo a ella se incorporaran al propio gobierno del Mandato Británico representantes judíos y palestinos. Se planteaba esa fórmula como una experiencia para que en el nuevo estado que se creara pudieran convivir ambos pueblos.

Para facilitar ese plan el Libro Blanco planteaba también que se fijara un límite a la inmigración judía en Palestina para que esta no supusiera más que un tercio de la población local total, a menos que los propios habitantes árabes lo consintieran expresamente. Pero el sionismo no podía consentir un cambio tan brusco de la postura británica y del espíritu colonialista de la Declaración Balfour de 1917.

En Abril de 1948, unidades del Irgún Tzvaí Leumí y de Lehi cometían otra matanza, esta vez en la aldea palestina de Deir Yassim asesinando a 120 personas. Einstein quedó conmocionado al conocer la matanza, y el 9 de Abril escribió una carta a Shepard Rifkin, director de la organización estadounidense Amigos americanos de los combatientes por la libertad de Israel, quien le había pedido que se manifestara públicamente a favor del sionismo y de la creación del Estado de Israel: “Estimado señor: Cuando nos sobrevenga una catástrofe real y definitiva en Palestina, los primeros responsables de ella serán los británicos y los segundos responsables serán las organizaciones terroristas creadas dentro de nuestras propias filas. No quisiera ver a nadie asociado con esa gente descarriada y criminal”.

Un mes más tarde, el 14 de mayo de 1948, las fuerzas judías, con consentimiento de Naciones Unidas, declaraban en Tel Aviv la creación de un nuevo estado al que llamaron Israel, apoderándose no del 56 % del territorio de Palestina tal como estaba previsto inicialmente sino del 77 por ciento. David Ben-Gurion, de origen polaco y presidente de la Agencia Judía, fue nombrado primer ministro y se convirtió en el artífice de la expulsión de Palestina por la fuerza de 750.000 palestinos, éxodo conocido como la Nakba (desastre en árabe).

Una de las primeras medidas de Ben-Gurion fue la creación de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI, o Tzáhal, su acrónimo en hebreo). El núcleo central con el que se puso en marcha la FDI —una de las instituciones más respetadas por la población israelí y ejecutora del actual genocidio en Gaza—fue la propia estructura y militancia de la Haganá y otras organizaciones terroristas sionistas.

Arendt cambió de opinión

Hannah Arendt fue inicialmente una entusiasta activista del movimiento sionista, primero en su país natal, en Alemania, en los años 20 e inicios de los 30, y a partir de 1937 en Estados Unidos, país en el que se refugió huyendo del nazismo.

Al igual que Einstein ella era una fervorosa partidaria de que se creara un lugar en Palestina para los judíos, pero no a costa del desalojo de los palestinos, y criticaba también que el movimiento sionista se olvidara del resto de judíos de la diáspora, de judíos como ella o Einstein que vivían en otros países y no querían vivir en Palestina.

Los registros de la emigración judía hacia Palestina antes de la creación del Estado de Israel muestran que de los cerca de 40.000 que migraron entre 1904 y 1914 más del 80 por ciento decidió no quedarse finalmente. El destino preferido era mayoritariamente Estados Unidos.

Arent creó en EE UU el Grupo Joven Judío en 1942 en un intento por ampliar el debate interno dentro del movimiento sionista. Ella criticaba que el movimiento dependiera tanto de banqueros como los Rothschild y otros magnates. Sostenía que esa dependencia era su “segunda opresión”.

Hannah Arent se distanciaba de los que mantenían una creencia bíblica, la que el pueblo judío era el “pueblo elegido”, con la que se justificaba todo. Sus diferencias con el proyecto sionista se acentuaron tras comprobar que las tesis del sionismo más extremista y chauvinista se imponían en la Conferencia Baltimore de ese año.

En escritos como La crisis del sionismo que publicó ese año y en trabajos posteriores Arendt se distanciaba cada vez más de aquellos que ya no hablaban de un ‘hogar judío’ sino de un ‘Estado judío’ y mostró su preocupación por el desprecio con el que se hablaba de la población originaria palestina con la que no se contaba en ningún plan.

Su escrito Sionismo reconsiderado provocaría una gran polémica en el seno del movimiento sionista. En él denunciaba al “nacionalismo radical”: “El movimiento nacional judío social–revolucionario acabó como la mayoría de los movimientos de este tipo: dando su más firme apoyo no ya a reivindicaciones nacionales, sino a reivindicaciones chauvinistas que en realidad no estaban en contra de los enemigos del pueblo judío, sino de sus amigos potenciales y de sus vecinos reales”.

Ella hablaba así de los árabes, ‘amigos potenciales’, ‘vecinos reales’, e igual que Einstein abogaba por un estado binacional judío–palestino, y en 1951, tres años después de la fundación del Estado de Israel denunciaba frontalmente la expulsión por parte del nuevo estado de cientos de miles de los habitantes originarios de Palestina: “Después de la guerra resultó que la cuestión judía, que había sido considerada la única insoluble, estaba desde luego resuelta, principalmente gracias a un territorio primero colonizado y luego conquistado, pero esto no resolvió el problema de las minorías y de los apátridas. Al contrario, como virtualmente todos los demás acontecimientos de nuestro siglo, la solución de la cuestión judía produjo una nueva categoría de refugiados, los árabes, aumentando por el número de apátridas y fuera de la ley con otras 700.000 u 800.000 personas”.

Hannah Arendt, que tanto había luchado por el sionismo tuvo que soportar agresivas críticas del sionismo radical, que la terminaron acusando de antisemita y hasta de colaboracionista por su libro Eichman en Jerusalén. En ese libro ella hablaba sobre la banalidad del mal, pretendía ir más allá de una condena frontal al Holocausto, intentaba desentrañar la mente de un personaje como el jerarca nazi, cómo se transformaba un ciudadano alemán normal en un monstruo que en su juicio llegó a reivindicar ser un buen funcionario, haber cumplido a rajatabla con las órdenes recibidas. Obediencia debida.

Begin pasó de ser el líder del grupo terrorista sionista más radical a convertirse décadas después en primer ministro de Israel y Premio Nobel de la Paz 1979

 

Menájem Begin, un prócer para los sionistas, como Ben-Gurion, también nacido en Polonia y líder del Irgún, el grupo terrorista más radical, viajó a Estados Unidos en 1948 tras crearse el artificial estado de Israel siendo recibido con todos los honores por el gobierno del demócrata Harry Truman,

Fue entonces cuando un grupo de 27 destacados intelectuales judíos residentes en Estados Unidos, filósofos, rabinos y científicos, entre los que se encontraban Albert Einstein y Hannah Arendt, enviaron una carta a los editores de The New York Times el 2 de diciembre de ese año, repudiando su visita y el proyecto que representaba. Fue publicada por el diario neoyorkino dos días después: “Uno de los fenómenos políticos más inquietantes de nuestro tiempo es la aparición en el recién creado Estado de Israel, del Tnuat Haherut (Partido de la Libertad), un partido político muy parecido en su organización, métodos, filosofía política y atractivo social a los partidos nazi y fascista. Se formó a partir de los miembros y seguidores del antiguo Irgun Zvaí Leumí, una organización terrorista, derechista y chauvinista de Palestina (…) Es inconcebible que quienes se oponen al fascismo en todo el mundo, si se les informa correctamente sobre el historial político y las perspectivas del Sr. Begin, puedan sumar sus nombres y apoyo al movimiento que representa”.

Importantes intelectuales judíos denunciaron en una carta pública en The New York Times en 1948 el carácter fascista del sionismo radical y la extrema violencia que utilizaban contra palestinos, británicos e incluso contra los judíos que no compartían sus ideas

En la carta, firmada también por otros intelectuales judíos, como Isidore Abramovitz, el rabino Jessurun Cardozo, Sidney Hook, Samuel Shuman, o Irma y Stefan Wolfe, denunciaban la intolerancia de Begin y los grupos terroristas que él representaba, que llegaban a aterrorizar a la propia población judía que no se unía a ellos: “Los profesores fueron golpeados por hablar en su contra y los adultos fueron fusilados por no permitir que sus hijos se unieran a ellos. Mediante métodos de gánsteres, palizas, ruptura de ventanas y robos generalizados, los terroristas intimidaron a la población y le exigieron un fuerte tributo”.

Tras otras consideraciones los intelectuales judíos terminaban así su carta: “Por lo tanto, los abajo firmantes utilizamos este medio para presentar públicamente algunos hechos destacados sobre Begin y su partido, y para instar a todos los interesados a no apoyar esta última manifestación del fascismo”.

Begin crearía en 1973 el partido Tnuat Haherut, liderando el proceso de fusión de este  con otras formaciones de la derecha israelí que daría lugar al nacimiento del Likud, el partido que hoy lidera  Benjamin Netanyahu y el Gobierno ultraderechista israelí. En 1979 Begin recibía el Premio Nobel de la Paz.

Freud, crítico con el fanatismo

El caso de Sigmund Fred fue distinto al de Einstein o Arendt. El padre del psicoanálisis, austriaco de origen judío pero declaradamente ateo,  abordó en Moisés y el monoteísmo en los años 30 el proyecto de crear un ‘hogar judío’ en Palestina preguntándose: “Qué lleva a los judíos a considerarse como ‘el pueblo elegido’? ¿Cuáles son las consecuencias de mantener tal narcisismo?

Freud en su plenitud (1905)

El 26 de febrero de 1930 Freud escribía una carta al doctor Chaim Koffer , quien, en nombre de la Fundación para la Reinstalación de los Judíos en Palestina le pedía un pronunciamiento a favor del sionismo y de la migración hacia Palestina: “No puedo hacer lo que usted desea. Mi reticencia a interesar al público en mi persona es insalvable y creo que las circunstancias críticas actuales no me incitan para nada a hacerlo (…) Pero, por otro lado, no creo que Palestina pueda algún día ser un Estado judío ni que tanto el mundo cristiano como el mundo islámico puedan un día estar dispuestos a confiar sus lugares santos al cuidado de los judíos”.

El padre del psicoanálisis mostró su recelo sobre el apoyo interesado de magnates judíos a la idea de crear el ‘hogar judío’ en Palestina

 

Freud mencionaba también en esa carta su rechazo a considerar al Muro de las Lamentaciones como el lugar sagrado más importante para el judaísmo: “No puedo experimentar la menor simpatía por una piedad sionista mal interpretada, que hace de un trozo del muro de Herodes una reliquia nacional y a causa de ella, ofende los sentimientos de los nativos”.

El padre del psicoanálisis, que en muchas ocasiones criticó el nacionalismo y la xenofobia mencionaba también en esa carta su recelo sobre el apoyo interesado de magnates judíos a la idea de crear el ‘hogar judío’ en Palestina: “Me hubiera parecido más prudente una patria judía en un suelo históricamente no cargado; en efecto, sé que, para un propósito tan racional, nunca se hubiera podido suscitar la exaltación de las masas ni la cooperación de los ricos. Concedo también, con pesar que el fanatismo poco realista de nuestros compatriotas tiene su parte de responsabilidad en el despertar del recelo de los árabes”.

En 1939, cuando las organizaciones terroristas sionistas atacaban diariamente las aldeas palestinas advirtió: “La mayor calamidad sería un enfrentamiento permanente con el pueblo árabe”, recordando que “en tiempos pasados ningún pueblo mostró mayor amistad con los judíos que los antepasados de estos árabes”.

TRUMP es un gangster y asesino serial, como Milei & Co. son cleptómanos

 



Y no es un insulto, apenas una constatación.  Está tan a la vista que Trump es un asesino despiadado, como que Milei, Karina & Co. son ladrones compulsivos. Hagámonos cargo. 

Si hiciera falta reafirmarlo, aquí está el discurso patoteril que Trump dio ayer en la Asamblea General de las Naciones Unidas:  

Donald Trump habló sobre la guerra con Irán: «¿Quiero entrar y aniquilarlos? ¿o no?»

Aquí, su discurso completo:

Más de 70 legisladores de 13 países de América piden el fin de los ataques de Estados Unidos en el Caribe y el Pacífico

En una carta pública, denuncian que Trump practica “ejecuciones extrajudiciales” contra barcos pesqueros bajo el paraguas de una presunta guerra contra el narcotráfico.

 

Ayer escribió Atilio Borón (@atilioboron):

Desde la tribuna de la ONU, Trump le ofreció a Irán dos caminos: un acuerdo o la aniquilación. La delegación iraní se levantó y se fue. Detengámonos un segundo en la escena. Una semana antes, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU había señalado motivos razonables para creer que Estados Unidos cometió crímenes de guerra en Irán. El acusado subió al estrado a amenazar. Después le llegó el turno de América Latina. Trump celebró «el mayor acuerdo petrolero de la historia» y avisó que usará su poderío militar para defender sus intereses en el hemisferio. Puso a Venezuela como ejemplo y le exigió a México «recuperar el control» de su territorio. Eso tiene nombre: Doctrina Monroe, versión siglo XXI. Un imperio que reemplaza la diplomacia por la amenaza y usa la ONU como escenario para anunciarlo. Lo que se dijo hoy en Nueva York marca la agenda de nuestra región para los próximos años. Entenderlo es el primer paso para pararse frente a eso.

Inmediatamente antes, el periodista colombiano Gonzalo Guillén (@HELIODOPTERO) publicó lo siguiente:

Donald Trump es un mafioso. Y mafioso de los peores: mafioso de Nueva York. Superó a todos los de esa ciudad en todos los tiempos. En sus inicios, Trump, preparado por su padre, que era otro mafioso temible, estafó y persiguió a los mafiosos rivales en Nueva York. Desde entonces delinque con las mismas tácticas de la mafia más refinada: se enfrenta a un rival, lo derrota y, si no se doblega, lo mata o lo anula. Enseguida les dice a todos los miembros de la organización vencida: “ahora ustedes trabajan para mí o se mueren”. Es exactamente lo que hizo, por ejemplo, en Venezuela al apresar y secuestrar a Nicolás Maduro. Se lo llevó y les dijo a Delcy Rodríguez, a Diosdado Cabello y al resto de la organización que en adelante serían de los suyos y delinquirían para él. Obviamente, aceptaron.
Así lo hizo en los años 30 Luky Luciano, quien fue el más grande de la historia hasta que llegó Trump a superarlo. Luciano se deshizo de sus dos más grandes rivales y reinó en la ciudad. A Joe Masseria lo acribilló en un restaurante en 1931 y a Salvatore Maranzano —mafioso siciliano que, ante la ausencia del otro, se había proclamado brevemente “jefe de jefes”— lo asesinó cuatro meses más tarde en su propia oficina, ubicada en el piso 9 del edificio de la New York Central(en el 230 de Park Avenue, Manhattan). Las mismas tácticas las ha utilizado Trump como presidente, dentro de Estados Unidos y alrededor del mundo. Por eso es el mafioso más peligroso y sanguinario de la historia, después de Luky Luciano, quien en 1962 murió de infarto en Nápoles. Tenía 64 años.
En América Latina Trump está por consolidarse como “capo de capos” y ya creó su propia organización criminal, se llama “Escudo de las Américas”. Solamente le faltan México y Brasil. Ojalá no lo logre jamás.
Por fin, hoy ¡a las 5 AM! Carlos Balmaceda publicó una nota editorial del Teheran Times:
Ayer se conmemoró el 46.º aniversario de la invasión de Irán por parte de Saddam Hussein. En los primeros días de la guerra, mientras se encontraba en territorio iraní ocupado, cerca de la frontera suroccidental del país, Saddam declaró a los periodistas que concedería su próxima entrevista en Teherán unos días después.
El delirio de Saddam no carecía de fundamento. Irán acababa de atravesar una revolución turbulenta que había transformado radicalmente casi todos los pilares del país, mientras que muchas instituciones aún estaban en sus inicios. Numerosos altos mandos del ejército habían huido del país o habían sido arrestados y juzgados. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica se había creado hacía poco tiempo, y muchos de sus miembros tenían escasa o nula experiencia militar. En consecuencia, Saddam y sus adversarios no consideraban al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica una fuerza capaz de hacer frente a una invasión extranjera a gran escala.
En general, Saddam creía enfrentarse a un Irán debilitado y que una ofensiva militar rápida y masiva podría someterlo, brindándole una victoria fácil y contundente en cuestión de días. Sin embargo, esa sangrienta ilusión se convirtió en una guerra de ocho años, y Saddam no logró ninguno de los objetivos que había declarado al inicio del conflicto.
Donald Trump, quien ahora libra una guerra contra Irán, guarda innegables similitudes con Saddam Hussein. Trump también creía que Irán se encontraba en un estado vulnerable y debilitado, y que una rápida y masiva campaña aérea acabaría con él. De igual modo, Saddam inició su guerra con una amplia ofensiva aérea contra decenas de objetivos militares y civiles dentro de Irán, con la intención de paralizar el país.
Trump y Saddam comparten otra similitud. Durante la guerra, Saddam cometió repetidamente crímenes de guerra mediante el uso de armas químicas suministradas por Occidente, así como a través de ataques aéreos contra zonas urbanas y civiles que causaron la muerte de civiles iraníes. Trump también ha cometido crímenes de guerra en el conflicto actual al atacar escuelas, universidades, hospitales y otros objetivos civiles en Irán. El ataque a una escuela en Minab el primer día de la guerra, que dejó más de 120 estudiantes muertos, es solo un ejemplo de estos crímenes.

Otra similitud radica en su relación con algunos de los vecinos del sur de Irán. Durante la guerra de ocho años, algunos estados árabes del Golfo Pérsico se convirtieron en una fuente de financiación crucial para el aparato bélico de Saddam Hussein, ayudándolo a perpetrar sus crímenes. En la guerra actual, estos mismos países, al poner su territorio a disposición del ejército estadounidense y brindar otras formas de apoyo bélico a quienes atacan territorio iraní, se han convertido en cómplices de Trump y sus crímenes. Así como respaldar a Saddam durante esa guerra les causó arrepentimiento, ahora han apostado por el bando perdedor y no pueden eludir las consecuencias de este error.

Otra similitud entre estos dos hombres delirantes y criminales es su errónea percepción del pueblo iraní. Saddam creía que la población de habla árabe de la provincia de Juzestán recibiría con los brazos abiertos a los invasores. En cambio, fueron de los primeros en oponerse a la invasión, oponiendo una feroz resistencia y dejando un legado histórico y perdurable de desafío. Trump también imaginó que, una vez que comenzaran los intensos ataques aéreos, el pueblo iraní saldría a las calles y completaría su plan para derrocar a la República Islámica de Irán. Expresó abiertamente esta expectativa en repetidas ocasiones e incluso, en una ocasión, manifestó sorpresa y frustración, con enojo, por el hecho de que el pueblo iraní no se sublevara.

Antes de Rincón Bomba, Fortín Yunká: la masacre silenciada del Pueblo Pilagá

 


La Federación de Comunidades Indígenas de ese pueblo originario presentó el mes pasado ante la Justicia un recurso para que se realice un Juicio por la Verdad sobre la Masacre de Rincón Bomba, perpetrada en Formosa en 1947. No existe, sin embargo, un pedido similar sobre otra matanza anterior sufrida por ese mismo pueblo en 1919 y silenciada por la historia oficial.

Cacique Ramón Quiroga.
Cacique Ramón Quiroga.
Mayor Enrique Gil Boy. Imagen mejorada con IA.
Alejandra Vidal, integrante del comité organizador de las Jornadas sobre la masacre del Pueblo Pilagá
Monumento de Fortín Yunká.