Revolución es hacer cada día de nuestro pequeño espacio, un lugar digno de habitar
"La Maldita Máquina de Matar" Pinchevsky/ Medina

domingo, agosto 30, 2026

Hola que tal - Las Pelotas


 

El hombre nuevo es no humano

 


Personería jurídica para la IA: cuál es la trampa



Mientras el mundo debate cómo regular la industria de la inteligencia artificial, Milei lleva al Congreso un proyecto para darle personería jurídica a la IA. ¿Se viene la “sociedad no humana”? Lo que suena bizarro o como flashback al siglo XVII es un gesto más del nuevo colonialismo. Busca liberar el funcionamiento algorítmico de los límites humanos, desregular lo vivo. Una obediencia a las big tech para que los tecno-ricos puedan hacer de Argentina un campo de pruebas del mundo que imaginan. ¿Hay otras formas posibles de hibridación?

–Así como la revolución industrial nos liberó de las limitaciones de la fuerza física humana, la IA nos liberará de las limitaciones del cerebro humano, impulsando la productividad más allá de nuestros sueños más ambiciosos. 

Javier Milei insiste con este enunciado: lo incluyó, primero, en su discurso durante la Semana de la Inteligencia Artificial. Lo acaba de repetir en un artículo publicado en el Financial Times. Y, seguramente, será el criterio con el que el Congreso trate el proyecto para modificar la Ley de Sociedades y otorgar personería jurídica a la IA.  

–En Europa no va a ocurrir, en Estados Unidos no va a ocurrir– dijo el ministro Sturzenegger el último miércoles cuando presentó el proyecto en comisión de senadores en el Congreso–se abre la oportunidad para que en Argentina sea atractivo hacerlo. 

Y agregó en su lábil defensa: 

–¿Va a funcionar esto? No sabemos ¿Vale la pena intentarlo? Claro que sí.

Desde el RIGI y su versión aumentada (el Súper RIGI que beneficia a corporaciones ya involucradas en proyectos, en lugar de incentivar nuevas inversiones), hasta la ley de Inocencia Fiscal, pasando por la estafa Libra o la propuesta de crear un Gemelo Digital Social, las políticas libertarias forman parte de una hondonada que nos sumerge en un valle temporal donde se tocan el siglo XVII, cuando se inventaron las sociedades de responsabilidad limitada, y la tierra incógnita del siglo XXI. Milei no sólo no está loco sino que se adapta, obediente, a la racionalidad emergente de este tiempo histórico. 

Este nuevo proyecto deja ver, por un lado, una lectura simplista de la relación entre una forma jurídica (la creación de la sociedad de responsabilidad limitada) y un proceso social y político (la colonización bajo la figura de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales). Por otro, lo ubica en el centro de nuestra época signada por la complejidad material, cuya racionalidad se hace lugar entre la incertidumbre y un sentido común erosionado y simplificador. Milei confunde el efecto -la creación de las SRL en el siglo XVII-, con la causa -un proceso de dominación territorial, político y comercial que originó la figura del “Estado empresa”, como dice el historiador israelí Harari en respuesta al artículo de Milei-. Desconoce que la “imaginación jurídica” es apenas una delgada capa de la voluntad de poder. 

Los transhumanistas buscan la desregulación política y económica porque, en el fondo, se basan en la desregulación de lo vivo.

El proyecto de darle personería jurídica a la IA homologa un sistema digital a un fenómeno orgánico, presupone que el cerebro es el epicentro de la inteligencia humana y en un extremo considera que el humano (como especie) resulta una limitación para la productividad o incluso el puro funcionamiento. En el libro La inteligencia artificial no piensa (el cerebro tampoco), dedicamos unas cuantas páginas a explicar la diferencia de naturaleza entre los fenómenos orgánicos (que involucran los ecosistemas, la historia, la herencia, la cultura, la técnica, la subjetividad) y las máquinas digitales (que, aun en su versión más sofisticada, funcionan de manera agregativa pero en ningún caso pensando). Asimilar las correlaciones algorítmicas con la inteligencia humana supone un reduccionismo con efectos desastrosos sobre las otras dimensiones de lo orgánico. Como se plantea en el libro La singularidad de lo vivo, hasta qué punto la corporalidad, los lazos sutiles que conforman relaciones a nivel de los ecosistemas, los ritmos y ritos y, sobre todo, los límites que nos conectan con lo real, no son limitaciones sino condición de la vida. 

Quienes bregan por liberar al funcionamiento algorítmico de los límites humanos hacen confluir su simplismo con una gran sofisticación económica y tecnológica. Los transhumanistas buscan la desregulación política y económica porque, en el fondo, se basan en la desregulación de lo vivo: para las máquinas sólo hay información, partes, entidades aislables, pero nunca un todo como unidad de sentido. El proyecto de poder que encarnan se corresponde con un mundo regido por la medida cuantitativa, que produce una realidad sin límites, es decir, sin esa tosquedad de lo real que guarda algo de inconmensurable. 

La exaltación

El proyecto de ley, según explica Milei en su artículo periodístico, “establece un marco jurídico específico para el despliegue de la IA”. Si bien aún no cuenta con número de expediente parlamentario, menciona sus pilares: “mantener la IA sin regular”, “crear una nueva categoría de sociedad en la legislación argentina: la sociedad no humana” y “un entorno fiscal competitivo”. Más allá de la incontinencia desreguladora y del eufemismo fiscal, la personería jurídica “no humana” es, de todo el planteo, el gesto que realmente se corresponde con la novedad o la especificidad de la época. 

El Hombre de la modernidad fue un dispositivo que, en su narrativa, pretendió ubicar a la especie humana como dominadora de la naturaleza, eximiéndose incluso a sí misma de esa naturaleza, estableciendo un gobierno de la razón pura representado por la supremacía blanca, europea, colonial. En realidad, todo antropocentrismo debe entenderse como un dispositivo concreto de producción y poder que no tiene mucho que ver con una centralidad de la especie humana (dislocada en segmentos que junto a otros elementos y segmentos fue parte del dispositivo que, finalmente, la puso al borde de su destrucción). Es un punto en que conviene no confundir la “episteme” con la producción material de prácticas y condiciones.

De esta exaltación civilizatoria participaron también los aires revolucionarios con su proyección de un Hombre nuevo de signo ideológico opuesto al del progreso capitalista. Al desarmarse ese dispositivo (la muerte de Dios anunciada por Nietzsche, seguida de la “muerte del Hombre” pregonada por Foucault), le sucedió una suerte de vacío, una dispersión sin sujeto -al menos, sin un sujeto sustancial- ya que, en el modo de “autoproducción” del mundo contemporáneo no hay más lugar para la supuesta centralidad de la humanidad. ¿Entonces?

Suplantar a la especie humana

Desde hace dos décadas, la aparición en nuestra región (y luego en India, Nueva Zelanda, entre otros países) de una jurisprudencia que no sólo protege al mundo animal y a los ecosistemas, sino que les otorga personería jurídica, deja ver un campo de exploración que asume las nuevas condiciones desde nuevos agenciamientos. En el fondo, aquello dañado por determinadas acciones, trátese de especies o biomas, es la vida: una existencia capturada por algo que le impide actuar de acuerdo a su naturaleza se legitima, defiende y relanza explorando posibles que incluyen la protección jurídica de nuevo tipo. 

Esta personería jurídica significa el fin radical de la posición colonial cartesiana y binaria donde el único sujeto era el Hombre frente a ese mundo que se le presentaba como objeto. El despertar tardío de nuestros contemporáneos frente a esta multiplicación de otros sujetos ocurre cuando otro candidato a esta jerarquía crece con fuerza, la IA y la vida artificial. 

La legislación que pretende otorgar personería jurídica a la IA comparte el mismo zócalo epocal con los “derechos de la naturaleza”, pero no en términos de protección de la vida, sino de liberación del puro funcionamiento.

La legislación que pretende otorgar personería jurídica a la IA comparte el mismo zócalo epocal con los “derechos de la naturaleza”, pero no en términos de protección de la vida, sino de liberación del puro funcionamiento. Si la creencia en la incompletud del mundo había dado nacimiento al binomio Hombre (sujeto)/mundo (objeto) y la idea de que desarrollando la humanidad se completaría la obra, en el mundo de los transhumanistas no hay incompletud, la saturación es total, no hay negatividad ni sentido de la historia, sino una positividad a prueba de fallas, el sentido único de la cantidad y el mandato de la aumentación. A diferencia de los bichos, la IA, que puede causar daño, no puede ser dañada, sino “limitada” o “retrasada”... Se trata de otro régimen de relación que resignificaría la “personería jurídica”, ya no protectiva, sino garante de la ilimitación. Como suele ocurrir en contextos neoliberales, la jurisprudencia, a veces regula o modula en exceso las micro conductas, pero otras veces, mantiene un principio económico o, como en este caso, un puro funcionamiento a salvo de todo aquello que podría “limitarlo” o “retrasarlo”. ¿Qué es para ellos lo limitante? Nada menos que la discusión democrática, la singularidad de los modos de vida, los rituales, la exploración, la morosidad, en el fondo, los principios de la organicidad.

Los supremacistas tradicionales hablan del “gran reemplazo” refiriéndose a la inmigración musulmana, pero el verdadero gran reemplazo, patrocinado por los nuevos supremacistas, estaría encabezado por la IA. Tal vez, por el grado de naturalización con el que se vive este proceso, pasan desapercibidos acontecimientos como la existencia de una ministra IA en Albania o la promesa de un candidato parlamentario británico de colocar en su lugar un avatar. “La tecno-oligarquía va más allá: su objetivo es suplantar a la especie humana. Pretende superar al ser humano mediante una IA que dejaría obsoleta la inteligencia humana”, señala el intelectual ucraniano Anton Shejovtsov

La ruptura de la frontera corporal

El proyecto del gobierno es un mojón más en la tendencia a ocupar el vacío histórico con este nuevo pretendido sujeto que sería la IA, realización definitiva del sueño moderno en una hípermodernidad que ya no admite sueños sino pura vigilia. Primero fue la partición del núcleo del átomo, luego la codificación genética con las cadenas de ADN y ahora el reemplazo del pensamiento por lo neuronal y de lo neuronal por lo algorítmico, como corolario de la utopía constructivista. 

Pero esos eslabones constructivistas no pueden ser considerados errores ni figuras meramente ideológicas, ni mucho menos verdades superadoras, sino conocimientos que hacen parte de la producción de realidad. 

Las tecnologías digitales funcionan para algo, los fenómenos orgánicos (trama de biología, cultura, historia, técnica) se desarrollan para alguien, para-sí. Porque la vida desea la vida. Lo vivo no es una esencia inmaculada, sino que supone posibles modos de existencia. Mientras para el modo de existencia en que impera la máquina, lo real es un sustrato literal que no presenta límite ya que puede ser desagregado y recombinado al infinito.

El proyecto de darle personería jurídica a la IA se inscribe en un pasaje histórico que se corresponde con una transformación en curso del cuerpo intocable, la sociedad como algo sagrado o la psiquis como núcleo potente y frágil, hacia recursos, capacidades, prestaciones, competencias. De modo que la imaginada gestión algorítmica, la IA ocupando el podio de un nuevo Estado empresa o los robots humanoides enviados por las corporaciones a las tierras francas en que buscan emplazar sus enclaves extractivistas, encuentran como correlato una humanidad modelizable y unos paisajes convertidos en simples entornos sobre los que se podría operar sin reparar en las consecuencias. 

La ruptura de la frontera corporal supone una crisis mayor de toda alteridad, ya que el cuerpo como otro impide la promiscuidad de un accionar ilimitado sobre él, los otros con quienes se convive suponen algún tipo de regulación del comportamiento propio, pueblos o países, etnias o religiones que ocupan ese lugar representan alianzas y conflictos posibles alrededor de los cuales se mecen estrategias y orfebrerías políticas. Es ese límite denso y delgado el que tambalea, como deja en claro el hecho caricaturesco de que un presidente de una potencia militar con historial genocida como Estados Unidos pueda anunciar por las redes sociales la próxima desaparición de una civilización completa. 

Los supremacistas tradicionales hablan del “gran reemplazo” refiriéndose a la inmigración musulmana, pero el verdadero gran reemplazo, patrocinado por los nuevos supremacistas, estaría encabezado por la IA.

Sin alteridad, la relación entre las máquinas digitales y los humanos, los ecosistemas, en definitiva, lo vivo, está destinada a una forma de colonización rampante. ¿Es la personería jurídica del nuevo colonizador lo que busca el gobierno como obediencia debida a las corporaciones big tech con las que trata?  La hibridación está en marcha y las tecnologías digitales son lo suficientemente potentes como para establecer su dominio al modo de una especie que coloniza un bioma cuando se expande, en detrimento del resto. 

Sturzenegger se refirió a la crítica del historiador Yuval Harari al proyecto del gobierno y a la desconfianza que genera. Con una ingenuidad que no sabemos si es impostada o auténtica, el ministro dijo el miércoles frente a los senadores: 

–¿La IA es más segura o más insegura? Si confiamos en el google maps, que es una IA que te dice andá para acá o andá para allá, no hay que tenerle miedo a esto. 

El proyecto propone dos tipos nuevos de sociedades. Las sociedades automatizadas (o de inteligencia artificial) que pueden ser creadas, fundadas y gestionadas enteramente por agentes de inteligencia artificial o robots, y no necesitan la intervención de personas humanas para tomar decisiones o ejecutar acciones corporativas. Y luego las Organizaciones Autónomas Descentralizadas (DAO), un tipo de sociedades descentralizadas y autónomas en las que la administración y el proceso de toma de decisiones se gestiona mediante un cerebro informático o contrato inteligente, no cuentan con un jefe o gerente traidcional: sus miembros participan en las votaciones y su poder de decisión está directamente vinculado a la cantidad de criptomonedas o tokens que posean. 

Desafío

Para disputar la hibridación, es necesario desviar el sentido único de aumentación y maximización algorítmicos, y reintroducir las dimensiones del sentido y de la fragilidad propias de lo vivo. Porque la avanzada tecnocientífica pretende deconstruir, volver codificable y recombinar de manera ilimitada todo rito y ritmo propios del campo biológico tanto como de la cultura, la espiritualidad y la subjetividad. El desafío consiste en producir procesos orgánicos de hibridación que protejan la vida, sin aspiraciones a purezas o trascendencias.

El desafío es situacional. Sólo desde dentro de los procesos de hibridación ya irreversibles, pero de manera situada, será posible imaginar formas de regulación que garanticen la continuidad de la vida y sostengan la complejidad de las dimensiones orgánicas. No es en nombre de una Humanidad universal que seremos capaces de aprender a experimentar hibridaciones “virtuosas”, ya que, en primer lugar, no hay un modo correcto y definitivo de ser humanos y, luego, atravesamos un momento histórico de descentramiento del Hombre consciente y rector de su mundo, que nos fuerza y nos expone a otros agenciamientos posibles. 

¿Es la personería jurídica del nuevo colonizador lo que busca el gobierno como obediencia debida a las corporaciones big tech con las que trata?

Creemos que es una equivocación y un riesgo otorgar personería jurídica a la IA porque no hay posibilidad de enmarcarla en el orden del sentido ni de asignarle responsabilidad. Para la IA no hay situaciones sino funcionamiento en todo tiempo y lugar (cálculo, correlación estadística, programación). Es una trampa asumir que la innovación está siempre del lado de la tecnología, mientras que las preguntas éticas o el problema del sentido sólo retrasarían la evolución tecnológica. 

¿Cómo innovar a nivel de la regulación, situándose al interior de los procesos de hibridación? Tanto la regulación tradicional (exterior, moral, policial) como la voluntad desreguladora (parada sobre el autoritarismo) forman un binomio anticuado que nos condena a un falso problema. Solo la búsqueda de nuevas formas de legitimidad de lo vivo y sus consecuentes modos de organización puede reintroducir el vector algorítmico, digital, en el marco de una hibridación viable, volviendo a la centralidad humana participación en dispositivos que garanticen, cada vez, la singularidad de lo vivo como exploración y deseo de más vida. 

WAICO o la posibilidad de democratizar la Inteligencia Artificial

 




Cuando vi la palabra, vi Waco y no pude si no pensar automáticamente en la masacre perpetrada por el FBI en esa localidad tejana, tema que no me explico como no fue (al menos, que yo sepa) materia de un libro de algún émulo de Norman Mailer o Truman Capote, pero no: se trataba de WAICO, las siglas en inglés de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial ( WAICO ) centrada en la inteligencia artificial (IA), fundada en julio de este año en  Shanghái  en vísperas de la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial de la que hasta hoy forman parte 29 naciones del Sur Global .

Junto al cambio climático no veo tema de mayor importancia que como la IA está modificando y seguirá modificando nuestras vidas a una velocidad de vértigo.  Precisamente el tema principal de los que aborda la platense Verónica Sforzin. Escucharla / leerla me parece pues una necesidad básica, casi tanto como «el aire que respiro trece veces por minuto».

Comencemos pues por WAICO y vayamos luego (o antes, según la preferencia del lector) a la falsa antinomia propuesta por Peter Thiel y demás neoreaccionarios del Silicon Valley. Frente a quienes, no cabe duda, la propuesta china aparece como humana.

La trampa de la falsa antinomia entre la Ilustración Oscura y el Anticristo.

POR VERÓNICA SFORZIN*

En los últimos días ha resucitado (continuando con los conceptos bíblicos), el debate acerca de los proyectos del trípode neorreaccionario del Silicón Valley: Elon Musk (Starlink), Peter Thiel (Palantir) y Trump Junior y Peter Thiel (Anduril), quienes se dicen partícipes de la Ilustración Oscura e instalan como antinómico lo que ellos denominan el Anticristo.

Para ellos, el Anticristo es todo lo que regule al desarrollo de sus Inteligencias Artificiales (IA) de gran escala; específicamente han nombrado al Papa, León XIV como tal (1), por los fuertes conceptos vertidos en el documento del vaticano: la Encíclica “Magnifica Humanitas. Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial« (2).

Este debate tomo dimensión nacional, a partir, por un lado, de la misma encíclica, la cual permitió que muchos referentes sociales comenzaran a estudiar y trabajar el tema. Esto es estratégico, ya que como conceptualizara Perón, la política, es, la política internacional, por ser la que construye los marcos de posibilidad para el desarrollo nacional. Y podríamos agregar, más aún en estos tiempos en donde la escala de la disputa y del poder es global.

Pero también tomó dimensión por la visita de Juan Grabois a la mansión de Peter Thiel y sus recientes declaraciones en el programa radial conducido por Tenembaum, Radio Con Vos (3). Polémicas hay muchas, que no son las principales, cómo la creencia de que hay que entablar una reunión con los CEOS del Silicón Valley para comprender como piensan, cuando su accionar político y la historia de Estados Unidos pos segunda guerra mundial, así como específicamente la cultura californiana, nos permite, a los que venimos investigando estos temas hace más de 15 años, dilucidar la psicología de los CEOS. Quizás un analista, con muchas horas de terapia podría encuadrar su psicología mejor que muchos, pero como dijo algún filosofo hace tiempo, es el hombre bajo condiciones materiales determinadas los que forjan la historia. A su vez, hay una extensa bibliografía acerca de la cultura del Silicón Valley, machista, elitista, y hoy financiera especulativa.

Pero lo central es comprender que la IA es una nueva forma de producción del poder, concepto desarrollado ya en el 2018 nada más ni nada menos que por Henry Kissinger (4). Modifica las relaciones sociales en su conjunto (económicas, políticas, institucionales, culturales, ideológicas, familiares, subjetivas). En este maremágnum, el cual, desde al campo nacional y popular no tenemos que definir como “cuarta revolución industrial” (denominación de la Organización de las Naciones Unidas – ONU), sino como un cambio de régimen de acumulación que puede derivar en una profundización de un capitalismo financiero especulativo tecnocrático, con posibilidades de desencadenar una tercera guerra mundial abierta debido a los grados de monopolización de las ganancias. O puede derivar hacia el nacimiento de un mundo multipolar y pluriversal, con un desacople de los tiempos de la producción tecnológica y social. Es decir, un desacople del globalismo financiero tecnocrático homogeneizante.

La disputa por el sentido de lo que está ocurriendo en las relaciones internacionales es clave, ya que una acabada comprensión es necesaria para resolver los problemas históricos nacionales y regiones e incluso los del Sur Global. Pararse entre las antinomias “neorreaccionarios o Ilustración Oscura vs el Vaticano» o El «Anticristo”, es el escenario que construye Peter Thiel, en su interna con los sectores tecnocráticos globalistas del Silicón Valley (Microsoft, Alphabet, Open IA; Anthropic); estos sectores también son los que ataca Alex Karp en su libro “República Tecnológica. Poder duro, pensamiento débil y el futuro de Occidente”; y a los cuales acusa de no estar a disposición del gobierno en la lucha contra “la China autoritaria”.

En ese sentido, en la anécdota que relata Tenembaum en la entrevista con Grabois acerca del miedo de Elon Musk de que la IA de Biden (ex presidente norteamericano) lo “vaya a buscar hasta marte” es un buen ejemplo de cómo están viviendo la crisis y la interna norteamericana: es a matar o morir.

Son los neorreaccionarios tecnócratas del Silicón Valley los que necesitan construir una escala que ya tenía el globalismo financiero especulativo tecnocrático hasta la presidencia de Biden y que viene en retroceso desde la derrota en Ucrania, la no resolución del conflicto en Taiwán y la derrota en Irán. Este entramado de poder logró subordinar a la Unión Europea y su brazo armado es la OTAN; pero ahora está en juego quién va a ocupar el espacio que deja en su retroceso y debilidad internacional. ¿Lo van a ocupar los BRICS y China o una nueva articulación de intereses neorreaccionarios tecnocráticos?

En este sentido Thiel impulsa desde el 2006, pero hoy con otra dimensión, Dialog. Tienen que aprovechar la ventaja actual que les otorga poder hacer los negocios militares más grandes con el gobierno estadounidense (5).

Los neorreaccionarios consolidan una cultura e ideología para generar fuerza material internacional. Buscan escala frente a los sectores globalistas y al mundo multipolar. En paralelo, el globalismo financiero y tecnocrático —representado por empresas como Anthropic— se refugia en el Vaticano y coincide en una postura regulacionista. Para Peter Thiel, un Vaticano aislado resulta útil, siempre que no se alinee con el Sur Global.

En este juego de posicionamientos, el Vaticano juega fuerte en contra de la tecnocracia ya desde el anterior papado de Francisco; pero en este momento histórico no puede posicionarse como una propuesta civilizatoria, sino como parte de un proyecto más amplio. Las coincidencias y/o articulaciones con las posturas de los BRICS Plus y del estado de la República Popular China son evidentes, impulsando temas que algunos países no lo pueden realizar por su grado de dependencia con occidente, las llamadas “líneas rojas”.

En ese sentido Jeff Xiong (6) (2026) nos invita provocativamente a pensar en estas condiciones de posibilidad de construir el mundo multipolar:

«La ventana histórica para que los países del Sur Global construyan, de manera independiente y autosuficiente, sistemas completos de tecnologías de la información y la comunicación, está cerrada. (…)  Pero esto no significa desesperación. El Sur Global tiene dos opciones: seguir usando la infraestructura norteamericana, sometiéndose a la extracción de datos, al adoctrinamiento ideológico y las amenazas a la seguridad; o establecer cooperación tecnológica con China, en condiciones que mantengan y fortalezcan la soberanía digital». 

La posibilidad de que el Sur Global no quede subordinado ni a una propuesta neorreaccionaria, ni a un globalismo financiero especulativo se produce por la emergencia de la propuesta de los BRICS Plus, conducidos por China. El Vaticano es una hoja de ruta ética y política enmarcado en el Sur Global. Si se aísla al vaticano de esta red de articulaciones, queda preso de la antinomia construida por los neorreaccionarios y jugando en la interna entre ellos y los sectores globalistas financieros; por eso no podemos legitimar, desde el campo nacional y popular, esa antinomia, sino buscar el eje real, material de las contradicciones sistémicas geopolíticas actuales.

La posibilidad de la re-humanización de las relaciones sociales solo se podrá desarrollar bajo el paraguas de la “comunidad de destino compartido”. Para aclarar, cuando Thiel habla del Anticristo en relación a todos los que quieren regular su IA, está retomando la propuesta de intelectuales como Curtis Yarbin y Nick Land (Ilustración Oscura): que plantean que La Catedral (medios de comunicación, burocracia e intelectualidad) son los que sostienen al progresismo y a la Democracia Global.  La única alternativa, frente a este progresismo es un Estado corporativo y tecnocrático.

Mientras que existe otra fracción de los neoconservadores (Bannon) que plantean que el Estado de EE.UU. no debe desaparecer, sino que hay que conquistarlo. Bannon defiende el concepto tradicional del Estado-nación soberano, la identidad cultural y las fronteras. En cambio, las raíces de la Ilustración Oscura de los neorreaccionarios tienen un trasfondo hiper-libertario originado en Silicón Valley que a menudo ve a los estados nacionales tradicionales como estructuras obsoletas a reemplazar por redes o corporaciones globales.

Tanto China, como los BRICS Plus y el Vaticano coinciden en la necesidad de reorganizar la gobernanza global de la IA, y las nuevas tecnologías, para que todos los Estados sean parte en igualdad de condiciones, así también la necesidad de basar este desarrollo en una ética que ponga a la comunidad y al ser humano en el centro.

Estos son debates estratégicos que debemos popularizar y con los que es necesario hacer política pública, para tener el peso social suficiente para contrarrestar a las oligarquías y los actores geopolíticos que tenemos en contra y su cultura neo-reaccionaria, colonizante y deshumanizante que imponen mediante las grandes corporaciones trasnacionales occidentales de la tecnología.


NOTAS

(1) Thiel ha calificado al Sumo Pontífice en círculos privados y debates públicos como el «Anticristo» o parte de una fuerza del statu quo que frena el progreso tecnológico desregulado, mientras que la Iglesia defiende la regulación de la IA y la primacía de la dignidad humana frente al poder de las corporaciones.

(2) Para ver más acerca del tema, ver mi nota: Acerca de la algo ética y la encíclica “Magnifica Humanitas” – https://share.google/piuqz6hqzEkZacEL7

(3) Grabois y su reunión secretea con Peter Thiel:  Todo sobre el encuentro. Con Ernesto Tenembaum

(4) How the Enlightenment Ends – The Atlantic

(5) No hay que olvidar que ambas líneas anglosajonas participan de los negocios de la guerra, unos de manera principal y otros con negocios de menor escala. Mientras los neorreaccionarios proponen que las decisiones de la guerra las tomen sus IA (y sus corporaciones) los sectores globalistas plantean una cierta regulación humana.

(6) Xiong, Jeff (2026). Más allá del Silicón Valley. Inteligencia artificial con características chinas. Ed. Batalla de Ideas. Argentina. Xiong es un destacado académico y experto en tecnología chino, director del Centro de Estudios del Sur Global en la Universidad Normal del Este de China (ECNU) y coordinador del Foro Académico del Sur Global (GSAF). Es autor del libro Más allá de Silicon Valley: Inteligencia artificial con características chinas.

Oxímoron sionista:

 

«Israel salva vidas, rescata seres humanos y reconstruye ciudades»


Fuentes: Rebelión - Imagen: El vocero de las fuerzas armadas de Israel en español, 
Roni Kaplan (uruguayo-israelí), es parte del grupo de "ayuda" enviado por 
Israel a Venezuela y Colombia.

“Erase una vez /un lobito bueno/ al que maltrataban todos los corderos/. “Y había también un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado/ Todas esas cosas había una vez/ en que yo soñaba un mundo al revés”

. -José Agustín Goytisolo

El oxímoron es una figura literaria en la que se unen dos términos de significados completamente opuestos, con la finalidad de darle fuerza expresiva a una determinada afirmación con una combinación a primera vista ilógica. Son ejemplos de oxímoron expresiones como “la claridad de la noche oscura”, “el insoportable frío del fuego”, “la elocuencia ruidosa del silencio” … Al oxímoron lo podemos sacar del ámbito literario para examinar la realidad social y captar el sentido hipócrita y falaz de ciertos comportamientos, algo que cada vez más caracteriza al mundo contemporáneo. En ese sentido, son oximorones decir cosas de este estilo: “el Vaticano es la sede de la lucha mundial contra la pedofilia”, “la Casa Blanca organiza una Liga internacional contra las guerras y agresiones imperialistas de Estados Unidos”, “la Isla de Jefrey Epstein ha sido el refugio más seguro para proteger de la violencia sexual a las mujeres jóvenes”. Todos esos serían oximorones para engañar incautos, pero bien se podrían usan para enfatizar, en forma sarcástica, la característica negativa del capitalismo realmente existente.

Ahora estamos asistiendo a la puesta en escena de un oxímoron de dimensiones colosales, y lo peor del caso es que lo hemo tenido que soportar los habitantes de Nuestra América, concretamente los de Venezuela y Colombia. Ese oxímoron lo ha escenificado en días recientes el régimen genocida de Israel, con relación a los terremotos que han sacudido en las últimas semanas a nuestros dos países.

LOS HECHOS DE LA VIDA REAL: ISRAEL DESTRUYE Y ASESINA SIN ASCO

El estado sionista de Israel desde su misma fundación en 1948 se ha caracterizado, dicho en forma lacónica, por ser un régimen doblemente destructivo: de la infraestructura material de todo lo que tenga que ver con los palestinos y de los palestinos como comunidad formada por millones de seres humanos. En el primer ámbito, Israel ha llevado a cabo durante 75 años una política sistemática, planificada y sádica, acentuada en los últimos tres años, de demolición de pueblos, ciudades, viviendas, centros culturales, hospitales, universidades, acueductos, estadios, escuelas, bibliotecas, puentes, carreteras, centrales de acopio, redes eléctricas, emisoras, canales de televisión… y todo lo que nos podamos imaginar que es esencial para preservar la vida personal y social del pueblo palestino y, más recientemente, del pueblo de El Líbano. Es decir, Israel es un régimen que se basa en la destrucción, la demolición, el bombardeo indiscriminado, el ataque a la infraestructura civil. Y en la historia reciente no existe ningún otro caso que haya llevado el urbanicidio consciente a tales niveles de destrucción, que se expresa en haber arrasado en los últimos tres años con el 80% de las construcciones de la Franja de Gaza. Es tal el nivel de destrucción que se estima que la reconstrucción de Gaza, para dejarla a un nivel comparable del que existía en septiembre de 2023, necesitaría de casi un siglo.

En el segundo plano, el de la vida humana, Israel practica desde siempre la limpieza étnica y el genocidio, el cual se ha radicalizado en los últimos tres años. Sobresalen al respecto por su carácter dantesco el ataque indiscriminado a viviendas habitadas por familias enteras, el bombardeo de hospitales, escuelas, campamentos de refugiados… Todo esto supone el asesinato de miles de niños, mujeres, ancianos y jóvenes, cuya cifra es de tal magnitud que, según Francesca Albanese, son 650 mil muertos, un tercio del total de la población de Gaza. Y en medio del dolor y el sufrimiento de los palestinos, los soldados de Israel en forma sádica celebran sus crímenes, se burlan de los sobrevivientes, los torturan, encarcelan y violan. En este caso, en la vida real Israel jamás ayuda o socorre a un palestino, por la sencilla razón de que los considera subhumanos, animales, a los que debe matarse y erradicarse de la faz de la tierra.

El EMBUSTE DE ISRAEL: MANSOS LOBITOS QUE VIENEN A SOCORRER A LOS CORDEROS

La cruda realidad de ese doble carácter criminal de Israel, urbanicida y genocida, ha sido descubierta en los últimos años, cuando ha sido imposible seguirlo ocultando o negando. Esto ha significado el derrumbe completo de la credibilidad de Israel como pretendida víctima, sufrida e incomprendida, y la revelación de que aquel es un estado racista, genocida y destructor de la vida humana. Aunque siga existiendo una campaña de mentira y desinformación para lavar la cara de Israel,  para gran parte de los habitantes del mundo ‒que no son sinónimos de los Estados y los gobiernos‒ es claro que Israel es un enemigo declarado de la humanidad, un estado típicamente destructor, que no tiene ni una pizca de constructor de algo interesante para el mundo, sino que sus “aportes” se reducen al ámbito de la industria de la muerte, del control, del sufrimiento y de la tortura, en lo que los israelitas son maestros consumados.

Por eso es un descaro que Israel, tratando de enmendar su imagen real de estado genocida, con todo lo que eso implica en términos de destrucción de vida y de cultura, ahora venga a nuestros países, aupados por gobiernos cipayos y postrados, y se presente como el campeón del salvamento de vidas, del rescate de personas y de la reconstrucción urbana.

En efecto, a raíz de los destructivos terremotos que se presentaron, primero en Venezuela en julio, y luego en Colombia, en agosto, y ante la postración política de los gobiernos de Delcy Rodríguez y de Abelardo de la Espriella respectivamente, Israel, al lado de los Estados Unidos, aprovechó la destrucción que dejaron los sismos para aterrizar en los dos países, en donde había sido desterrado en los últimos años. En Venezuela, el gobierno de Hugo Chavez había rotó relaciones con Israel en 2009 y en Colombia, el gobierno de Gustavo Petro lo había hecho en el 2024, y en el caso del primer país se había consolidado una firme postura internacional de apoyo al pueblo palestino y repudio al régimen sionista.

Ahora, basándose en la doctrina del shock, esto es de la conmoción e incertidumbre que genera una catástrofe social, Israel aprovechó para regresar y desembarcar, literalmente, en medio del dolor y el sufrimiento, a nombre de un supuesto carácter humanitario y solidario, que nunca ha tenido.

Para darse cuenta de lo que verdaderamente representa este proyecto de limpieza de imagen, téngase en cuenta que los pretendidos “rescatistas” tuvieron como vocero propagandístico al criminal Rony Kaplan, un uruguayo de nacimiento, que ha sido el vocero del genocidio para los países hispanoparlantes en los últimos años. Este individuo tiene un verdadero prontuario criminal, en el que se destaca su “amor” por la infancia, como lo expresó por escrito el 29 de julio de 2014 cuando escribió dos “tiernos” mensaje sobre los niños de Palestina. En el primero indicó: “Si hubieras tenido la oportunidad de matar a Hitler antes de que crezca, ¿No lo habrías hecho?” No son niños, son terroristas en potencia”, haciendo alusión a la legitimación del asesinato de niños de Palestina. Y enseguida en otro Twitter señaló: “Matamos niños sí. Pero de una forma rápida y eficaz, casi sin dolor. ¿Es mejor acaso dejarlos morir de hambre como hacen en España?”.

De estos mensajes puede colegirse que estamos ante un psicópata, el mismo que dice prestarse para rescatar sobrevivientes en los terremotos. Un vocero desembozado de los mataniños de Israel sí que debe saber de rescatar infantes dentro de los escombros, para acabarlos de matar si aún siguen con vida y secuestrar sus cadáveres. ¡Esa es la experticia y efectividad en materia de rescate que nos pueden ofrecer los israelitas!

Ese mismo Kaplan, expresa sin descaro el oxímoron genocida, cuando afirmó en Venezuela el 24 de julio, y no es un chiste: “Esta misión es una muestra de la ética de responsabilidad y esperanza del pueblo judío y del Estado de Israel. Cuando una nación está sufriendo, nosotros acudimos a ayudar”. ¡Claro, y de esa ética de responsabilidad con los seres humanos da muestra su inagotable apoyo a la nación palestina en particular, y árabe en general, a la que no causa ningún sufrimiento y a la que siempre acude en su ayuda, en forma desinteresada, eso sí, matando a miles de ellos y destruyendo sus campos y ciudades!

El genocida Kaplan dictó una conferencia en Venezuela, en donde se presentó a sí mismo como un experto en ayuda humanitaria. Allí afirmo que los israelitas habían venido a colaborar en las dos labores que son excelentes: rescate de cuerpos y ayuda a la reconstrucción de las zonas devastadas. Y, para más inri, le entregó directamente a Delcy Rodríguez y al ministro de Obras Públicas y el canciller una “caja de herramientas”, en donde se incluyen propuestas muy novedosas, como las que Israel viene adelantando en Gaza con esa filantropía y carácter humanitario que lo caracteriza,  “crear un parque ecológico con los residuos sólidos de la catástrofe, en las zonas donde no se debe reconstruir debido a las características del suelo (de hecho invitaron a las autoridades venezolanas a visitar Israel, donde se ha desarrollado un proyecto similar), y un software diseñado para priorizar y ordenar las acciones a corto, mediano y largo plazo con el fin de sanear y recuperar el litoral”.

Kaplan entregó un software donde se recoge “la experiencia de Israel en desescombro y reconstrucción de áreas afectadas por ataques misilísticos”, lo cual expresa el auténtico oxímoron sionista, porque si en algo es experto Israel es en lo contrario: en destruir a diestra y siniestra con bombas y misiles. Kaplan sostuvo, sin colorearse, que en la misión humanitaria en que participa en Venezuela “combina dolor con esperanza”.

Después, esa misión “humanitaria” de Israel estuvo en Colombia, y otra vez su vocero fue el mismo genocida Roni Kaplan. Para empezar esos falsos rescatistas ‒que en verdad son matarifes de niños y enterradores de gente con vida‒ se enfrentaron a los rescatistas colombianos que llevaban banderas de Palestina y el propio Kaplan al escuchar que los colombianos coreaban la consigna “Palestina, libre”, con la arrogancia e impunidad del matón de barrio replicó: “Palestina, libre, jamás”.

Y en otro mensaje en Twitter dirigido a Abelardo de la Espriella, Kaplan afirmó: “La esperanza, para el judaísmo y el estado de Israel, no es esperar que las cosas mejoren; es trabajar para que mejoren”. Por supuesto, ¡un trabajo extraordinario de demolición y de enterramiento de seres humanos bajo los escombros de los edificios que quedan luego de los bombardeos de Israel!

En otro mensaje, en el que respondía unas críticas sobre su falso carácter humanitario, el genocida Roni Kaplan sostuvo esta perla: “Somos soldados de Paz. Vamos a la guerra que nos impone el enemigo, solamente para un día poder vivir en Paz. Lo hacemos, según el derecho internacional humanitario. Habrá paz, el día que nuestros enemigos amen a sus hijos más de lo que odian a los nuestros (Golda Meir). Nuestro código moral incluye esta máxima: quien se levanta a eliminarte, párate y defiéndete frente a él”. 

Para más descaro, si cabe, salió ataviado con la camiseta de la Selección Colombiana de Futbol. Y cuando ya había aterrizado en Israel afirmó en otro mensaje en X: “Estamos al disposición del Estado de Israel, para tender una mano amiga, donde el mundo lo necesite. En Colombia, en Venezuela y en cualquier parte del mundo. Que no sepamos más de dolor por favor«. Como puede verse, el cinismo sionista no tiene límites y no requiere más comentarios.

CIERRE: “LAVADO CON ESCOMBROS” Y LOS CIPAYOS EN SUDAMERICA

Las tragedias humanas y sociales, cada vez más frecuentes en el capitalismo realmente existente, que son un resultado de múltiples factores, entre ellos guerras, bloqueos, genocidios, el cambio climático, alteraciones de los ciclos naturales, terremotos, erupción de volcanes… se convierten, sin embargo, para ciertos sectores sociales y ciertos países en una forma de lavar su imagen, cuando esos mismos son corresponsable directos de la mayor parte de tragedias humanas que han causado miles de muertos y heridos. En el caso de Israel se crea una especie de realidad de fantasía, en la que se pretende negar sus crímenes y atrocidades que realiza a diario. En esa realidad paralela, estamos en el mundo al revés, del escritor español José Agustín Goytisolo, musicalizado por Paco Ibañez: “Erase una vez /un lobito bueno/ al que maltrataban todos los corderos/. “Y había también un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado”.

Esa realidad invertida se expresa a través de un macabro oxímoron, que no es solamente un artilugio lingüístico sino una vulgar maniobra mediática, en el que el país del mundo que, por su reducido tamaño y población, tiene la peor historia en cuanto generador de  destrucción, genocidio, muerte y sufrimiento, venga a nuestros países, aprovechando al mismo tiempo el entreguismo de los gobiernos de Venezuela y Colombia y el patrocinio del amo imperialista, los Estados Unidos, y se presente como el adalid de la ayuda humanitaria, el rescate de personas enterradas entre los escombros y el reconstructor de las zonas devastadas. Estas prácticas crean un nuevo lenguaje, en el que cambia el significado de las palabras, de tal forma que ayuda humanitaria quiere decir bombardeos indiscriminados, rescate significa el asesinato de niños, mujeres y hombres y reconstrucción equivale al arrasamiento de pueblos y ciudades.

A esta práctica oportunista y sin ningún sentimiento de compasión real por las personas que sufren, se le conoce como “lavado con escombros” (“rub­ble-was­hing”) que, simplemente, consiste en que Israel llega a los lugares a donde hay catástrofes y se muestra solidario y humanitario, con el fin de reafirmar la pretendida “superioridad moral” de los genocidas y camuflar el dolor y sufrimiento que causan al pueblo palestino. Y a eso el matarife Benjamín Netanyahu lo ha llamado “Reconstruir ruinas, reconstruir relaciones”, hablando específicamente del caso venezolano. Y en ese contexto, no sorprende que en, medio del dolor y la devastación del terremoto, el régimen colombianos haya reconocido la soberanía de Israel sobre los Altos del Golan, de Síria, convirtiéndose, para vergüenza del mundo, en el único país que lo ha hecho, junto con los Estados Unidos.

Como se trata de una campaña de propaganda mediática a través de las redes (anti)sociales, Kaplan se hizo filmar en un video en el que aparece emergiendo, como un topo rescatista de las ruinas de un edificio. Lo revelador es que él no es rescatista, sino un despreciable milico genocida, y se le ve con el traje y el casco limpio, apenas para la filmación.

Con ese nuevo lenguaje sí puede entenderse el oxímoron sionista, porque se capta su verdadero significado como “asistente humanitario” y “arquitecto del bien”. Esto es, genocidio y urbanicidio, lo que siempre ha sabido hacer el Estado de Israel a las mil maravillas y eso es lo que le viene a enseñar a dos súbditos imperiales de los Estados Unidos en Sudamérica. Porque, no sobra recordarlo, el lavado con escombros es una puesta en escena publicitaria, pero en el trasfondo vienen las tropas genocidas de Israel, con nuevas enseñanzas macabras para sus súbditos tropicales. 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.