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sábado, abril 25, 2026

Leonardo Favio en Blues - Fuiste mía un verano | Mr Jones Music


 

Cómo la burguesía organiza el caos climático

 



Fuentes: La izquierda diario

Al describir los contornos y las raíces sociales del overshoot, o ideología del sobreconsumo

 climático, Malm y Carton ofrecen una contribución esencial que arroja luz sobre el actual

 período de crisis y radicalización del capitalismo, desmontando de paso las ilusiones del

 reformismo ecológico.

En Overshoot: Resistir a la ideología del desborde [1], Andreas Malm y Wim Carton analizan cómo, en los años posteriores a la firma del Acuerdo de París, la gobernanza climática ha entrado en una nueva era. La patronal y los gobiernos ya no pretenden limitar el calentamiento global, sino que organizan conscientemente cómo sobrepasar los umbrales planetarios. Al describir los contornos y las raíces sociales de esta ideología del desborde, Malm y Carton ofrecen una contribución esencial que ilumina el período de crisis y radicalización del capitalismo en curso, desmontando de paso las ilusiones del reformismo ecológico.

La coyuntura del desborde

“Debemos preparar a nuestro país para un aumento de las temperaturas de +4 grados”. Así lo anunciaba el ministro de Transición Ecológica, Christophe Béchu, en 2023. Un año crucial, que cristaliza lo que los dos investigadores de la Universidad de Lund denominan la “coyuntura del desborde [overshoot]”. La década de 2020 confirma “ese período en el que los objetivos de limitación del calentamiento global fijados oficialmente han sido sobrepasados –o están a punto de serlo– y en el que las clases dominantes responsables de este sobrepaso levantan los brazos al cielo, resignadas, y aceptan la llegada de un calor intolerable”. Esta idea viene acompañada, de hecho, de la promesa de una acción retroactiva sobre el clima: se superarían temporalmente los umbrales planetarios antes de volver a situarse por debajo de ellos gracias a nuevos procesos técnicos.

Esta es la trayectoria: la de un misil con ojiva de precisión, que primero fallaría su objetivo, antes de dar media vuelta para alcanzarlo de nuevo. Esto sería posible mediante el uso masivo de la geoingeniería o de las tecnologías de captura y almacenamiento de carbono (CAC), con el fin de reducir la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera y sus efectos sobre el clima. Sin embargo, estas tecnologías están lejos de ser viables. Se trata, por tanto, de esperar que el capitalismo las desarrolle lo suficiente a lo largo de este siglo, asumiendo el agravamiento de la crisis ecológica mientras tanto. Es esta promesa de un desarrollo futuro la que legitima el statu quo.

Como explica el historiador de la tecnología Jean-Baptiste Fressoz, fue precisamente sobre estas falsas promesas tecnológicas que se firmó el Acuerdo de París en 2015 [2]. Lógicamente, por lo tanto, no se preveía ningún límite máximo para las emisiones y ni siquiera se mencionaba el término… “fósil”. Lo que quedó fue un “vale todo”, en forma de una “irresponsabilidad compartida” (Malm y Carton, op. cit. p.54.). Este es el resultado programático de la COP21: no hay necesidad de hacer sufrir a las industrias del petróleo y el gas, ya que las emisiones serán “anuladas” en el futuro gracias a las innovaciones tecnológicas. La paradoja es que fue precisamente en el momento en que la clase dominante anunciaba haber salvado a la humanidad cuando el “desborde programado” (Ibíd., p.9.) se volvió hegemónico. “Gracias a estos malabares, se podía a la vez incumplir y alcanzar cualquier objetivo, y el hecho de incumplirlo podía racionalizarse como parte del camino para alcanzarlo, como el gato de Schrödinger que está al mismo tiempo vivo y muerto” (Ibíd., p.98.).

Aun si surgieran tecnologías hipotéticas, el rebasamiento de los umbrales climáticos provocará catástrofes en cadena, a veces a escalas cataclísmicas. Destrucción de los ecosistemas marinos por la acidificación de los océanos, aumento del nivel del mar, salinización de las tierras agrícolas, aumento de los riesgos de inundaciones, sequías y olas de calor: partes enteras del planeta podrían volverse inhabitables. Este calentamiento alcanzaría los famosos “puntos de inflexión” del sistema climático, provocando efectos de retroalimentación positiva que lo acelerarán cada vez más. La perturbación de la corriente del Golfo, el derretimiento del permafrost y del casquete glaciar de Groenlandia, o la alteración del monzón indio son ejemplos de las amenazas existenciales que pesan sobre la humanidad.

En 2022, The Economist, la revista de la patronal británica, asumió este riesgo con fría lucidez: abandonar de la noche a la mañana la idea de prescindir de las energías fósiles, “equivale, para quienes se preocupan por ello, a abandonar a los más pobres, que sufrirán más que nadie una vez cruzado el umbral crítico. Pero hay que afrontar la verdad y explorar sus consecuencias”. Para Malm y Carton, como veremos más adelante, el overshoot constituye, por lo tanto, un verdadero “paupericido”.

Overshoot: How the World Surrendered to Climate Breakdown : Carton, Wim,  Malm, Andreas: Amazon.es: Libros

En esta meticulosa investigación, Malm y Carton llevan a cabo un examen minucioso de la prensa patronal, de los planes de crecimiento de las empresas petroleras o incluso de las teorías de los economistas que justifican la inacción climática. Los ponen en perspectiva con un amplio abanico de estudios sobre la viabilidad técnica de la transición, o incluso sobre la historia y el funcionamiento de las instituciones de gobernanza climática. El entrecruzamiento de estos datos, interpretados a través de un marco marxista, traza un diagnóstico impactante del mundo presente y futuro. El rebasamiento de los límites climáticos no es en absoluto un “desvío” ni un fracaso diplomático. Es un proyecto político. El de una clase contra otra. Una que desea seguir beneficiándose del business as usual, la otra que sufre de lleno las perturbaciones del sistema-Tierra.

En una coyuntura histórica única en su género, la supervivencia de la humanidad se jugará sobre la tumba de su clase dominante. Por si fuera necesario demostrarlo, la nueva era de la gobernanza climática entierra definitivamente el idealismo militante de una parte de la ecología política. Ya no se trata de generar una “toma de conciencia” dentro de las instituciones políticas y económicas, ni de “ejercer presión” sobre el Estado. Las clases dominantes asumen desde ahora su plan de batalla.

La inercia de las relaciones sociales capitalistas

Para explicar el surgimiento de esta coyuntura de desborde, Malm y Carton se sumergen en la infraestructura fósil del capitalismo. Si hay una palabra que aterroriza a todo capitalista, es esta: los “activos varados” (stranded assets). Son inversiones que los capitalistas no logran amortizar, ya que los activos en cuestión deben ser abandonados antes de haber podido transmitir a las mercancías la totalidad de su valor en el ciclo de producción. Esto es lo que puede ocurrir, por ejemplo, cuando las máquinas se vuelven obsoletas desde el punto de vista de la competencia.

Pero los activos varados también pueden ser el resultado de regulaciones externas, de prohibiciones puras y simples. Esto es lo que sucedería en el caso de una “transición energética” digna de ese nombre: las infraestructuras de combustibles fósiles tendrían que ser desmanteladas antes de haber podido liberar todo su potencial productivo. Una pérdida neta para los capitalistas.

“Para cualquier yacimiento de petróleo o gas, para cualquier mina de carbón de cierta importancia, se necesitan unos diez años para alcanzar el ‘umbral de rentabilidad’, el momento en que se recupera la inversión inicial. En el caso de un yacimiento en aguas profundas, puede llevar de 12 a 20 años” (op. cit., pp.109-10.). A partir de ese punto, ese “umbral de rentabilidad”, el objetivo de los propietarios es saborear las ganancias durante el mayor tiempo posible. ¿Qué interés hay en esperar diez años a que una instalación sea rentable si no es para seguir ordeñando la vaca lechera otros diez, veinte o cincuenta años? Un capitalista está “apegado a la longevidad de la instalación como un santo a la de su templo” (ibíd.). En el modo de producción capitalista, es, por lo tanto, el pasado –las inversiones privadas ya realizadas– lo que determina las orientaciones económicas futuras: es imposible abandonar activos antes de que hayan alcanzado su pleno potencial. En el caso de que una tecnología concreta quede obsoleta, la presión competitiva obliga a los capitalistas a deshacerse de sus activos. Pero en el caso de la explotación de las energías fósiles, este tipo de presiones existe en mucha menor medida y la magnitud de los activos que se volverían entonces irrecuperables es inconmensurable.

Si bien el análisis de Malm y Carton sobre el problema de los activos varados permite esclarecer la radicalización de la patronal y los gobiernos ante la crisis ecológica, descuida en gran medida el lugar que ocupa la explotación de la fuerza de trabajo en los procesos de prospección, extracción y transformación de las energías fósiles y, a la inversa, el importante papel de estas energías en el mantenimiento y la intensificación de la explotación a nivel mundial. El análisis del surgimiento del capitalismo fósil como herramienta para controlar e intensificar la explotación, desarrollado por Malm en Fossil Capital: The Rise of Steam Power and the Roots of Global Warming, merecería ser actualizado en el contexto del desborde.

La ecoansiedad de los capitalistas fósiles

Para iniciar la comercialización de hidrocarburos, el primer paso es… encontrarlos. Los capitalistas deben invertir primero en la exploración y la puesta en condiciones de explotación de los yacimientos. Por lo tanto, este costo inicial no puede satisfacerse dejando sin utilizar las reservas descubiertas, ya que es su explotación la que permitirá recuperar estas inversiones iniciales. Sin embargo, como observaba el Financial Times en 2020, para cumplir con el objetivo de 1,5 °C, habría que sacrificar el 84 % de las reservas, y el 59 % para el de 2 °C. Desde la primera etapa de un negocio en el sector de los combustibles fósiles, los intereses capitalistas entran, por lo tanto, en contradicción con la lucha contra el calentamiento global.

Estas inversiones necesarias para la exploración no son más que la última muñeca de una matrioshka de activos que hay que volver rentables. En el ecosistema de los combustibles fósiles también se incluyen las instalaciones extractivas, las refinerías, las infraestructuras de transporte (oleoductos, buques cisterna, instalaciones portuarias, etc.) o incluso las centrales en las que se consumen los hidrocarburos. “Así, esta superposición de capas sobre los yacimientos y los campos constituye ‘la mayor red de infraestructura jamás construida, reflejo de decenas de billones de dólares en activos y de dos siglos de evolución tecnológica’, que está a merced de la política climática –no de una política que hoy exista realmente, desde ya, sino de la posibilidad de tal política” (Ibíd., p.132.). El más mínimo atisbo de una política climática ambiciosa podría hacer que se desplomara el valor bursátil de estas empresas. El impacto en este circuito primario del capital fósil repercutiría luego en el circuito secundario, es decir, en todo el capital que no puede funcionar sin el aporte directo de los hidrocarburos.

Las inversiones en una red de infraestructura de tal envergadura también solo han sido posibles gracias a los créditos bancarios. “De ello se desprende que una formación de capital fijo acrecentado requiere una mayor integración en el mercado de acciones, pero también en el mercado de crédito –o, por retomar una fórmula marxista consagrada, en ‘el capital común de la clase’“. Por eso, “si estas centrales se cerraran prematuramente, es muy posible que los bancos nunca recuperen los préstamos” y sus propios números queden en rojo.

Una prueba de resistencia del sistema financiero europeo realizada en 2017 reveló que los cincuenta bancos más grandes tenían alrededor de una décima parte de su cartera total en acciones del sector de las energías fósiles, pero que esta cifra alcanzaba cuatro décimas si se incluían todos los sectores afectados por la política climática (Ibíd., p.144.). Según las estimaciones más altas, la reducción del PBI mundial en caso de que estalle la “burbuja del carbono” para limitar el calentamiento a 2 °C podría ser 60 veces mayor que la registrada en 2009.

Estas coordenadas matemáticas, una verdadera pesadilla para las finanzas internacionales, solo pueden conducir a un único resultado: el del desborde u overshoot. En la burguesía acababa de surgir una nueva forma de ecoansiedad. No se trata de la angustia por la catástrofe ecológica, sino la de la catástrofe económica que significaría abandonar los combustibles fósiles.

Los fanáticos de los combustibles fósiles

Como quedará claro, la forma-capital de los medios de producción obstaculiza las capacidades de transformación del aparato productivo. Sin embargo, después de todo, los capitalistas podrían decidir dejar que las infraestructuras existentes sigan funcionando hasta el final de su vida útil mientras que, desde hoy, solo se dediquen a desarrollar energías bajas en emisión de carbono.

Esta posibilidad está muy lejos de lo que se observa en las nuevas inversiones en el sector energético. Mientras todo apuntaba a la urgencia de acabar lo antes posible con los hidrocarburos, fue la salida de los confinamientos de la pandemia y luego la invasión de Ucrania por parte de Rusia las que desencadenaron un crecimiento fulgurante de su producción. En 2022, en todo el mundo, había 119 oleoductos en construcción, con una longitud total de unos 350.000 km, y 477 gasoductos en obra, lo que representaba una longitud acumulada equivalente a veinticuatro vueltas al mundo (Ibíd., p.27.). Como señalan Malm y Carton, fue la empresa francesa Total la que inició, ese año, la trayectoria de crecimiento más agresiva, con la puesta en marcha de su proyecto EACOP, el oleoducto de crudo calentado más largo del mundo. En febrero de 2022, Noruega otorgó tantas licencias de exploración (700) como durante el medio siglo anterior. Ese mismo año, en Estados Unidos, la administración Biden concedió 307 permisos de exploración de petróleo y gas en el Golfo de México. Como guinda del pastel, la empresa de análisis energético Rystad Energy llegó incluso a anunciar –con referencias bíblicas de respaldo [3]– que, tras siete años de ganancias mediocres, el año 2022 marcaba el inicio de un “superciclo” de ganancias para el sector energético. Ese año, al igual que los siguientes, en contra de toda forma de racionalidad de la transición, la burguesía no dejaba de empantanarse en las energías fósiles.

Si bien la energía fotovoltaica es, por ejemplo, la fuente de energía “que ha experimentado la caída de precios más espectacular jamás registrada” (Ibíd., p.187.), esto no se tradujo en absoluto en una reorientación de las inversiones hacia las energías renovables, debido a las posibilidades de control, almacenamiento y oportunidades de ganancias que garantizan las energías fósiles. Además, a diferencia de las energías renovables, la explotación del petróleo y el gas ofrece la posibilidad de generar “superganancias”. Por ejemplo, las perturbaciones recurrentes en el transporte de las reservas de energías fósiles permiten a las empresas competidoras subir sus precios, o incluso conquistar nuevos mercados. En el mercado del petróleo, los precios fluctúan de manera cíclica y ofrecen la posibilidad de obtener márgenes importantes [4].

Los modelos de adaptación climática al servicio del capital

Para la clase capitalista, el calentamiento global no es más que el costo de la “modernidad fósil”. Una consecuencia necesaria del desarrollo natural de la historia humana. La burguesía no puede admitir la existencia de una crisis que solo podría resolverse con su propia desaparición. La de una clase que determina la producción únicamente en función de las ganancias que puede obtener de ella. Los efectos históricamente específicos del “modo” de producción aparecen, por lo tanto, como factores intangibles de la producción social.

Malm y Carton muestran cómo este punto de vista también impregna los escenarios de adaptación desarrollados por las instituciones de gobernanza climática, que la consideran ante todo desde la perspectiva de los costos. En su sexto informe de evaluación del año 2022, el GIEC (Grupo intergubernamental de expertos sobre el cambio climático) señalaba que si había comenzado a considerar el desborde del umbral climático, era simplemente porque sus “modelos no podían encontrar otras soluciones” (Malm y Carton, op. cit., p.87.). Estos modelos a los que se hace referencia provienen de la “modelización de evaluación integrada” (MEI). Su objetivo es modelar numéricamente el impacto de la política climática en otros ámbitos sociales, como la economía. Se trata, por tanto, de “integrar” la ecología en el marco existente, el de la economía capitalista. Estos modelos integran, por tanto, la problemática de los activos varados y las “leyes” de la producción capitalista, que determinan entonces el campo de posibilidades de la política climática. Como un caballo de Troya en pleno corazón de los escenarios del GIEC, los cimientos de la sociedad burguesa estructuran lógicamente las respuestas proporcionadas por la gobernanza climática. Al igual que en Sans transition de Jean Baptiste Fressoz, la crítica no está dirigida, por supuesto, al consenso científico establecido por los grupos I y II del GIEC sobre el cambio climático y sus diversos impactos, sino a la naturalización del capitalismo en las “soluciones” que elabora el grupo III.

En este sentido, Malm y Carton destacan el papel “antirrevolucionario” de los escenarios de adaptación, en la medida en que cierran las puertas a horizontes alternativos. La antirrevolución debe entenderse aquí como el hecho de prevenir un imaginario revolucionario.

En palabras de Mark Fisher, dado que el “realismo capitalista” se ha instituido en la política climática, esta ya no podía ser más que “políticamente claustrofóbica” [5], confinada en el exiguo universo del capital.

Irónicamente, al no señalar ningún otro camino que el del rebasamiento, los MEI demuestran la incapacidad estructural del capitalismo para responder a la crisis climática. Puestas insidiosamente al servicio de las industrias de combustibles fósiles, las instituciones de la ciencia climática actúan desde entonces como sus auxiliares. Al naturalizar la trayectoria del overshoot, preparan el terreno para que sus consecuencias sean tratadas como fatalidades históricas.

El ecocidio es un “paupericidio”

Como ya escribió Malm en Por Palestina y por la Tierra: “Cuando la atmósfera ya está saturada de CO2, la letalidad de cualquier cantidad adicional de CO2 emitida es elevada y sigue aumentando. Las pérdidas humanas masivas son, por lo tanto, el resultado ideológica y mentalmente integrado, y de hecho aceptado, de la acumulación de capital” [6]. Cada tonelada de CO₂ emitida a la atmósfera condena ahora a una parte de la población mundial. En contraposición a una ecología burguesa que anestesia la cuestión de la responsabilidad al diluirla abstractamente en la “sociedad de consumo”, Malm y Carton sostienen así que es precisamente la clase que dirige la producción la responsable de la crisis ecológica. Esto es tanto más cierto cuanto que, entre 1990 y 2019, las emisiones per cápita de la mitad más pobre de la población europea y estadounidense se redujeron en casi un tercio, debido a la contracción de los salarios y del consumo (Malm y Carton, op. cit., p. 217.). Sin embargo, en el mismo período, las emisiones no han dejado de crecer. Por lo tanto, se desarrolla cada vez más una identidad inmediata entre la producción, consumo y emisión de carbono: esta producción es decidida y consumida por las mismas personas. “Las bombas de carbono eran detonadas y utilizadas por el mismo cuerpo de oficiales, y no por una infantería plebeya”.

Dado que el derrocamiento del sistema capitalista es impensable para una clase que saca provecho de su posición dominante, habrá que erradicar poblaciones enteras. Mientras Trump hace cada vez más transparente el dominio burgués –por ejemplo, al incorporar a su administración a capitalistas industriales de primer orden, como Elon Musk–, la inacción climática también se ha vuelto evidente con la presidencia de las COP por parte de directores ejecutivos de empresas petroleras.

Durante la COP 28, en 2023, fue así el sultán Al Jaber quien estuvo al mando. Director general de ADNOC, la principal empresa petrolera de Emiratos Árabes Unidos, insistió en que el problema no eran las energías fósiles… ¡sino las emisiones! Una vez más, la solución sería únicamente de carácter técnico. Bastaría con esperar, un poco más, al desarrollo de las tecnologías de captura de carbono. “En 2023, la protección activa del capital se había infiltrado hasta en la cúspide de la gobernanza climática, el giro de lo irreal cerrándose sobre sí mismo, la obra convertida en una tragedia y una farsa a la vez, con la ideología del desborde del umbral climático como decorado oficial” (Ibíd., p. 245).

La “política climática tardía”

Ante la superación y su gestión capitalista, las fuerzas sociales y ecologistas parecen empantanadas en la ambigüedad estratégica. Esto es lo que constatan acertadamente los dos autores: “ni el Green New Deal, ni el decrecimiento, ni ninguno de los otros programas que circulan actualmente tienen un plan para descartar los activos que deben descartarse. Son tan ricos en propuestas para desarrollar las energías renovables y reducir la producción como pobres en ideas sobre la dimensión ineludiblemente destructiva de la transición, sobre la demolición de templos venerables [las infraestructuras de las energías fósiles], contra la voluntad de sus guardianes y sus santos: pero ahí está, desde nuestro punto de vista, el meollo del problema” (ibíd., p. 237). Ante la debilidad de las perspectivas actuales, la urgencia de la situación lleva a algunos a proponer alianzas con sectores de la burguesía. Malm y Carton debaten así con Thomas Meaney, un defensor del Green New Deal que propone la constitución de “frentes populares” para librar la batalla junto al capitalismo verde, la fracción “iluminada” de la burguesía, contra el capitalismo fósil. En el plano geopolítico, se trataría de construir una alianza entre los imperialismos verdes en ciernes, que serían China y la Unión Europea, contra los imperialistas pardos, Estados Unidos y Rusia. Según él, el resto del mundo se encontraría así como un “revolucionario indio” de los años ‘40, atrapado en una tenaza entre “el Imperio británico y el fascismo japonés”. Se trataría entonces de elegir su imperialismo, y aunque esta alianza se hiciera a regañadientes, seguiría siendo la única oportunidad de supervivencia de la humanidad. “La mera supervivencia no es una victoria, pero la primera es sin duda la condición de la segunda”, concluye.

Para ambos autores, esta estrategia representa un callejón sin salida peligroso. Incluso subrayan que la existencia de un “capital verde” independiente dista mucho de ser evidente, dada la debilidad de las empresas del sector. Estas, por cierto, no tienen ninguna dificultad en tener como clientes a las empresas petroleras y de gas. No existe ningún frente de batalla que ponga en lados distintos de las trincheras ambos tipos de empresas. Si bien los capitalistas del sector de la descarbonización tienen interés en desplegar sus capacidades de producción, esto no se traduce necesariamente en una transición efectiva. De hecho, esto es lo que se observa desde hace años: el desarrollo de las energías bajas en carbono se acelera, sin llegar a sustituir a las energías fósiles [7]. Dado que las instalaciones de explotación de hidrocarburos se integran cada vez más en el “capital común de la clase”, a través de los bancos, los gestores de activos, las bolsas, etc., la clase capitalista tenderá más bien a obstinarse de manera unitaria en la preservación de las energías fósiles.

Ante el abandono asumido del objetivo de contener el aumento de las temperaturas en 1,5 o 2 °C, ¿los activistas ecologistas deben abandonar también esta reivindicación en aras del “realismo” y limitarse a “adaptarse” a los desastres venideros, o por el contrario seguir defendiéndola a riesgo de desfasarse de la realidad biofísica producida por el capitalismo? Malm y Carton defienden la candente actualidad y la importancia vital de la lucha por contener el calentamiento en 1,5 °C. En el contexto del desborde del umbral climático, esta medida adquiere un carácter aparentemente contradictorio. Es al mismo tiempo ultramínima, en el sentido de que consiste únicamente en limitar la degradación de las condiciones biofísicas que permitían la vida humana en la Tierra, hasta ahora consideradas como un hecho. Pero es al mismo tiempo máxima, en el sentido de que esta preservación implicaría hoy acabar con el capitalismo. Para superar esta aparente contradicción, Malm y Carton proponen entender la defensa de la limitación del calentamiento global como una medida transitoria, inspirándose en el Programa de Transición desarrollado por el revolucionario ruso León Trotsky. La idea es que este tipo de medidas transitorias actúen como un puente en la conciencia colectiva entre las necesidades concretas (preservar las condiciones de la vida humana en el planeta) y la revolución.

Habiéndose vuelto ya un clásico del pensamiento eco-marxista, Overshoot aporta una clarificación saludable de los mecanismos de defensa del capitalismo frente a la crisis que él mismo ha producido, y de la coyuntura de superación que se abre. El preludio de esta coyuntura, en un clima más general de militarización y tensiones interimperialistas, implica repensar en profundidad las estrategias que han prevalecido hasta ahora en el movimiento ecologista. Malm y Carton demuestran acertadamente el callejón sin salida que suponen las alianzas con una parte de la burguesía, que no tiene ningún interés en el derrocamiento de su modelo. Ante este callejón sin salida y la coyuntura de superación, solo un proyecto político de independencia de clase, basado en la fuerza social de los trabajadores y en su capacidad para bloquear y transformar la producción, podrá constituir una respuesta a la altura.

Notas:

[1] Andreas Malm y Wim Carton, Overshoot: Résister à l’idéologie du dépassement, París, La Fabrique, 2026, traducción francesa de Overshoot: How the World Surrendered to Climate Breakdown, Londres, Verso, 2024.

[2] Jean-Baptiste Fressoz, “In tech we trust: A history of technophilia in the Intergovernmental Panel on Climate Change’s (IPCC) climate mitigation expertise”, Energy Research & Social Science, vol. 127, 2025.

[3] Según Audun Martinsen, jefe del departamento de investigación energética de Rystad Energy: “Parece que los proveedores mundiales de petróleo y gas van a revivir la historia bíblica del sueño del faraón egipcio sobre siete años de abundancia y siete años de hambruna, solo que en orden inverso. Todo apunta a que 2022 marcará el inicio de otro superciclo para el sector de los servicios energéticos”.

[4] Andreas Malm, Fossil Capital: The Rise of Steam Power and the Roots of Global Warming, Verso, 2016, p.370.

[5] Mark Fisher, Désirs postcapitalistes, Audimat éditions, 2022, p.12.

[6] Andreas Malm, Pour la Palestine comme pour la Terre: Les ravages de l’impérialisme fossile, París, La fabrique, 2025, p. 28.

[7] Jean-Baptiste Fressoz, Sans transition, París, Seuil, 2024.

Este artículo fue publicado originalmente en francés en Armes de la Critique, parte de la red internacional La Izquierda Diario en Francia.

Traducción: Guillermo Iturbide.

Fuente: https://www.izquierdadiario.es/Como-la-burguesia-organiza-el-caos-climatico

PETER THIEL EN ARGENTINA: La llegada del verdadero Anticristo (con videos esclarecedores)

 




Peter Thiel considera –no se rían que es el asunto más serio que pueda concebirse– que todos los que abogamos por la justicia social somos agentes del Anticristo.

Esto es algo muy fuerte: no tengo la gracia de la fe pero considero el mensaje de Jesús –particularmente sus bienaventuranzas, el sermón de la montaña– un parteaguas en la historia de nuestra especie. Que hay  un antes y un después, y que recién después puede hablarse plenamente de Humanidad. Desde que todos somos parte del pueblo elegido, aunque imperfectos hechos a imagen y semejante del Creador, y que por lo tanto nuestros cuerpos son sus templos

Es desde ese lugar que considero a Thiel el principal anticristo junto con la plana mayor de su empresa Palantir , su hijo putativo, el vicepresidente Vance, y monigotes como Trump y Milei.

Pues bien, rodeado de guardaespaldas, Thiel acaba de ingresar a la Argentina y dicen planea quedarse dos meses para estudiar la experiencia anarco-capitalista capitaneada por los hermanos Milei.

Thiel encabeza a los multimillonarios del Silicon Valley que se llaman anarco-capitalistas y se proponen apoderarse del Estado para destruirlo desde adentro y reemplazarlo acabando con las formas democráticas e instaurarando una dictadura de los algoritmos (al servicio de los multibillonarios), lo que en esta primera etapa consiste en respaldar sin cortapisas la hegemonía militar del tándem Estados Unidos-Israel.

Publicidad pagada por Parlantir en el New York Times.

No encuentro palabras para subrayar la importancia de combatir a esta gente, que mueve los piolines de insignes patanes como Trump y Milei.  No encuentro la suficiente elocuencia para advertir que están en contra de nuestra especie: Thiel considera que no sólo es un derecho individual (de algunos, pocos, individuos, los más ricos) a todo tipo de transplantes, incluido de cerebros, sino que confía en la IA para modificarlo todo, incluidos los sentimientos, dando lugar a transhumanos aspirantes a la eternidad.

En fin, que Thiel y sus adláteres de Palantir como Karp y Zaminska, y su hijo putativo, el vicepresidente Vance (y los neopentecostales sionistas, de los cuales el «pastor» Dante Gebel es un buen ejemplo de su ala soft) sons la némesis del verdadero cristianismo, su enemigo mortal, el anticristo.

Milei fue a la tumba del Papa Francisco en un acto de insuperable hipocresía. He aquí lo que verdaderamente pensaba de él.

Recomiendo escuchar/ver a dos excelentes periodistas, Alejandro Bercovich y Nicolás Lantos referirse a  la visita de Thiel. Y, si el tema les interesa, seguir todo lo que viene investigando Lantos en este tema: Basta poner en YouTube «Lantos» y «Palantir».

Antes (o después, como gusten) les recomiendo leer esta esclarecedora nota que publicó un sitio muy recomendable, Curatropía. Si hay algo que queda claro es que los enemigos de estos anticristos somos los soberanistas, ya seamos los comunistas, peronistas, socialistas, China, India, Rusia, Irán, Brasil, Cuba, Vietnam, España, Francia, Alemania, Burkina Faso, Níger, el Yemen de los hutíes y, en fin, todas las naciones cuyos pueblos y dirigentes, a pesar de sus diferencias, acuerden en algo tan elemental como preservar y acrecentar las capacidades nacionales de fijar el rumbo de su existencia.

Más claro aún: estos anticristos sostienen que un Estados Unidos en manos privadas deben ganar la carrera de la IA y del poder militar. Consideran que la rivalidad con China solo se puede resolver con la derrota inapelable de China porque de lo contrario China vencerá.

Los videos van después, más abajo.

Silicon Valley descubrió la patria

Karp, Palantir y la idea de que defender Occidente es demasiado importante para dejársela al Estado. 

Hay libros que se presentan como diagnóstico y funcionan como programa. The Technological Republic, del cofundador y CEO de Palantir Alexander Karp y su asesor legal Nicholas Zamiska, es uno de ellos. Bestseller del New York Times, elogiado por Jamie Dimon, Eric Schmidt y el general Mattis, inspiración declarada del gobierno de Keir Starmer según The Times of London: el libro aparece rodeado de avales que ya dicen algo antes de abrir la primera página.

Alexander Karp y su best-seller.

La tesis central es simple: Silicon Valley traicionó su destino. Una generación de ingenieros brillantes que deberían haber puesto su talento al servicio de la defensa de Occidente se distrajeron con aplicaciones de fotos y algoritmos de marketing. Esa distracción tiene un precio geopolítico.

El problema está en lo que sigue.

La estructura del manifiesto

Karp y Zamiska empaquetan neoconservadurismo clásico en lenguaje de innovación y urgencia civilizatoria. El libro no propone regular el poder de Silicon Valley sino expandirlo, orientarlo, darle una misión más grande. El CEO como nuevo Oppenheimer. Palantir como un Manhattan Project voluntario. La IA como el átomo de este siglo.

Es la misma operación retórica del populismo de derecha contemporáneo, la de Trump incluido: un diagnóstico compartido que desemboca en una solución excluyente. La crítica al consumismo digital trivial, al vaciamiento de la clase política, a la impunidad de las élites financieras son algunas observaciones que resuenan. Funcionan como puerta de entrada a un edificio ideológico muy distinto.

Hacia el final del manifiesto que circula como presentación del libro, la arquitectura queda expuesta. “Algunas culturas han producido maravillas, otras han resultado mediocres y peores, regresivas y dañinas.” Y luego, la pregunta que históricamente precede a la respuesta de que hay un nosotros que define los términos: “¿Inclusión en qué?”

¿Qué cambia esta vez?

La objeción más seria es también la más obvia. La tecnología siempre terminó incorporada a la maquinaria de guerra del Estado. El radar, internet, el GPS, la energía nuclear emergieron o fueron acelerados por la lógica militar. ¿Qué tiene de nuevo este caso?

La diferencia no está en la incorporación sino en quién conduce el proceso y en qué dirección corre la causalidad. En los casos históricos clásicos la secuencia fue el Estado financia, la tecnología emerge, después el sector privado. El poder soberano mantuvo, al menos formalmente, la conducción. Hubo deliberación pública, marcos regulatorios, tratados internacionales. El átomo tuvo Asilomar (1). La biotecnología tuvo moratorias. Existía una arquitectura de control que no era solo retórica.

Karp propone invertir esa secuencia. El capital privado ya construyó la infraestructura y ahora le ofrece al Estado su uso, en sus términos, bajo su lógica. Palantir no trabaja para el Pentágono como Boeing fabrica aviones: define qué información ve el Pentágono, cómo la interpreta, qué decisiones habilita. Eso es poder sobre el conocimiento, no solo poder industrial.

La segunda diferencia es la velocidad. La IA no tiene el ciclo largo de la física nuclear o la ingeniería aeroespacial que permitía, aunque sea en teoría, supervisión y deliberación. Se despliega en tiempo real, se actualiza sola, y sus efectos son difíciles de atribuir.

La tercera diferencia es la más importante. En este caso la tecnología no solo se incorpora a la guerra sino que redefine qué cuenta como guerra. La vigilancia de poblaciones civiles, la manipulación informacional, la predicción de comportamiento político son ahora parte de la “defensa nacional”. El perímetro se disolvió.

Europa también

Sería un error leer The Technological Republic como un fenómeno exclusivamente norteamericano. El libro llega en el momento preciso en que Europa protagoniza su propia reconversión industrial hacia la lógica bélica, y eso no es coincidencia: es el mismo clima ideológico operando en simultáneo a ambos lados del Atlántico (y del norte y el sur de América, N. del E.).

Renault anunció el desarrollo de un dron de uso militar y civil y selló una alianza con el grupo Turgis Gaillard para producir drones aéreos en Francia. Volkswagen negocia con la firma israelí Rafael la producción de componentes para sistemas de defensa antimisiles. Los analistas de Citi bautizaron este fenómeno como el trade anything but autos: la industria automotriz europea, en crisis por la caída de ventas y la competencia china, encuentra en el rearme una salida. La transición de ruedas a armas es posible porque las capacidades subyacentes son transferibles.

El marco institucional acompaña. La Unión Europea movilizará más de 800.000 millones de euros para acelerar la inversión en defensa, con drones e inteligencia artificial como áreas prioritarias. Alemania asignó casi 12.000 millones de dólares para construir su arsenal de drones. La inversión de capital de riesgo en el sector de defensa europeo alcanzó un récord de 1.500 millones de dólares, un 50% más que en todo 2024.

La startup de defensa más valiosa del continente, Helsing (2), comenzó haciendo software militar y expandió su oferta a drones con asistencia de IA y jets de combate autónomos. El modelo de negocio es idéntico al de Palantir: tecnología privada que define las capacidades operativas de los Estados. En Europa el discurso de legitimación no apela a la grandeza civilizatoria sino a la autodefensa ante la amenaza rusa, lo cual lo hace, si cabe, más difícil de cuestionar.

N. del E.: El presupuesto militar de Estados Unidos para 2027 ha sido propuesto en una cifra récord de $1,5 billones ($1.5 trillion, más de un 40’% de aumento) por la administración se basa, sobre todo, en la superioridad tecnológica que preconizan Thiel y Palantir. Lo que a mi juicio hace que una gran guerra a corto plazo sea casi inevitable. Lo que hace que la recuperación del gobierno, la recuperación de nuestra tradicional doctrina de neutralidad ante contiendas ajenas y el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas nacionales para defender nuestro territorio y nuestra gente de la codicia extranjera sea un asunto vital, de primer orden. Que puede requerir una instrucción (que no servicio) militar o civil de toda la población, de manera de disuadir invasiones como ya hemos sufrido en las islas australes y a no dudarlo sufriremos en la Antártida a menos que no tomemos las medidas adecuadas.   

Un poco de sentido común: https://www.instagram.com/reel/DXVqFfgEUq-/?igsh=YzljYTk1ODg3Zg==

Fascismo de élite

Lo que hace a este discurso más peligroso que el fascismo clásico no es su virulencia sino su presentabilidad. No convoca a las masas sino a los mejores. No apela al resentimiento sino a la responsabilidad. Su sujeto político no es el pueblo traicionado sino la élite técnica con conciencia nacional.

Shoshana Zuboff (3) describió cómo las grandes plataformas convirtieron la experiencia humana en materia prima para la predicción y modificación del comportamiento. Karp no contradice ese diagnóstico: lo abraza y lo reencuadra como virtud. Si el poder de predecir y modificar comportamientos existe, mejor que esté en manos de las «democracias» occidentales.

El argumento es impecable en su lógica interna y devastador en sus implicancias: naturaliza la vigilancia, la militarización de la IA y la alianza entre capital tecnológico y Estado de seguridad nacional como inevitabilidades a administrar, no como fenómenos a cuestionar.

Amy Chua advirtió que las élites liberales suelen subestimar la fuerza del tribalismo como organizador político. Karp no lo subestima: lo instrumentaliza. Construye un nosotros civilizatorio que necesita un ellos lo suficientemente amenazante para justificar la movilización. El adversario no tiene que ser nombrado con precisión: alcanza con que sea difuso y ajeno a nuestros valores.

La captura del relato

El relato sobre la IA está siendo capturado a velocidad inusitada. Las voces que dominan la conversación pública son, en su mayoría, las mismas que tienen interés directo en su desarrollo sin restricciones. The Technological Republic es un instrumento de esa captura: le da marco filosófico, legitimidad histórica y urgencia moral a una agenda que de otro modo quedaría expuesta como lo que es, la expansión del poder corporativo sobre los aparatos de seguridad del Estado.

El colapso deliberativo de la política contemporánea hace el resto. En un espacio público donde la complejidad no tiene lugar, un libro que promete claridad civilizatoria tiene ventaja estructural sobre cualquier análisis que introduzca matices. La retórica de plantilla, ese repertorio de fórmulas que produce certeza en lugar de comprensión, encuentra en el discurso tech-patriótico su versión más sofisticada y, por eso mismo, más difícil de desmontar.

Lo que el libro no dice

The Technological Republic no pregunta quién controla a Palantir. No pregunta qué pasa cuando el software que “defiende las democracias” se usa para vigilar a sus propios ciudadanos. No pregunta por qué el servicio militar universal que propone como deber cívico no incluye ninguna reflexión sobre qué guerras merece librar Occidente ni en nombre de quién.

El libro opera en el registro del deber ser. Y en ese registro, la pregunta sobre el poder real, quién lo tiene, cómo se acumula, a quién beneficia, no tiene lugar.

Eso, precisamente, es lo más revelador del manifiesto. No lo que dice, si no lo que calla.

Notas

1) «Asilomar» se refiere principalmente a un centro de conferencias en California, famoso por albergar reuniones científicas históricas de alto nivel para establecer normas éticas, siendo las más destacadas la Conferencia sobre ADN Recombinante (1975) y la Conferencia sobre Inteligencia Artificial (2017).

2) Helsing GmbH es una empresa alemana de tecnología de defensa con sede en Múnich. Fundada en 2021 por Torsten Reil, Gundbert Scherf y Niklas Köhler, desarrolla drones militares y software de inteligencia artificial.

3) Shoshana Zuboff es una socióloga, profesora emérita en la Harvard Business School y escritora estadounidense, que pasó su infancia en Argentina. Algunos de los temas más recurrentes en sus obras son la revolución digital, la evolución del capitalismo, la emergencia histórica de la individualidad psicológica y las condiciones del desarrollo humano. https://es.wikipedia.org/wiki/Shoshana_Zuboff.

¿Fin?

 


El vocero que perdió la voz

Jan Matejko, 1862. "Stańczyk en un baile en la corte de la Reina Bona tras la pérdida de Smolensk". Intervenido por Navaja, aninado por Silvia Canosa
 
 

 

“Todo lo que quieras saber está en mi declaración jurada”, respondió cuando le preguntaron a cuánto ascendía la cuota mensual y los intereses que pagaba por el crédito hipotecario con el que compró su piso de 205 m2. “Muy alta. Pero todo lo que quieras saber está en mi declaración. Podés verlo todo ahí”, dijo, antes de cortar en forma abrupta el diálogo y alegando que debía atender otros compromisos. Su malhumor era inocultable. Ya había acudido a la misma explicación en programas de noticias por cable, citando la declaración jurada, luego de que El Cohete revelara la adquisición, por 340.000 dólares, de la vivienda. Aunque todo estuviera en la declaración jurada, no se entiende por qué eso excluiría responder preguntas periodísticas acerca de la transacción.

 

Este párrafo no se refiere a Manuel Adorni sino a María Eugenia Vidal. Es transcripción textual de la nota de portada del Cohete del 24 de octubre de 2021, de la que sólo se ha excluido el nombre y el género de quien responde el interrogatorio, y la ubicación de la propiedad a la que se mudó. A partir de 2015, cuando fue electa gobernadora de la provincia de Buenos Aires, se presentó en las redes antisociales como "Mamá orgullosa de Camila, María José y Pedrito. Orgullosamente bonaerense". Después de perder la reelección y postularse para una diputación en la Capital Federal, borró esa definición y anunció que era "orgullosamente porteña", y se mudó de Morón a Recoleta. Pero en ninguna de sus declaraciones juradas había referencia alguna a las cuotas ni a los intereses que debía pagar, que superaban largamente sus ingresos como funcionaria. Sólo El Cohete investigó el tema y no tuvo tratamiento judicial.

Vidal dijo que a los 49 años era lo único que poseía, que todos la conocen y saben de su honestidad, igual que Adorni. “No tengo autos ni cuentas offshore”, explicó, en un intento de desmarcación del ex Presidente Maurizio Macrì, a quien  precisamente no le falta nada de eso. También atribuyó los cuestionamientos patrimoniales a la campaña electoral de aquel momento, como si en ese lapso estuviera prohibido escrutar la vida y milagros de quienes se postulan a cargos electivos. Es decir, lo contrario de aquello que es norma en todos los países del mundo, por el obvio interés público de esa información. ¿Qué mejor momento que cuando alguien pide el voto para representar a la comunidad? "Su vida privada por desgracia es pública", dijo Adorni cuando Vidal se separó de Ramiro Tagliaferro. Vidal se lo recordó ahora cuando él pretendió que sus propios viajes y sus propiedades eran cuestión de su vida privada.

 

Mi vida privada.

 

 

En las páginas electrónicas del Ministerio bonaerense de Justicia y Derechos Humanos y de la Oficina Anticorrupción no constaba ni la ubicación del inmueble que adquirió Vidal, la identidad de quien lo vendió ni las condiciones de la operación. Los datos concretos estaban encriptados en una dependencia del Ministerio provincial y en la Oficina Anticorrupción. Tanto la provincia cuanto la Nación respondieron que sólo era posible abrir la declaración jurada por orden de un juez. En las entrevistas con un par de amistosos papagayos mediáticos sólo explicó que al divorciarse vendió su casa anterior y su auto y se quedó con la mitad. Con ese fondo pagó la mitad del departamento “y la otra mitad con un crédito que saqué a diez años para pagar en cuotas”. Dio a entender que se trataba de un préstamo bancario, pero no identificó la entidad.

 El Cohete consiguió la escritura de compraventa del piso 10 de la avenida Pueyrredón 2421, en Recoleta. Vidal entregó 140.000 dólares y contó con un préstamo hipotecario por 200.000 dólares, según ese documento. Pero el precio de 340.000 dólares era ficticio. Un piso no en ese barrio sino en el mismo edificio, pero 10% más pequeño, era ofrecido en aquel momento por la inmobiliaria Gómez Salmerón a 540.000 dólares.

La escritura de Vidal revela que ese préstamo excepcional por el 60% del ficticio precio de venta se lo concedió Brenda Cecilia Biondi, quien lo había adquirido apenas un año antes por 330.000 dólares.

Por su departamento registrado a 240.000 dólares, Adorni entregó 30.000 dólares al contado y 200.000 con una hipoteca no bancaria, también otorgada por quienes poseían el inmueble, que aportaron 100.000 dólares cada una. Es decir que sólo puso el 10% y el restante 90% se lo prestaron las vendedoras, mucho más que a Vidal. Son Beatriz Viegas, de 72 años, y Claudia Szabo, de 64. El diario La Nación logró comunicarse con ambas, y las dos dijeron que no conocían a Adorni. Pero según la contadora Graciela Ocaña, Szabo califica como indigente, y la Capital Federal la subsidia con 60.000 pesos mensuales. En cambio, la declaración jurada como candidata a diputada por la Capital de Vidal, consigna que su deuda hipotecaria es con Jorge Alfonso Gutiérrez Carrillo, que no solo conoce al Hada Buena. Es el esposo de Brenda Cecilia Biondi. La hipoteca equivalía a 125.000 dólares, que es el 30% del precio ficticio declarado y el 23% del precio de mercado. La incongruencia es manifiesta.

Pero hay más:

Los 140.000 dólares que dice haber pagado Vidal no son la mitad de 340.000, sino poco más del 40%. De modo que consiguió una hipoteca por casi el 60% del precio pactado. Una enormidad en comparación con Adorni, quien apenas puso el 10%. Nadie acepta una hipoteca en esas condiciones, ya que en caso de incumplimiento el bien debe rematarse y en esas condiciones es imposible recuperar su valor.

Si el préstamo hipotecario de Vidal de 200.000 dólares fue a devolver en 120 cuotas, cada una sería de 1.666 dólares, más no especificados intereses. En ese momento la remuneración bruta de cada diputada era de 330.000 pesos mensuales, sobre los cuales debía pagar impuesto a las ganancias, obra social y jubilación, luego de lo cual quedaría un neto de 230.000. Si consiguió dólares al cambio oficial, solo le restarían 55.000 pesos mensuales para vivir con sus tres hijos. Las expensas del piso y la cuota de uno de sus chicos en el carísimo colegio ORT ya consumían más que eso. Y si hubiera debido pagarlos al cambio paralelo, le faltarían 88.000 pesos mensuales.

Tampoco contó de qué vivió desde que concluyó su mandato bonaerense, en diciembre de 2019, ni con qué recursos pagó las costosas reformas realizadas durante casi un año en el piso de Recoleta, que pueden rondar los 100.000 dólares, ni el viaje familiar de turismo que realizó con toda la tribu a Australia.

Es impactante la similitud de esta trapisonda de la orgullosa dirigente PROcaz y la que acaba de descubrírsele al jefe de gabinete de ministros y vocero presidencial, quien tampoco se cree obligado a dar explicaciones a quienes somos "apenas periodistas" y no jueces. Hay diferencias, porque Adorni compró el piso de la calle Miró en Caballito, donde vive, y un jeep de 2021, sin vender el departamento que habitaba en Parque Chacabuco ni la camioneta Renault que conducía. El nuevo alojamiento tiene 197 m2 y cochera y dice haberlo escriturado en noviembre de 2025 por 230.000 dólares. Además, apareció a nombre de su esposa una casa de fin de semana en el country Indio Cuá. Pero para la administración del barrio privado, el propietario es el agente bursátil Juan Ernesto Cosentino.

 

Mi vida privada.

 

Pero además de similitudes hay diferencias. En el caso de la ex gobernadora,

  • El padre de Brenda Cecilia Biondi y suegro de Gutiérrez Carrillo es el apoderado legal de María Eugenia Vidal ante la AFIP, Mario Biondi (h), quien durante toda su gestión gubernativa fue miembro del directorio del Banco Provincia. ¿Por eso en su última declaración, Vidal omitió el apellido Biondi, desplazado por Gutiérrez Carrillo?
  • El contador Biondi (h) también es el síndico de la gerenciadora de convenios farmacéuticos Preserfar, creada por los grandes laboratorios nacionales e internacionales, uno de los mayores proveedores de medicamentos a la provincia que gobernaba Vidal.
  • Gutiérrez Carrillo es el subgerente general de esa comercializadora de drogas. Tanto él como su suegro Biondi tienen como domicilio legal Viamonte 867, piso 5°, de la Capital Federal.
  • El mismo domicilio declaró Vidal ante la AFIP como autora del libro Mi camino. Ningún fiscal ni juez se interesaron por determinar si estas fueron operaciones legítimas o de blanqueo de dinero ilegal.

Adorni no tiene tantas relaciones y sus acreedoras no lo conocen. Pero la escribana que protocolizó cada salida de compras inmobiliarias, Adriana Nechevenko de Shuster, tendrá que declarar esta semana como testigo ante el juez Lijo, que con la sangre en el ojo por haber rebotado como candidato a integrar la Corte Suprema de Justicia y con la aspiración de ocupar la Procuración General de la Nación, está más curioso que nunca. Lo más interesante es la clientela de la escribana. Ella fue quien intervino en el caso de la efedrina, con ramificaciones que alcanzan al triple crimen de general Rodríguez. Según el operador judicial de Clarin, Daniel Pedro Santoro, uno de los condenados por aquella causa en la que participó la escribana de Adorni fue Josué Fuks, socio de Ibar Pérez Corradi. La extradición de Fuks fue tramitada desde Israel. "La efedrina se importaba de China, luego se contrabandeaba a México para producir metanfetaminas destinadas a Estados Unidos. El negocio dejó 500 millones de dólares", escribió Daniel Pedro Santoro. En la causa de Adorni, Nechevenko fue citada como testigo. Esta es una ventaja relativa, porque estará obligada a decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

Otro de los empresarios a los que asistió la escribana de Adorni es Guillermo Manfredi, de Farmacéuticos Argentinos SA, quien solicitaba la autorización para importar la efedrina a la Sedronar. Por eso, la jueza María Servini procesó al titular de esa secretaría, José Granero. Se diría que el tráfico de drogas trae anexa la presidencia de la Nación. Son demasiados gobiernos involucrados en distintas maniobras que incluyen esa lucrativa actividad. Salvo prueba en contrario, los escribanos no son responsabilizados por los actos de sus clientes que protocolizan. Pero en el caso de Nechevenko hay indicios que requieren una explicación: en el último año visitó mes por medio al Jefe de Gabinete en la Casa de Gobierno. Será difícil explicar la relación de esta sociabilidad con la escrituración de algo ya conocido.

La última semana, Adorni contrató los servicios del estudio Ledesma, cuyo titular es Guillermo Ledesma, el primer juez que declaró inconstitucional la autoamnistía en cuanto la promulgó la dictadura, y que luego fue uno de los que juzgaron a las tres primeras juntas. Pero el clima político se detecta en la referencia de todos los medios a Ledesma, como "el abogado de Yabrán". Y la denuncia de los vecinos de que usa el auto de la jefatura de gabinete para hacer las compras. Adorni tomó esa decisión a instancias del gobierno de los Hermanos Milei, que por ahora lo ha conservado en el gabinete, pero con la condición de que deje de dar explicaciones, porque cada vez que habla el barro se torna más pegajoso. Mañana habrá una reunión de gabinete donde tratarán de mostrar a un Adorni tranquilo y atareado en la gestión. El vocero muteado es otra curiosidad del mileismo. Pero ¿por qué piensan los Hermanos Milei que la presentación en la Cámara de Diputados dentro de tres semanas será distinta a una conferencia de prensa?  Es probable que, al comenzar, si ese dia llega y no prevalecen quienes señalan el último miércoles de abril como la fecha límite para que asuma un nuevo jefe de la administración general del país, Adorni advierta que sólo contestará sobre las materias de gestión que interesan al poder legislativo y no sobre las que sigue considerando cuestiones de su vida privada. Imaginemos como respondería la policía si ese fuera el argumento de un detenido con las manos en la masa. Tampoco se ve cómo podría eludir el gobierno preguntas sobre los créditos de centenares de miles de dólares otorgados a funcionarios y legisladores que avanzan con la libertad, por parte del Banco Nación (ése que Milei arrancaba del organigrama al grito de ¡Afuera!), o más específicamente de su presidente, Darío Wasserman. Su esposa, Pilar Ramírez, es un alfil de la Zarina reinante. La sesión puede terminar en un escándalo, tal como terminó la carrera del jefe de gabinete del ministerio de Capital Humano, Leandro Massaccesi, cuando Sandra Pettovello supo que estaba gestionando uno de los créditos más suculentos del Banco Nación. El expulsado es hijo del ex gobernador radical de Río Negro, Horacio Massaccesi, quien en 1991 asaltó un banco de verdad: el tesoro regional del Banco Central en el Comahue. Se llevó 16,6 millones de pesos (que entonces valían 16,6 millones de dólares), que estaban en custodia en la bóveda del Banco de la Provincia de Río Negro, para pagar sueldos atrasados de los jubilados, porque el ministro Domingo Cavallo no transfería los fondos automáticos de la coparticipación federal. Por entonces Milei no había aprendido a manejar la motosierra. En cambio el retoño más tierno de los Menem, Sharif, de 24 años, no recibió represalias por los 357 millones que le hizo prestar al Banco.

 

Pilar Ramírez y Darío Wasserman. La chequera de la libertad.

 

 

Antes de imputar al jefe de gabinete y llamarlo a declarar, el fiscal Gerardo Pollicita está reuniendo toda la información necesaria. Además del vuelo en el avión de Scatturice a Punta del Este, está rastreando las vacaciones del año anterior en un resort de lujo en Aruba. Como sólo encontró un registro de salida hacia Perú y un regreso a la Argentina desde Ecuador, su hipótesis es que esas fueron las escalas que siguió con su familia, porque no había vuelos directos a la isla neerlandesa de Aruba. Adorni había dicho que viajó a Vancouver, en Canadá. La imagen pública de Adorni se derrumbó y llega al 70% el porcentaje de quienes creen que debería renunciar.

Esto es muy complejo para el gobierno, y muy en especial para la Zarina, que es quien lo ha promovido hasta su actual cargo, con la intención ulterior de que el año próximo se postule para la jefatura de gobierno de la Capital Federal. El año pasado en las elecciones de medio término, donde encabezó la nómina libertaria a legisladores, relegó al cuarto lugar al macrismo. La matufia con el departamento en Recoleta de María Eugenia Vidal no tuvo consecuencias penales ni patrimoniales, pero su estrella política no volvió a brillar, como con alta probabilidad ocurrirá también con Adorni, aunque el jefe de gabinete no ha tenido el tiempo o el cuidado del Hada Buena para poner en orden su papelería, y viene corriendo de atrás. Ella, además, cultivó una sonrisa dulzona muy al gusto de la clase media, de modo que no dejó el tendal de resentidos por las agresiones que caracterizan al vocero. Su valor es que actúa como un tapón para obstruir el paso de quienes incomodan a la Zarina y a los primos Menem, ya se trate del Pequeño Caputo o de Patio Bullrich, quien no aspira a gobernar la Capital sino la Nación, si el descenso presidencial no se detiene. Milei todavía es competitivo, pero por lo pronto ya no evitaría una segunda vuelta. No llegaría al 45% ni le sacaría el 10% al segundo. Los últimos sondeos sobre intención de voto a Presidente, muestran un lote tupido, donde se amontonan con escasa diferencia el presidente, Bullrich, el futurismo y Cristina. Luego de dos años de menospreciar a la ex Presidenta, el gobernador de Buenos Aires ha comprendido que si no recupera el favor de quien lo eligió, debería ir pensando en una cátedra en la UBA. El Carlibianquismo ha comenzado a decir que es prematuro pensar en candidaturas, que es lo que venía haciendo desde hace dos años.

Dos de los tres miembros de lo que queda de la Corte Suprema de Justicia firmaron una acordada que modifica el reglamento para la designación de jueces por el Consejo de la Magistratura, según afirma con el propósito de reducir la discrecionalidad política y hacer el proceso más objetivo, transparente y basado en mérito. Para ello, se reduciría el peso de la entrevista personal sobre la selección de la terna a elevar al Poder Ejecutivo. Se reforzaría el peso de los exámenes y los antecedentes, se aseguraría el anonimato de las evaluaciones. También se harían los concursos antes de que se produjeran las vacantes, con criterios claros y puntajes verificables. La decisión seguirá de todos modos a cargo del Consejo de la Magistratura, porque así lo marca la Constitución.

 

Primero yo

Como Horacio Rosatti no firmó la Acordada, las firmas de Ricardo Lorenzetti y Carlos Rosenkrantz no formaron la mayoría de tres, lo cual debilita aún más esa aspiración. Sin embargo, contó con amplia adhesión del estamento leguleyo, incluyendo la Asociación de Magistrados, el Colegio Público de Abogados de la Capital, el Colegio de Abogados de la City de Buenos Aires, y también el G6 (que forman las principales cámaras patronales). Entre las 200 ternas acumuladas por el Poder Ejecutivo hay una para la Cámara Federal de la Capital, ilustrativa del funcionamiento del sistema que Lorenzetti y Rosenkrantz quisieran cambiar. En abril de 2024, la resolución 71 del Consejo de la Magistratura elevó al Poder Ejecutivo la siguiente terna para un tribunal oral de Santa Fe:

  1. Emilio Rosatti;
  2. Gonzalo Fernández;
  3. Sofia Chiambretto.

 

Rosatti es funcionario de ese tribunal desde hace ocho años. Pero en la evaluación de antecedentes, había ocupado el 9° lugar, con 62,2 puntos y en el examen escrito 2°, con 88 puntos. El orden de mérito resultante de ambas evaluaciones técnicas dejó a Baby Rosatti en 4° lugar, con 150,45 puntos, detrás de

  1. Gonzalo Fernández (con 172,75 puntos);
  2. Walter Alberto Rodríguez (155,70 puntos); y
  3. Patricio Octavio Longo (153,95 puntos),

que en consecuencia integrarían la terna electa.

Luego de las entrevistas de los candidatos con los miembros de la Comisión de Selección, integrada por nueve consejeros (Hugo Galderisi, Miguel Piedecasas, Alberto Lugones, Álvaro González, María Provitola, Jimena de la Torre, Agustina Díaz Cordero, Sebastián Amerio y Diego Gustavo Barroetaveña), Rosatti ya había saltado a la garrocha a los demás competidores. En la entrevista, dice el acta, “demostró un cabal conocimiento de la jurisdicción en concurso, fundado en su trayectoria profesional en el tribunal concursado”. Es lo que se llama un final feliz. Según la radio rosarina Red Boing , el 8 de enero de 2022, midió 2,24 en un control de alcoholemia. Pero lejos de requisarle el vehículo lo acompañaron hasta su casa en la misma máquina. El intendente de San José del Rincón, Andrés Sopérez, alegó que no había grúas para el acarreo y que  el corralón local estaba colmado de autos. Emilio Rosatti anunció que retiraba su candidatura, luego de otro episodio manejando  en estado de ebriedad. Compromiso Vial y otras 30 organizaciones de la sociedad civil solicitaron al Consejo de la Magistratura que se rechazara su pliego.

Emilio Rosatti también fue denunciado por violencia de género por su esposa, quien le atribuyó una relación paralela con la esposa de un compañero de trabajo, cuando ella llevaba tres meses de embarazo.

 

Fragmento de la denuncia presentada por la ex pareja de Emilio Rosatti a la justicia.

 

Otra de las situaciones que revela la demanda judicial es la violencia ejercida contra su pareja y su hija pequeña. Al ser descubierto en una situación aparentemente de infidelidad, el demandado sacó de la cuna a su hija y la tiró contra la cama matrimonial. “Esa noche fue el punto final de mi tolerancia”, señaló la denunciante. Pero en lugar de irse, Rosatti le gritaba a su esposa que llame al 911, porque la “iba a matar”, siempre según el relato de la denunciante a la justicia. Al día siguiente y en presencia de la mujer que trabajaba como niñera para la familia, el denunciado accedió a irse del hogar.

 

Rosattijo: denuncia por  violencia de género. Jueces de calidad.

 

 

En agosto de 2020, cuando ya la pareja se había separado y se había establecido un régimen de visitas para la hija en común, se produce una discusión en la puerta del domicilio de la ex mujer de Rosatti. La madre de la niña notaba que cada vez que la pequeña volvía de estar con su papá, llegaba llorando. Y entonces le hizo una advertencia a su ex marido, que reaccionó con violencia y pegándole una patada a su ex. La situación derivó en  la intervención policial. De allí surgió una medida judicial, previa inspección médica a la víctima, que estableció una distancia de 100 metros obligatoria para el hijo del presidente de la Corte. “Si bien lo he visto en actitudes violentas en reiteradas oportunidades, rompiendo cosas de la casa y/o empujándome a mí, jamás imaginé que podría poner en peligro la vida de mi hija”, planteó. Se comprende que Papá Rosatti no tenga ansiedad por mejorar el proceso de selección de nuevos magistrados.