
Fuentes: La Jornada - Imagen: Dibujo satírico publicado en 1896 en el diario catalán La Campana
de Gràcia,
criticando la actitud de Estados Unidos hacia Cuba.
La política
intervencionista de Estados Unidos contra Cuba se remonta al siglo XIX.
El presidente de
Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado en reiteradas ocasiones que su
endurecimiento del asedio criminal contra Cuba ya llevó al gobierno de su
homólogo Miguel Díaz-Canel a establecer conversaciones de alto nivel con
Washington a fin de negociar una salida. Asimismo, se ha difundido la especie
de que familiares de figuras relevantes de La Habana operan con la Casa Blanca
para pactar una transición.
En entrevista con
este diario, Carlos R. Fernández de Cossío, viceministro del Ministerio de
Relaciones Exteriores de Cuba, desmiente ambas versiones y recalca que se trata
de “rumores que funcionan como cortina de humo para ocultar la responsabilidad
del trumpismo en el criminal e inhumano estrangulamiento energético contra el
pueblo cubano”. Señala que en estos momentos no sólo no se da un diálogo de
alto nivel, sino que desde hace un año se encuentran suspendidas hasta las
pláticas usuales que han existido a lo largo de mucho tiempo, como las
conversaciones habituales con el Departamento de Estado. Fernández de Cossío
enfatiza que el gobierno al cual representa está abierto a conversar, pero esa
posibilidad “requiere voluntad y disposición del gobierno de Estados Unidos a
tener un diálogo serio, respetuoso, que tome en cuenta que no puede violentar
los derechos y las prerrogativas soberanas de las partes”.
Ante el cruce de
versiones, es necesario recordar que la conducta de Washington hacia La Habana
se encuentra fundada en la agresión, el despojo, la arrogancia colonialista y
un enjambre de mentiras desplegado para encubrir y justificar lo anterior. El
acto inaugural de esta relación abusiva fue la ocupación de la isla con el
pretexto de la guerra hispano-estadounidense, precipitada por la entonces
potencia emergente mediante una operación de falsa bandera que responsabilizó a
la decadente España borbónica de un atentado contra un buque estadounidense. A
continuación, la Casa Blanca sometió a Cuba a un régimen colonial bajo una
ficción de independencia. En dicho periodo, mafias y empresas de la
superpotencia –indistinguibles en lo que respecta a su actuación en la isla– se
apoderaron de tierras y personas, operando con toda impunidad un régimen de
servidumbre.
Tras el triunfo de
la revolución y el fin del yugo colonial, Washington urdió un bulo tras otro
para estrangular al pueblo cubano: que la isla debe indemnizaciones a sus
antiguos opresores por haber tenido la osadía de recuperar sus bienes y su
libertad, que la independencia de Cuba es una amenaza contra la seguridad
nacional estadunidense, que el gobierno de la isla financia organizaciones
terroristas o que existe una complicidad oficial con el narcotráfico. Cuando
las mentiras no alcanzan, la fuerza se impone sin más para someter por hambre
al pueblo que muestra al mundo entero que la dignidad es posible. México
también es objeto de la mendacidad como forma de gobierno instalada en
Washington. Legisladores ultraderechistas, funcionarios del aparato de
seguridad y espionaje y el propio Trump emiten una mentira tras otra, ya sea
para desestabilizar a los gobiernos progresistas existentes en México desde
hace siete años o para desviar hacia el sur de la frontera la atención de sus
conciudadanos. El último ejemplo se dio la semana pasada, cuando el diputado
republicano ultraderechista Carlos A. Giménez aseguró que la presidenta Claudia
Sheinbaum Pardo canceló “encuentros con su delegación”, con lo cual trató de
instalar la idea de un desaire de las autoridades mexicanas a los
representantes estadunidenses. El bulo ya fue desmontado por la cancillería y
por la mandataria, quienes remarcaron que el equipo de Giménez jamás concretó
una cita con la titular del Ejecutivo, pero la ocasión fue explotada por medios
y personajes dedicados al golpeteo político.
En este contexto,
los dirigentes de todo el planeta harían bien en atender a las palabras del
viceministro Fernández de Cossío al señalar que lo que sucede con Cuba hoy le
puede ocurrir a cualquier país y desconfiar por sistema, además, de las
especies emanadas de los círculos del poder trumpiano.
Fuente: https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/02/12/editorial/eu-la-mentira-como-sistema-44535

