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"La Maldita Máquina de Matar" Pinchevsky/ Medina

miércoles, junio 17, 2026

Me quedo contigo - Los Chunguitos.






 

PERONISMO. ¿Sefini? Que hacer con los dirigentes empeñados en entregar la nación

 





Me sorprendió que Ricardo Aroskind me resultara TAN peronista. O nacionalista-revolucionario. O buen observador, reacio a hacerse el distraído frente a felonías a las cuales, desgraciademente, casi hemos naturalizado. Publicado por la Tecla Eñe, este texto me parece amerita  ser un material de debate en todos los círculos de compañeres. Uds. dirán.

¿Rendición peronista?   

Sectores del peronismo creen que no se debe confrontar con el poder económico y buscan maniobrar en los márgenes del modelo mileísta.

 

POR RICARDO ARONSKIND / LA TECLA@ EÑE

Hay una catarata de declaraciones favorables al modelo de Milei en las filas del peronismo. Provienen de los más diversos espacios a lo largo y ancho del país. Desde gobernadores, exministros y candidatos, dirigentes territoriales y aspirantes a serlo. En vez de plantarse frente a un gobierno que es el más cipayo en la historia nacional, el más anti obrero y anti clase media, el más anti industrial, anti ciencia nacional, anti Estado protector, y el más destructor de la salud y la educación públicas, el más indiferente al porvenir de las futuras generaciones, el más favorable a la extranjerización y desintegración territorial del país, hay una fracción importante del peronismo a la  que se le ocurre presentarse como la continuidad “mejorada” del desastre mileísta.

No importa la definición que se tenga del peronismo, no hay forma de hacerla coincidir con la actual experiencia ultraderechista.

Se puede adoptar la definición del peronismo que se desee: que fue un nacionalismo popular, un social cristianismo local, un keynesianismo sudamericano, un movimiento de liberación nacional, una variante criolla de la socialdemocracia, un populismo tercerista, un desarrollismo distribucionista, o incluso, un “freno burgués a la lucha de clases” (mejorando las condiciones de vida de los trabajadores) Ninguna de esas definiciones puede amoldarse a la actual experiencia de demolición nacional que encarna el gobierno mileísta con sus grandes apoyos del capital concentrado local y de los Estados Unidos.

Sin embargo, la evidencia de estos días muestra que sí, que hay muchas coincidencias entre sectores que se consideran peronistas, con las prácticas y la prédica liberal autoritaria.

¿Qué quiere decir que desde el peronismo se pueda valorar positivamente partes importantes de este experimento destructor?

Pareciera que desde sectores dirigenciales del peronismo no se ve al actual gobierno como un evento desastroso para el pueblo y la Nación argentina.

Lo que lleva a otra pregunta: ¿qué está pasando dentro de vasto espacio peronista para que se pueda tener una mirada concesiva, y hasta comprensiva con este gobierno, que es la continuidad de la última dictadura militar, del menemismo extranjerizador y del macrismo?

¿Será una concesión a lo que una parte “de la gente” cree, para atraerlos?

¿Será un acomodamiento a lo que dicen las encuestas, porque “hay que sumar” como sea?

¿O tendrá que ver con una lectura – “pragmática” o vencida – de lo que los poderes fácticos quieren que sea el peronismo, para que no exista más una oposición con peso político y convocatoria electoral, a sus planes de negocios en Argentina?

Ejemplos sobran

Juan Manuel Olmos, dirigente peronista de la Ciudad de Buenos Aires, sostuvo en un reportaje que “cuando ganamos (los peronistas) los activos se van a pique y cuando perdemos rebotan hasta la estratósfera. ¿No vamos a tomar nota de eso? Eso quiere decir que tenemos un problema de confianza. En cuestiones económicas. En cuestiones de ‘brecha’, ‘cepo’, de tipo de cambio, de riesgo país, de déficit.”

En otro párrafo Olmos señaló: “Hay que primero ordenar lo que está desordenado y el peronismo tiene que ser también sinónimo de ese orden. Nosotros no trabajamos para los mercados. Ahora ¿ignorarlos? (…) Nosotros no somos los que le damos garantías a los mercados, pero sí tenemos que dar garantías de estabilidad. Porque la gente también sufre cuando no hay estabilidad”.

Hablar de los mercados en abstracto, y no de los poderes económicos reales, es prestarse a enmascarar la realidad. Asumir que sería el peronismo el que desordena la economía, y que los experimentos derechistas son los que la ordenan, es una tontería que no pasa por la prueba de la historia económica nacional.

Olvidarse de que la “brecha” y el “cepo” tuvieron que ver con la enorme deuda externa contraída por la dictadura, reforzada por la práctica de la fuga de capitales de los grupos económicos locales, es tapar las responsabilidades históricas y asumir como propios los desastres causados por las experiencias neoliberales, entre ellas, por supuesto, la del peronismo menemista.

Olmos se calza el traje del “peronista responsable que da garantías” dentro de un peronismo que es irresponsable (según la visión de sus enemigos), un peronismo “loco” que no es capaz de darle tranquilidad a los “mercados” a los cuales se les atribuye racionalidad.

En realidad, parte del estado de postración argentina es precisamente por el tipo de negocios rentísticos y financieros que se les ocurren a los “mercados”, que fracasan incluso con sus propios gobiernos. Pero acá tenemos un peronismo que acepta e introyecta la versión falsa de la historia proporcionada por sus enemigos.

Mientras tanto, el vicepresidente segundo del Partido Justicialista de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Meneses (foto de hace unos años), durante un acto público le exigió a Milei “que sea responsable. Que tenga autocrítica. Que se fije lo que le pasa a nuestro pueblo, lo que les pasa a nuestros viejos, a nuestros jóvenes, y que empiece a gobernar para los intereses de todos los argentinos”.

Meneses no puede estar hablando en serio.

¿Le está pidiendo responsabilidad, o autocrítica, a Milei? ¿Le pide a Milei, y su gobierno criminal, que atienda lo que le pasa a nuestro pueblo, a nuestros viejos? ¿Cree que este gobierno vendido a Estados Unidos puede gobernar para los intereses de todos los argentinos?

Como dirigente peronista, ¿cree que ese es el nivel político de las bases peronistas? ¿Los sectores populares estarían esperando una rectificación de Milei, porque Milei es bueno, pero está equivocado? ¿Puede un dirigente político popular seguir otorgándole el beneficio de la duda a Milei, y a su gobierno, que es un modelo de manual de neoliberalismo extremista argentino?

Si piensa que Milei es nefasto, ¿por qué no lo dice y se lo dice a las bases? En el fondo, con esas apelaciones sin sentido le sigue dando tiempo al gobierno, genera una confusión sobre lo que significa y significará un régimen de estas características, y continúa eludiendo la definición indispensable: este es un gobierno declaradamente enemigo del pueblo, de la justicia social, de las mayorías, de la gente de trabajo. Pero no: habría que seguir viendo si se rectifica, si se arrepiente, si se sensibiliza…

En el programa de Pedro Rosemblat, le preguntaron a Aníbal Fernández (foto)  si “algo tiene que quedarse” de la gestión de Milei. El exministro contestó: ¿Querés saber (si yo fuera presidente) si dejo algo de lo que hizo Milei? Todo. No toco nada”. “Lo miro y lo saco, si es lo que corresponde. Lo miro y lo consolido, lo modifico, lo mejoro, lo que sea”.

Aníbal Fernández no es nuevo en la política. Además, lee y piensa. Pero en vez de decir que, en principio, rechazaría y derogaría todo lo que hace este gobierno porque la política mileísta es un conjunto coherente que apunta a la destrucción de la Argentina como sociedad y como estado nacional, parte de lo contrario: dejar todo, e ir viendo.

Dejar, por ejemplo, la Ley Bases, redactada por las grandes corporaciones para quedarse con las riquezas de la sociedad y los bienes del Estado. Dejar el RIGI, para que las multinacionales exploten los recursos naturales sin dejar un centavo en nuestro país. Dejar la disolución de los organismos científicos y tecnológicos, que nos permiten avizorar un futuro menos subdesarrollado y dependiente. Dejar la timba financiera institucionalizada y el endeudamiento masivo de las familias. Dejar la legislación esclavista contra los trabajadores. Dejar la destrucción de los glaciares, de los bosques y de los humedales. Dejar la desprotección peligrosísima en materia de Salud a la gran mayoría de la población. Dejar el afano por parte de lúmpenes, ignorantes y chorros en todas las áreas del Estado. Dejar el poder judicial al servicio de los poderes fácticos…

Esa respuesta de Fernández podría darla cualquier conservador argentino, de esos que fingen estar afligidos por los modales y los improperios del presidente, pero que avalan su acción de gobierno. Fernández prefiere algo tan confuso como decir que sacaría, consolidaría o mejoraría las diversas medidas de Milei, como si hubiera “de todo un poco”.

Y no hay “de todo un poco”: Hay desastre, exclusión y entrega. Se prefiere alimentar la confusión, en vez de asumir lo que corresponde frente a este desastre: la confrontación.

Según el diario La Nación, los gobernadores Alberto Weretilneck (Río Negro, foto) y Raúl Jalil (Catamarca) “expusieron hoy en el 43° del Congreso del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) y respaldaron el rumbo económico del gobierno de Javier Milei. Aseguraron que no se puede volver a discutir el equilibrio fiscal y celebraron las políticas de atracción de inversiones extranjeras para el desarrollo de economías regionales”.

Jalil, gobernador peronista de Catamarca, dijo que “casi todas las provincias tienen superávit fiscal” y todos los mandatarios provinciales deben trabajar para seguir bajando impuestos y volverse más competitivos. Además, celebró el interés de los Estados Unidos para invertir en la Argentina tras el acercamiento de Javier Milei con el gobierno de Donald Trump.

El periodista Sebastián Lacunza informó que les preguntaron a Weretilnek y Jalil “qué de lo que hace Milei debería quedar para siempre”. Weretilnek dijo: “Lo primero. La política exterior y el alineamiento con Estados Unidos». Y Jalil agregó: «Coincido».

En lo del alineamiento con Estados Unidos, el “doctrinario” Guillermo Moreno también coincide. Parece que la política de amedrentamiento norteamericana en su “hemisferio Occidental” está haciendo estragos entre los partidarios históricos de la tercera posición. Ahora están en la “Primera Posición”.

No les importa si a la Argentina le sirve el alineamiento, o si la desintegra. Se acabó la mirada nacional, y sólo restan los negocitos particulares de fracciones lúmpenes de la burguesía local.

El curro del “equilibrio fiscal”

Muchos de los que están opinando se remiten a un tema central, que es el del equilibrio fiscal, y es un punto muy importante de la agenda de política económica, que debe ser aclarado ya que de tanto machacar con eso mucha gente – especialmente “dirigentes” – lo empieza a repetir, aunque no entienda lo que está en juego.

Básicamente el equilibrio fiscal significa que a las arcas del Estado entran $100 y salen $100. O entran $200 y salen $200. No se gasta más de lo que entra. Pero este razonamiento, aparentemente tan claro, tan prolijo, encierra una trampa fundamental tendida por los grandes capitales y los sectores más ricos de la Argentina.

El proyecto de Milei, como el de Macri en su momento, como el de Menem también, como Videla en la dictadura, es que los más ricos paguen poquísimos impuestos para que las empresas puedan tener super ganancias a costa de no aportar nada, vía impuestos, a la sociedad. Pero no sólo eso: Al entrar en una dinámica de achicamiento permanente del gasto público, van erosionando las bases de un país vivible, empobreciendo a las instituciones públicas y a la población en general. Cada vez peor, cada vez más atrasado.

Entonces, todos estos gobiernos neoliberales reducen los impuestos a los ricos y luego empiezan a lavarle el cerebro a la gente – a través de sus “expertos” y de sus medios de comunicación – con el “equilibrio fiscal”.

Es decir que, como recaudan poco – por decisión política basada en una preferencia de clase – … ¡tienen que gastar poco!

Y, ¿en qué se les ocurre ahorrar? En todo lo que tenga que ver con el gasto en los sectores medios y bajos: salud, educación, jubilaciones, obra pública, protección social.

En síntesis: En boca de la derecha argentina el equilibrio fiscal es simplemente una trampa cazabobos para encubrir la transferencia de riqueza, a través del Estado, desde las capas populares y medias a los sectores de altos ingresos y al capital concentrado local y extranjero.

Ese es el sentido que tiene, en la práctica, la defensa del supuesto equilibrio fiscal mileísta: Le están pidiendo a toda la clase política, sin distinciones, que respete la política de redistribución social regresiva, de depredación humana de este experimento, sin osar aumentar un peso el gasto público para revertir la situación.

Está archidemostrado que el Estado Argentino puede recaudar mucho más dinero que en la actualidad combatiendo la evasión y elusión impositiva, las maniobras con el comercio exterior y otras prácticas delictivas habituales que siempre están impunes, además de mejorar el sistema impositivo para que sea más equitativo y justo.

Esa es la forma en que el Estado podrá cumplir sus funciones sociales y económicas irremplazables sin tener que sacrificar a nadie ni incurrir en desbordes fiscales irresponsables.

Final

La catarata de declaraciones de convergencia con la obra de gobierno del mileísmo no puede ser ignorada y merece un debate profundo, porque está reflejando una degradación extrema de gente que pretende ser considerada “dirigencia nacional y popular”.

Encubren bajo consignas de “recuperar los sectores medios” o “darle voz al peronismo del interior”, lo que no es otra cosa que adherir a una línea política que converge con lo que se requiere para armar un modelo bipartidista neoliberal.

De alguna forma se asemeja a lo ocurrido con Alberto Fernández, cuando en pleno desbarajuste de la política timbera de Macri, salió a salvarle la vida con aquella famosa declaración: “El dólar a 60 pesos está bien”, otra forma -reiterada durante todo su gobierno – de darle “confianza a los mercados”. Ya ahí el Frente de Todos, antes de ganar las elecciones, empezó reduciendo sus posibilidades de servir a las mayorías.

No es sólo que en una parte del peronismo – no sabemos de qué dimensión – no hay voluntad de ganarles a quienes dañan al Pueblo.

No es sólo que no hay voluntad de confrontar y por lo tanto de modificar nada.

Ahora creen que no se debe confrontar con los poderosos, y lo que hay que hacer es tratar de maniobrar en los márgenes del modelo mileísta.

La noticia, por si no se enteraron, es que ya hay una persona elegida para eso: Patricia Bullrich.

……………………………………………..

*Economista y magister en Relaciones Internacionales, investigador docente en la Universidad Nacional de General Sarmiento.

 

La trampa de la pobreza estadounidense

 



Fuentes: Sin permiso [Imagen: Trabajadores esperan en cola para solicitar empleo 
en una firma de California. (ARCHIVO)]

Cómo una economía amañada convierte el trabajo en una condena de por vida y la riqueza 

en un poder hereditario

Tu despertador suena a las 5 de la mañana. Trabajas en dos empleos. Te saltas comidas. Aun así, no puedes pagar el alquiler. Esta es la trampa mortal económica de Estados Unidos.

La riqueza de los multimillonarios aumentó en 2 billones de dólares en 2024. Y los niveles de pobreza no han cambiado desde 1990. El 1 % más rico posee ahora el 50 % de las acciones¹, según datos de la Reserva Federal.

Los principales multimillonarios de Estados Unidos han ganado 1,3 billones de dólares desde 2020. Eso supone un aumento del 193 %. ¿Tus salarios? Estancados en 1978. ¿Alguna vez has pensado en esto?

La arquitectura económica de la desigualdad

La riqueza no gotea hacia abajo. Se desborda hacia arriba. Entre 1979 y 2024, la productividad aumentó un 80,9 %, pero la remuneración de los trabajadores solo aumentó un 29,4 %. ¿El resto? Desviado hacia la cima.

Este robo salarial ocurre legalmente.

Deliberadamente.

Sistemáticamente.

La realidad es absurda: los salarios medios por hora alcanzaron su auge hace 45 años. Los 4,03 dólares que una persona ganaba por hora en 1973 equivalen hoy a 23,68 dólares. Pero el poder adquisitivo real de la mayoría de los trabajadores no ha aumentado desde entonces.

Medio siglo de progreso robado.

La Base de Datos Mundial sobre la Desigualdad² revela otra verdad condenatoria. Las naciones más ricas gastan un 13 % en protección social. Los países más pobres gastan apenas un 1,5 %. Los ricos protegen su riqueza. Los pobres no protegen nada.

La jaula invisible

La pobreza puede generar un ciclo de trampas que se refuerzan a sí mismas, en el que cada desafío puede verse agravado por el siguiente, algo extremadamente difícil de superar.

Empecemos por la educación. Solo el 11 % de los estudiantes de primera generación con bajos ingresos se gradúan. Compáralo con el 55 % de sus pares con mayores ingresos, según Ballard Brief³.

¿Quieres escapar? Los costes universitarios te atrapan aún más profundamente.

La vivienda se convierte en la siguiente prisión. Los salarios no cambian, pero los alquileres aumentan. La vía convencional para acumular riqueza (ser propietario de una vivienda) se ha vuelto inasequible. Quienes tienen la suerte de poseer una vivienda se enfrentan a barreras para la movilidad derivadas de su inversión.

La atención sanitaria arruina económicamente a los enfermos. El cuidado infantil arruina económicamente a quienes trabajan. Los costes del transporte consumen cualquier aumento salarial. Ni siquiera los graduados universitarios están a salvo. Los hijos de trabajadores recién graduados en la universidad ganaban menos dinero en 2013 que en la década de 1990. La educación ya no es un billete hacia la riqueza.

El control del sistema se intensifica

Múltiples mecanismos atrapan a las familias a lo largo de generaciones. Una investigación publicada en Nature Communications⁴ identificó trampas de pobreza en múltiples niveles. Fuerzas individuales, comunitarias e institucionales interactúan. Crean «resultados estadísticos estables diferenciados».

¿La traducción? Algunas personas son sistemáticamente impedidas de escapar.

El racismo sistémico afianza las desigualdades en todos los sistemas. Educación, justicia, transporte, vivienda y salud.

La brecha de riqueza racial se amplía continuamente. Las familias blancas acumulaban una riqueza media de 1,4 millones de dólares. Las familias negras poseían solo 211.596 dólares. Las familias hispanas se encontraban en una situación similar, con 227.544 dólares.

Eso no es una brecha. Es un cañón.

Las redes sociales importan enormemente para las oportunidades. La pobreza aísla a las personas de conexiones valiosas. Sin mentores. Sin modelos a seguir. Sin conocimiento interno. Las investigaciones muestran⁵ que la marginación y el riesgo se combinan para perpetuar la pobreza.

La ubicación geográfica agrava estas desventajas. Las comunidades persistentemente pobres⁶ atrapan a sus residentes durante décadas. La inversión fluye hacia otros lugares. Los empleos desaparecen. La infraestructura se desmorona. Las escuelas fracasan. El ciclo se repite sin fin.

La máquina de la riqueza funciona gracias a la desigualdad

La propiedad de activos separa permanentemente a las clases sociales. El 10 % más rico posee dos tercios de la riqueza. Su riqueza procede de fuentes diferentes. Acciones. Bienes inmuebles. Propiedad empresarial. Estos activos se revalorizan automáticamente.

¿El 90 % inferior? Su riqueza es deuda.

El análisis de Equitable Growth⁷ demuestra el mecanismo. El 10 % superior obtiene ganancias de los activos. Ingresos empresariales. Flujos de dividendos. Estos crecieron más de un 2 % anual.

¿Los salarios? Solo un crecimiento del 1,74 %.

Las bonificaciones de Wall Street aumentaron un 491 % desde 1995. Bonificación media: 244.700 dólares. Si el salario mínimo hubiera crecido al mismo ritmo, hoy sería de 20,87 dólares.

En cambio, sigue siendo de 7,25 dólares.

Los ricos invierten sus ingresos excedentes en activos que se revalorizan. Los pobres gastan todo en sobrevivir. Ahorrar se vuelve imposible. Invertir sigue siendo una fantasía. La acumulación de riqueza nunca comienza.

¿Crees que es una fuerza del mercado? Es un diseño estructural.

La economía política de la pobreza

El poder protege incansablemente a los poderosos. Cien familias multimillonarias gastaron 2.600 millones de dólares en elecciones. Eso representa el 16,5 % del total de las contribuciones políticas en 2024. Compáralo con el año 2000: solo 18 millones, o el 0,6 %.

El dinero compra acceso. El acceso moldea las políticas. Las políticas protegen la riqueza.

Los códigos fiscales favorecen al capital frente al trabajo. Los impuestos sobre las herencias desaparecen para los ricos. La mitad de todos los multimillonarios viven en lugares donde los descendientes no pagan impuesto de sucesiones.

Surge una nueva aristocracia. El nacimiento vuelve a determinar el destino.

Los programas de protección social siguen siendo deliberadamente punitivos. TANF y SNAP imponen pesadillas burocráticas. Parten de la premisa de que la pobreza refleja un fracaso personal. La evidencia demuestra lo contrario. Sin embargo, las políticas persisten. ¿Sabes por qué? Porque la pobreza sirve a los intereses de los ricos.

El camino hacia adelante

Romper este ciclo requiere una reestructuración radical.

Necesitamos garantías de renta básica universal. Impuestos progresivos sobre la riqueza de los ultrarricos. Vivienda asequible como derecho humano. Educación gratuita y de calidad hasta la universidad.

La atención sanitaria debe desvincularse del empleo. El cuidado infantil necesita financiación pública. El transporte requiere una inversión masiva. Los salarios dignos deben convertirse en una obligación en todas partes.

Oxfam prevé la existencia de cinco billonarios en diez años. Mientras tanto, hay 831 millones de personas en situación de pobreza extrema. Esta trayectoria es insostenible. Moralmente. Económicamente. Políticamente.

El sistema actual enriquece a unos pocos mientras empobrece a muchos. El sesenta por ciento de la riqueza de los multimillonarios proviene de herencias, poder monopolístico o conexiones clientelares.

No del mérito. No de la innovación. No del trabajo duro.

Solo conexión. Extracción. Explotación.

La pobreza es producto del diseño

La arquitectura económica garantiza que los ricos sean cada vez más ricos. Garantiza que los pobres sigan siendo pobres. Cada mecanismo refuerza esta realidad.

Tu pobreza no es culpa tuya. El sistema funciona exactamente como fue concebido.

La pregunta no es por qué la gente sigue siendo pobre. La pregunta es por qué toleramos este juego amañado.

Hasta que desmontemos estas estructuras, la pobreza seguirá siendo una condena de por vida. Los pobres morirán siendo pobres. Sus hijos heredarán la pobreza.

La jaula es real. Los candados son económicos. La llave es la voluntad política. Es hora de romper el sistema. Antes de que el sistema te rompa a ti.

Notas:

1 Inequality.org. (s. f.). Wealth inequality.
2 WID.world. (19 de noviembre de 2024). 10 facts on global inequality in 2024. World Inequality Database.
3 Privette-Black, M. (15 de mayo de 2021). Intergenerational poverty in the United States. Ballard Brief. Brigham Young University.
4 Dupont, C., y Roy, D. (2025). «Emergent poverty traps at multiple levels impede social mobility«. Humanities and Social Sciences Communications, 12, artículo 1777.
5 Concern Worldwide U.S., Inc. (2025). The cycle of poverty — and how we break it. Concern USA.
6 Institute for Policy Studies. (s. f.). Income inequality. Inequality.org.
7 Clemens, A. (8 de julio de 2025). Slow wage growth is the key to understanding U.S. inequality in the 21st century. Washington Center for Equitable Growth.

Arslan Mirza. Redactor de contenidos, copywriter y especialista en SEO. Actualmente trabaja en su primer libro mientras sigue creando historias que conectan las ideas con la emoción. Conocido en internet como INQALABI.

Texto original: www.meer.com

Traducción: Bru Laín

Fuente: https://sinpermiso.info/textos/la-trampa-de-la-pobreza-estadounidense

Cómo Israel planeó el genocidio de Gaza desde hace décadas

 



Fuentes: Antiwar

En octubre de 2023, Israel encontró una excusa para revivir una vieja historia de matanzas y expulsiones. Las principales diferencias esta vez han sido la magnitud y la duración.

La verdad sale a la luz poco a poco: el genocidio israelí en Gaza fue planeado hace décadas.

Escucha los testimonios de cuatro soldados israelíes que sirvieron en Gaza.

Soldado 1: “Las vidas humanas no importaban. Podías matar, no había ley. Nadie te decía nada. Pero no es una buena sensación. Principalmente, te arrebata la humanidad.”

Soldado 2: “Al principio no estaba dispuesto a ejecutar a árabes que no se resistían [es decir, civiles]. Luego llegamos a la conclusión de que teníamos que matarlos. Pasamos por el proceso de dejar de verlos como seres humanos”.

Soldado 3: “Capturamos a los tipos, los alineamos y los eliminamos. En retrospectiva, parece un asesinato”.

Soldado 4: “Recorríamos los campos de refugiados en Gaza y llevábamos a cabo purgas… Cada soldado que estaba allí creaba un ‘campo de concentración’, y no dudaban en matar a la gente que causaba el más mínimo disturbio.”

No, estos testimonios no son nuevos. Los denunciantes no estuvieron en Gaza durante el genocidio que allí se está produciendo. Estos relatos tienen casi 60 años y fueron publicados la semana pasada por el periódico israelí Haaretz bajo el titular «Las órdenes eran de matar».

Los soldados israelíes entrevistados poco después de la guerra de 1967, a menudo conocida como la Guerra de los Seis Días, no solo confesaron que ellos y otros cometían crímenes de guerra de forma habitual, sino que también señalaron que lo hacían bajo las órdenes de sus comandantes.

Los relatos fueron recopilados en un libro, El séptimo día: Soldados hablan sobre la guerra de los seis días, de Avraham Shapira, aunque muchos testimonios no fueron incluidos porque eran demasiado impactantes.

Nada de esto debería considerarse simplemente de interés histórico. Estos relatos son un vívido recordatorio de que lo que Israel ha estado haciendo durante su actual y casi trienal destrucción de Gaza —arrasando todas las casas, hospitales, escuelas, universidades, panaderías y oficinas gubernamentales; asesinando a decenas de miles, o más probablemente cientos de miles de civiles palestinos; y bloqueando la ayuda y dejando morir de hambre a la población— forma parte de un patrón de conducta militar israelí que se remonta a décadas atrás.

Nada comenzó el 7 de octubre de 2023, cuando Hamás estalló durante un solo día el «campo de concentración» de Gaza, la difícil situación de los palestinos de Gaza ya fue denunciada hace 59 años por el Soldado 4.

Más bien Israel encontró ese día la perfecta excusa para revivir una vieja historia, la de masacrar y expulsar palestinos durante décadas. La principal diferencia esta vez radica simplemente en la magnitud y la duración.

Washington y otras capitales occidentales le han dado a Israel el tiempo y el espacio necesarios para completar en Gaza lo que antes solo había logrado parcialmente. Las potentes armas de destsrucción masiva de Israel, gracias a las modernas municiones suministradas por Estados Unidos, les ha permitido materializar lo que antes era solo un sueño: borrar Gaza del mapa.

Política de hambruna

Los soldados que denunciaron los hechos en 1967 admitieron que su trabajo no consistía en «combatir al enemigo» ni en «erradicar a los terroristas», como ahora lo denominan los líderes israelíes. Su trabajo consistía en matar y aterrorizar a civiles palestinos bajo el pretexto de la guerra.

Pocos soldados dudaban en explicar por qué cometían atrocidades. Su tarea era crear un régimen de terror, que incluye los esfuerzos del ejército de Israel para expulsar al mayor número posible de palestinos de los últimos territorios que quedaban de la patria palestina, los territorios capturados por el ejército israelí en 1967 y posteriormente ocupados ilegalmente.

Esto se consideró una nueva oportunidad para completar la campaña de limpieza étnica iniciada por las milicias sionistas en 1947 y 1948, cuando las autoridades del Mandato Británico se retiraron de Palestina. Al finalizar dicha campaña, cerca del 80% de los palestinos habían sido expulsados ​​de sus hogares dentro de las fronteras del recién declarado Estado judío.

Muchos acabaron en campos de refugiados en estados vecinos como Líbano y Siria. Pero algunos huyeron a los reductos supervivientes de la Palestina histórica en Cisjordania, Jerusalén Este y Gaza: el 22 por ciento de su tierra natal que Jordania y Egipto protegieron de nuevos avances israelíes en 1948.

La guerra de 1967 fue vista por los dirigentes israelíes como una segunda oportunidad: una ocasión para apoderarse y colonizar toda la Palestina histórica mediante la ocupación militar y el establecimiento de asentamientos de milicias judías, y para ampliar la operación de limpieza étnica con el fin de expulsar a los habitantes nativos de la Palestina histórica.

Semanas después de que Israel se apoderara de los territorios palestinos, el entonces primer ministro, Levi Eshkol, le indicó a su gabinete dónde debían comenzar las expulsiones. «Nos interesa desalojar primero Gaza», dijo. Ante las presiones internacionales, dejó claro que la limpieza étnica de Gaza debía llevarse a cabo de forma encubierta para no llamar la atención. Propuso que los palestinos podrían ser expulsados ​​de Gaza «precisamente por la asfixia y el encarcelamiento» que Israel les imponía allí. Ses anticipó al bloqueo israelí de Gaza, iniciado en 2007 durante 16 años.

Sugirió que el programa de limpieza étnica podría acelerarse privando a la población de elementos esenciales como el agua. «Quizás si no les damos suficiente agua, no les quede otra opción, porque los huertos se pondrán amarillos y se marchitarán».

Con este espíritu, cuarenta años después, Israel calcularía la cantidad mínima de calorías que debía permitirse en Gaza para que la población sufriera una desnutrición cada vez mayor. O como explicó el asesor gubernamental Dov Weisglass en 2006: «La idea es someter a los palestinos a una dieta, pero no dejarlos morir de hambre».

Diecisiete años después de que Gaza se viera obligada a someterse a una «dieta», cuando Hamás logró fracturar brevemente del enclave, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y sus generales aprovecharon la oportunidad.

Destruyeron esos “huertos” y transformaron la “dieta” en un bloqueo de hambruna en toda regla, un crimen de lesa humanidad por el que Netanyahu y su exministro de Defensa, Yoav Gallant, son buscados por la Corte Penal Internacional.

Atacar a inocentes

Los crímenes de 1967 fueron comprendidos hace mucho tiempo por los historiadores palestinos, a quienes, por supuesto, no se les escuchó. Los historiadores israelíes tardaron mucho más en empezar a reconstruir la historia a medida que accedían a partes de los archivos militares de Israel.

La nueva investigación de Haaretz, basada en un estudio del Instituto Akevot, ofrece detalles sobre la crueldad de las expulsiones masivas de palestinos que comenzaron en 1967.

Como informa el artículo: «La investigación histórica demuestra que Israel expulsó a unos 300.000 árabes de Cisjordania, Gaza y los Altos del Golán [sirios]. Y, al igual que en 1948, la expulsión incluyó el asesinato de civiles, la siembra del terror en las comunidades árabes, el saqueo y, en última instancia, la destrucción».

Tras haber logrado en 1967 expulsar de nuevo a un gran número de palestinos, la siguiente tarea, al igual que en 1948, era impedir su regreso.

Uri Avnery, periodista y miembro del parlamento israelí, recogió testimonios de soldados apostados en las fronteras con Jordania y Egipto, países a los que habían sido expulsados ​​palestinos. La misión de los soldados era asesinar a cualquier familia palestina que intentara regresar a sus hogares.

He aquí el testimonio de un soldado, recogido por Haaretz, que Avnery incluyó en su autobiografía:

Bloqueamos esos cruces y recibimos órdenes de disparar a matar, sin previo aviso. De hecho, se disparaban tiros todas las noches contra hombres, mujeres y niños, incluso en noches de luna llena, cuando era posible identificar a quienes cruzaban. Es decir, distinguir entre hombres, mujeres y niños.

Por la mañana, salíamos a inspeccionar la zona y, por orden expresa del oficial presente, matábamos a los que estuvieran vivos, incluidos los que se escondían y los heridos. Una vez terminada la matanza, cubríamos los cuerpos con tierra hasta que llegaba un tractor.

Los denunciantes israelíes de hoy advierten que esta doctrina militar permanece inalterada. En los últimos tres años, las investigaciones han demostrado repetidamente que Israel intenta ocultar sus crímenes enterrando secretamente a sus víctimas civiles en fosas comunes, en violación del derecho internacional.

Así ocurrió, por ejemplo hace un año, cuando las tropas masacraron a palestinos que buscaban ayuda, y de nuevo cuando los soldados ejecutaron a 15 trabajadores de ambulancias palestinas en una emboscada en marzo de 2025.

Otro soldado, preocupado por la política de disparar a matar de 1967, recordó una conversación con su comandante: «Le pregunté al oficial: ¿Y si oigo llorar a bebés, también debo dispararles? La respuesta que recibí fue: No seas una niña».

Esto no tiene nada de excepcional. Se sabe que Israel ha matado a más de 1.000 bebés menores de un año en Gaza desde el 7 de octubre de 2023, no todos ellos de forma anónima, en ataques aéreos.

El ejército israelí permitió que un grupo de cinco bebés prematuros en el hospital Al-Nasser murieran y se descompusieran en sus incubadoras después de que sus soldados tomaran el control del edificio a finales de 2023.

Los comandantes israelíes también sabían que los primeros en morir a causa del bloqueo de la ayuda serían los más vulnerables. Los bebés morían congelados o de hambre, ya que la población se veía privada de refugio, leche de fórmula y alimentos, y sus madres carecían de la nutrición suficiente para producir leche.

Como señaló el Soldado 2, la doctrina militar israelí anima a los soldados a dejar de ver a los palestinos, incluso a los bebés palestinos, como «seres humanos». Sus vidas se consideran insignificantes.

Soldados israelíes asesinaron a otro bebé palestino la semana pasada en Cisjordania, tras emboscar un coche conducido por Fahd Abu Haikal, profesor de la Universidad de Belén, en la ciudad palestina de Hebrón, que se encuentra bajo una ocupación particularmente brutal.

Uno de los soldados disparó contra el coche, que estaba reduciendo la velocidad hasta detenerse, desde apenas unos metros de distancia, desde donde seguramente pudo ver a los pasajeros en su interior. La bala mató a Sam, el bebé de siete meses de Abu Haikal, e hirió a su esposa, que lo sostenía en brazos. El hijo de Abu Haikal, de once años, que también se encontraba en el coche, presenció cómo su hermanito se desangraba hasta morir.

Soldados israelíes llevan décadas asesinando bebés palestinos. Sin embargo, nada de esto ha provocado la más mínima indignación, comparable a la expresada unánimemente por los medios de comunicación y los políticos occidentales, ante la afirmación totalmente inventada de Israel de que Hamás asesinó a 40 bebés el 7 de octubre de 2023.

De hecho, ese día solo murió un bebé israelí, Mila Cohen de nueve meses, quien, al igual que Sam Abu Haikal, recibió un disparo en brazos de su madre.

Expulsados

La campaña de expulsiones israelíes de Gaza y Cisjordania en 1967 no fue improvisada ni se llevó a cabo de forma precipitada. Según Haaretz, la política había sido cuidadosamente planificada con muchos años de antelación.

Desde 1948, Israel había estado esperando el momento oportuno para llevar a cabo nuevas expulsiones y apoderarse de las últimas partes de la patria palestina, los territorios que le habían sido negados para la culminación de su violento proyecto colonial de asentamientos.

La guerra de 1967, contra Egipto, Siria y Jordania, proporcionó el pretexto.

Ishai Amrami, comandante de batallón de alto rango en esa guerra, admitió posteriormente: «Esto, que viví de primera mano, fue un intento de traslado masivo de población».

Como señala Haaretz: «Los palestinos fueron meros espectadores en esta historia. El ministro de Defensa, Moshe Dayan, escribió en sus memorias que los palestinos que residen en Cisjordania no participaron en la guerra y que no era su guerra. Sin embargo, fueron ellos quienes pagaron el precio».

Israel inició la destrucción masiva de comunidades palestinas, como ya lo había hecho después de 1948, para que los palestinos no tuvieran hogares a los que regresar. Pero, como señala Haaretz, Israel se convirtió en víctima de su propio y rápido éxito militar.

Este fue uno de los pocos casos en la historia del conflicto en el que Israel se vio obligado a ceder debido a la fuerte presión internacional.”

Sobra decir que, a diferencia de 1967, esa presión internacional ha brillado por su ausencia en los últimos tres años. Los nuevos líderes occidentales, como el británico Sir Keir Starmer, otrora reconocido abogado de derechos humanos, han justificado la agenda explícitamente exterminacionista de Israel contra los palestinos de Gaza, calificándola de «legítima defensa».

A diferencia de sus predecesores en la década de 1960, los líderes occidentales actuales y sus medios de comunicación optaron por brindarle a Israel el tiempo y el espacio diplomático que necesitaba, además de proporcionarle las armas y la inteligencia necesarias para destruir Gaza. El genocidio habría sido imposible sin su ayuda.

Animado por esta impunidad, Israel ha intentado extender la destrucción a otros lugares, con un éxito limitado en Irán y un éxito mucho mayor en el sur del Líbano.

Mientras los políticos y los medios de comunicación occidentales se olvidan alegremente de Gaza, Israel mantiene la presión implacable y la miseria en la zona. La llamada «Línea Amarilla» , que delimita el control militar israelí sobre el enclave destruido, un área prohibida para los palestinos, se ha expandido gradualmente desde la mitad del territorio hasta el 70 por ciento.

Los habitantes de Gaza están siendo, literalmente, expulsados ​​de las ruinas de su patria, mientras Israel se esfuerza por encontrar un tercer país —Egipto, o quizás Somalilandia— dispuesto a acogerlos.

Borrando el contexto

Como bien observó el cosmólogo estadounidense Carl Sagan: «Hay que conocer el pasado para comprender el presente».

Precisamente por eso, los políticos y los medios de comunicación occidentales han tenido tanto cuidado en obviar el pasado, eliminando el contexto y los antecedentes, como las violentas campañas de limpieza étnica de Israel de 1948 y 1967, que explican el comportamiento de Israel en el presente, en Gaza, Cisjordania y el sur del Líbano.

El público occidental, desprovisto de la historia de la región, ha sido más fácilmente manipulado para creer que las atrocidades israelíes son una respuesta —y supuestamente «proporcionada»— al ataque de un día perpetrado por Hamás contra Israel a finales de 2023.

Una verdad evidente ha sido ocultada: que durante al menos ocho décadas, Israel ha aprovechado cualquier oportunidad que ha encontrado para expulsar a los palestinos de su tierra natal.

El ataque de Hamás de octubre de 2023 no fue un punto de inflexión ni una ruptura, como se presenta con tanta frecuencia en Occidente.

En 1967 —es decir, 56 años antes del ataque de Hamás— Eshkol advirtió que acontecimientos imprevistos podrían acelerar el programa encubierto de limpieza étnica de Israel. Podría llegar un momento en el futuro —lo que él denominó una «solución de lujo inesperada»— en el que Israel podría hacer realidad rápidamente su sueño de una Palestina libre de palestinos.

“Quizás podamos esperar otra guerra, y entonces este problema se resolverá. Pero eso es una especie de ‘lujo’, una solución inesperada”, explicó al gabinete.

Al añadir el contexto que faltaba, como ha hecho el diario israelí Haaretz en su nuevo artículo, la historia se transforma.

Los sucesos del 7 de octubre de 2023 se parecen menos a un simple acto de salvajismo y más a una respuesta desesperada, un último recurso ante décadas de atrocidades israelíes diseñadas para hacer que las condiciones de vida de los palestinos sean tan miserables —a través de la pobreza extrema, el confinamiento, el hambre y el asesinato— que se vean obligados a huir de su tierra natal o morir allí mismo.

Con el contexto que faltaba, la supuesta “represalia” de Israel en Gaza —su ofensiva genocida— se revela como lo que realmente es: una continuación de su campaña de limpieza étnica de ocho décadas. De hecho, su desenlace final.

David Ben Gurion, padre fundador de Israel, escribió a su hijo en 1937, 11 años antes de la creación de Israel: «Debemos expulsar a los árabes y ocupar su lugar».

En una anotación de su diario durante las expulsiones masivas de 1948, Ben Gurion resumió el sentir de sus generales: «Si acusamos a una familia, debemos castigarla sin piedad. Mujeres y niños sin piedad. De lo contrario, esta no es una reacción eficaz. Durante la operación, no hay necesidad de distinguir entre culpables e inocentes».

El objetivo era instrumentalizar el miedo, para que los palestinos estuvieran demasiado aterrorizados como para permanecer en su tierra natal.

Mordechai Maklef, un alto mando del incipiente ejército israelí, señaló dos años después, en 1950, la lógica que subyacía a la política de Israel: «Es imposible expulsar a 114.000 personas que vivían en Galilea sin sembrar el terror».

Aunque ignoremos los relatos palestinos de aquella época, las pequeñas secciones de los archivos israelíes que hasta ahora se han abierto a los historiadores israelíes documentan masacres y violaciones sistemáticas de palestinos en 1948.

En películas israelíes recientes, como Tantura, que retrata el pueblo donde se llevó a cabo una terrible masacre de palestinos, ancianos que sirvieron como soldados israelíes en aquel entonces confirman los documentos de archivo, relatando cómo presenciaron personalmente la violación de niñas palestinas.

Cabe señalar que la violación sexual como arma continúa hasta el día de hoy, en lo que el grupo israelí de derechos humanos  B’Tselem denomina la «red de campos de tortura» de Israel.

Estas violaciones —ahora a menudo con perros especialmente entrenados para tal fin— están tan extendidas que se han vuelto imposibles de ocultar. Incluso han llegado, muy tardíamente, a la atención de los principales medios de comunicación como el New York Times, provocando una cacofonía de protestas y amenazas de Netanyahu de demandar.

El abuso sexual de las personas detenidas por Israel es tan habitual que activistas internacionales por la paz sufrieron violaciones sistemáticas cuando cientos de ellos fueron capturados el mes pasado en aguas internacionales frente a Chipre, cuando iniciaban su viaje a Gaza para romper el bloqueo genocida de Israel.

Israel quiere que el miedo se extienda, desde la propia Palestina hasta cualquiera que desee mostrar solidaridad con su pueblo.

Los políticos y los medios de comunicación occidentales apenas se han referido a estos crímenes atroces contra sus propios ciudadanos. ¿Por qué? Porque reconocer esos crímenes equivaldría a admitir que se están cometiendo atrocidades aún peores contra los palestinos bajo el dominio israelí.

Prisiones de complicidad

Gaza no es una aberración. Se ajusta plenamente a una estrategia militar israelí que lleva ocho décadas en marcha. Los occidentales la desconocen, simplemente porque su clase política y mediática se han esforzado enormemente por impedir que se enteren.

Si la opinión pública occidental supiera lo que realmente lleva resistiendo el pueblo palestino durante más de 80 años, primero por parte del movimiento sionista y luego por parte del Estado israelí, podría aumentar aún más los apoyos a las protestas, haciendo que estas manifestaciones sean políticamente imposibles de ignorar.

Si los occidentales supieran lo que realmente les está sucediendo a los palestinos, quizás se unirían a los activistas que intentan desmantelar fábricas de armas israelíes, como Elbit Systems, que operan abiertamente en países occidentales como Gran Bretaña. Como resultado, podrían lograr interrumpir el suministro de drones y otras armas utilizadas para masacrar al pueblo palestino y libanés.

En lugar de miles, podría haber decenas o cientos de miles de personas dispuestas a alzar una pancarta en el Reino Unido oponiéndose al genocidio y ser arrestadas como «partidarias del terrorismo», saturando el sistema penitenciario y ridiculizando el supuesto sistema de «justicia» británico.

Armados con un conocimiento algo empañado por la ignorancia, más occidentales podrían embarcarse, formando una armada que sería imposible que los medios de comunicación occidentales ignoraran.

Pero, sobre todo, si se comprendiera el contexto real —si se conociera el patrón de décadas de asesinatos, violaciones y expulsión del pueblo palestino por parte de Israel—, la opinión pública occidental podría darse cuenta de que su clase política y mediática no actúa con moralidad. No defiende los valores de una civilización superior. No son los guardianes del derecho internacional ni de un orden democrático liberal.

Son impostores. O, para ser más precisos, trabajan dentro de estructuras políticas y financieras que les impiden decir verdades que sacudirían un sistema de poder en Occidente que enriquece a una pequeña élite mediante una lucrativa maquinaria bélica utilizada para proteger las gigantescas ganancias de las industrias de combustibles fósiles.

Ese sistema de poder empuja a algunos palestinos a una muerte prematura, y a otros a campos de concentración, al exilio o a la miseria.

Mientras tanto, en Occidente nos conduce a prisiones sin muros físicos: prisiones de ignorancia y complicidad, o de conocimiento e impotencia.

En cualquier caso, al igual que el Soldado 1, nuestra humanidad se ha adormecido. Nuestros corazones están endurecidos o rotos. El desafío que enfrentamos es el mismo que el de los palestinos: encontrar una salida a nuestro confinamiento.

Fuente: https://original.antiwar.com/cook/2026/06/14/how-israel-planned-the-gaza-genocide-decades-ago/

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