Revolución es hacer cada día de nuestro pequeño espacio, un lugar digno de habitar
"La Maldita Máquina de Matar" Pinchevsky/ Medina

domingo, mayo 17, 2026

¡Belleza pura!


 

El fútbol y la peste del capital

 



La intervención de los grupos capitalistas en el fútbol implica la casi segura desaparición de los objetivos sociales, deportivos y culturales que los clubes destinan a la niñez y juventud que el orden social imperante desampara. Unos cinco millones de niños y jóvenes acceden a la práctica deportiva desde los clubes. El negocio del holding que administra el club Botafogo de Brasil es un ejemplo.

Por Pedro Pianta

(APe).- Recientemente se conoció la noticia que daba cuenta de la puesta en venta de los activos del holding que administra los clubes Botafogo de Brasil y Lyon de Francia.

Nada menos que en el diario Financial Times se publicó un aviso de venta de los activos del grupo Eagle Football Holdings, a cargo del pseudoempresario estadounidense John Textor.

Para analizar seriamente el tema, no debe perderse de vista que, al igual que respecto a cualquier cuestión, la base material incide de un modo directo e ineludible en el desarrollo del amplio objeto social de los clubes de fútbol.

Ellos son una creación histórica forjada básicamente por la Clase Obrera para poder acceder a derechos sociales de diverso orden.

Es que sus niños y jóvenes encuentran en los clubes de Fútbol un espacio de identidad e igualitaria referencia que contrasta abiertamente con la segregación que padecen a consecuencia de la estructuración capitalista de la sociedad.

Por esa razón, la intervención de los grupos capitalistas en el fútbol implica la casi segura desaparición de los objetivos sociales, deportivos y culturales que los clubes de fútbol destinan a la niñez y juventud que el orden social imperante desampara. Por ser los más vulnerables, son ellos a quienes afecta más severamente la peste del Capital.

Si se centra el estudio sólo en la cuestión deportiva, existen datos absolutamente concluyentes.

En el año 2023 se efectuó un relevamiento que indicó que, a través de los clubes, aproximadamente cinco millones de jóvenes y niños acceden a la práctica deportiva.

No se necesita poseer una capacidad cognitiva extraordinaria para comprender que, en ese aspecto, los clubes que practican el fútbol profesional desempeñan un rol absolutamente relevante.   

Por esa razón, mediante las operaciones de venta de los principales activos de los clubes de fútbol, se perpetra uno de los tantos ataques que los agentes del sistema social imperante dirigen a la clase laboriosa.

Veamos concretamente los casos que motivan esta nota:

El Club Botafogo es uno de los clubes de fútbol más importantes del Brasil.

Esa tradicional Institución de uno de los países más poderosos del fútbol mundial obtuvo 25 campeonatos en su historia.

Entre los años 1907 y 2018 alcanzó los 21 títulos del campeonato Carioca y en los años 1968 y 1995 obtuvo los campeonatos Thiago del Brasileirao.

Es decir que solo dos títulos fueron alcanzados desde febrero del año 2022, momento en el que posó sus garras el águila financiera que ahora emigra en busca de nuevos negocios.

Es decir que una Institución cuyas raíces se remontan al año 1894 debió desaparecer como tal para solo alcanzar el 8 % de sus logros deportivos.

Para constatar la afirmación que antecede alcanza con visualizar el organigrama actual de lo que alguna vez fue el Club Botafogo.

Naturalmente, en esa estructura interna la escala jerárquica está encabezada por su propietario, John Textor.

De él depende el presidente que (si lo anterior no fuera suficiente para entender de qué se trata) solo es secundado por el Director Deportivo que lógicamente responde a Textor.

Solo debieron pasar algo más de tres años para que se corriera el velo.

Hoy se ha constatado que el precio fijado en febrero de 2022 no lo pagó ningún magnate ni “grupo inversor”.

Lo pagó un universo de varias generaciones de asociados e hinchas que, más allá de los éxitos y las derrotas futbolísticas, sostuvieron sus sueños y sus luchas forjando una expresión popular que, como todo lo que toca, fue corrompida por el Capital.  

Está claro entonces que la intervención de un grupo capitalista en el Club Botafogo, arrojó un saldo decididamente catastrófico.

Por su parte el Club Lyon fue fundado el 8 de Agosto del año 1950 y es uno de los clubes más importante de Francia.

En su historia obtuvo 7 títulos de Primera División, 5 Copas de Francia, 1 Copa de la Liga y 8 Supercopas de Francia.

Ninguno de ellos fue conseguido desde la compra del holding aludido que ha quedado bajo la administración judicial de la firma británica Cork Gully, nombrada como administradora judicial de Eagle Football Holdings.

El día 19 de diciembre de 2022, al momento de perfeccionarse el acuerdo de venta, John Textor expresó:

“Después de cuatro meses de negociaciones constructivas, marcadas por un entendimiento común con (el presidente del club) Jean-Michel Aulas y con todos nuestros socios, estamos orgullosos por llegar a este acuerdo excepcional".  

Está claro que solo para los intereses de Textor el acuerdo fue excepcional.

Es que, a la luz de la más elemental lógica capitalista, la puesta en venta que recientemente se ha conocido no tiene otra explicación que una afectación de la tasa de ganancia de Eagle Football Holdings.

Debe comprenderse que, más allá de presentarse como un especialista en la propiedad y gestión de los clubes de Fútbol, la finalidad que justificó la intervención del pulpo financiero en los clubes Botafogo y Lyon fue exclusivamente mercantil.

En el marco de la “legalidad” inherente al modelo de relaciones sociales vigente ninguna de las posibles consecuencias que el holding supuestamente deba “afrontar” reviste operatividad real para impedir que siga operando de acuerdo a su naturaleza.

Por ello, lo único que hoy por hoy puede asegurarse es que el grupo Eagle Football Holdings seguirá haciendo negocios.

 

Mekorot: el apartheid del agua

 



Detrás de los nuevos mecanismos de represión de la protesta, se encuentra el plan sistemático de Mekorot, la empresa israelí que somete a Palestina al Apartheid y busca – en el continente más rico en recursos hídricos – acostumbrarnos a que el agua y la tierra, nos cuesten más que un ojo de la cara.

 

Por Martina Kaniuka

(APe).- Ojos bien abiertos

Argentina es el sexto país en recursos hídricos del mundo y de la mano de Eduardo “Wado” de Pedro, Ministro del Interior, Mekorot -empresa estatal de agua de Israel– firmó una serie de “convenios de colaboración”. Fue en abril del año pasado, después de un intento fallido en 2011, cuando acordaron con Daniel Scioli, en ese entonces gobernador de Buenos Aires, el establecimiento de una planta potabilizadora de agua en La Plata, que fue rechazada socialmente en 2013.

Una comitiva oficial encabezada por De Pedro y diez gobernadores viajó a Israel, que le devolvió la gentileza un mes después, cuando junto a Malena Galmarini –presidenta de AySA– y diversos ministros y funcionarios se reunieron en la Casa Rosada.


Catamarca, La Rioja, Mendoza, San Juan, Río Negro, Formosa, Santa Cruz y Santiago del Estero, son las ocho provincias argentinas que firmaron convenios, a través del Consejo Federal de Inversiones (CFI) con Mekorot, celebrados en el Centro Cultural Kirchner, el 13 de febrero de 2023, otra vez con De Pedro, ministros, gobernadores, Eylal Sela, embajador de Israel y Jitzhak Aharonovich, presidente de lacorporación.

Además del secretismo presente en los proyectos extractivistas, donde la discreción de la letra chica permite que las corporaciones se inmiscuyan en las poblaciones en profundidad, penetrando el tejido social a partir de actividades supuestamente culturales y educativas con fines de control (como YPF con el manual de ridiculización de las luchas contra los extractivismos para los medios); no hay registro de los lineamientos, ni de los compromisos que el gobierno asumió en nombre de la población, con una empresa que tiene por objetivo nada menos que el control del agua.

En Palestina, el apartheid también limita el consumo de agua: Israel controla todos sus afluentes a través de Mekorot, que recorta el suministro en verano, niega el acceso a las riberas del Jordán, militariza la zona y destina el 83% de los recursos hídricos a su abastecimiento, sometiendo a los palestinos a la sequía, al agua contaminada y cobrando el poco suministro que distribuyen en la zona a precios exorbitantes.

Mekorot fue denunciada por la ONU, el Comité Nacional Palestino, asambleas ecologistas y grupos parlamentarios a causa del apartheid, la violación de los derechos humanos, los crímenes de guerra cometidos contra el pueblo palestino y la profundización del modelo extractivista. Hoy tiene por principal objetivo la mercantilización del agua.


Con una planificación de largo plazo (entre 2030 y 2050) comenzarían por la evaluación de recursos hídricos, la reconducción y reutilización. Seguirían luego con la creación de patrones financieros para medir costos y empezar a cobrar el agua a los consumidores, modificando las leyes y los códigos provinciales de aguas y reordenando los usos y destinos de la infraestructura que actualmente existe en torno a su distribución.

Y, aunque los plazos mencionados oficialmente hablan de décadas, el proceso de modificación de las leyes y códigos provinciales de aguas y sus organismos de aplicación ya comenzó.

La provincia de San Juan es un ejemplo: luego de la firma del convenio, el mismo mes de septiembre del año pasado, comenzó la gestión del “Plan Maestro para la Conservación y Gestión del Agua”, cuyo objetivo es el de “hacer sostenible el uso del agua en contexto de escasez, en términos sociales y ambientales”. Pero ¿por qué habría que pensar en contextos de escasez de agua? En la misma web de la gobernación puede leerse la respuesta, en la sección de Energía: “la Provincia de San Juan viene trabajando en la búsqueda de hidrocarburos Convencionales como también No Convencionales (fracking) y, en función a la tasa de retorno (cuán rentable sea el proyecto) decidirán si movilizan el primer yacimiento no convencional del país”.

La implementación de cualquier tipo de extractivismo implica el desabastecimiento, la contaminación y la adulteración del cauce y curso normal del agua. Esta semana se cumplieron ocho años del derrame más grande de cianuro y mercurio en nuestro país. Ocho años sin otros culpables que la minera  Barrick Gold y los funcionarios que habilitaron la explotación en la zona. A pesar de todo, continúan desoyendo a los pueblos y bienviniendo los sobres del lobby extractivista y, si las corporaciones contaminan y convierten al agua en un bien escaso, ahora será Mekorot quien la distribuya, envase y cobre a las poblaciones que la necesitan para vivir.

 

Prólogo de «Rubio, un mitómano incontrolable»

 

Edición colombiana del texto de Hedelberto López Blanch



Fuentes: Rebelión

El libro versa sobre un tenebroso personaje, Marco Rubio, que ahora ocupa los cargos de Secretario de Estado de los Estados Unidos y Consejero de Seguridad Nacional del gobierno de Donald Trump.

“Los que pelean por la ambición, por hacer esclavos a otros pueblos, por tener más mundo, por quitarle a otros pueblos sus tierras, no son héroes, sino criminales”. José Martí, La Edad de Oro, 1889.

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Hedelberto López Blanch es un periodista, escritor e investigador cubano con una notable trayectoria en el análisis y estudio de temas de política contemporánea, sobre todo en lo referido al asunto de la agresión permanente de Estados Unidos contra Cuba.

El libro que ahora se edita en Colombia es de gran actualidad, porque versa sobre un tenebroso personaje, Marco Rubio, que ahora ocupa los cargos de Secretario de Estado de los Estados Unidos y Consejero de Seguridad Nacional del gobierno de Donald Trump. Este personaje ha sido precandidato presidencial por el Partido Republicano y en la actualidad, entre bambalinas, está preparando su postulación presidencial para suceder a Donald Trump en el 2028.

El interés del libro no estriba solamente en examinar el relevante rol que desempeña el “Pequeño Rubio”, como lo denominó Trump de manera despectiva durante los debates de la campaña electoral de 2016, sino en analizar el contexto de las múltiples agresiones que se realizan en estos momentos contra Nuestra América, las cuales son preparadas y coordinadas por la organización criminal de Estado que habita en la Casa Blanca, siendo Marco Rubio uno de sus principales operadores.

Aunque este libro fue redactado antes de los sucesos del 3 de enero, cuando se presentó la brutal agresión de Estados Unidos a Venezuela y a toda Nuestra América, se pueden encontrar elementos de juicio suficientes para comprenderla en una perspectiva amplia, así como para entender muchos de los acontecimientos que sacuden al mundo ante las acciones criminales del decadente imperialismo estadounidense. En ese contexto sombrío se analiza el papel que desempeña Rubio, (un individuo ambicioso, un trepador nato, y un mentiroso consumado) para lograr sus fines personales, aunque eso suponga llenar de dolor y sangre a gran parte del mundo.

Rubio, que no tiene el nivel intelectual de Henry Kissinger, ostenta simultáneamente los dos cargos que este ejerció en uno de los gobiernos de Richard Nixon, lo que indica el poder con el que cuenta y el reto de emular el prontuario asesino de uno de los peores criminales de guerra del siglo XX.  Lo que ha sucedido en el primer año del segundo mandato de Donald Trump (genocidio en Gaza, ataque a Venezuela con 120 asesinados, bloqueo total a Cuba, bombardeos a las lanchas de pescadores en el Caribe y en el Pacífico, bombardeo a Irán y otros países), con la participación directa o encubierta de Marco Rubio indica que, a ese paso, puede emular el prontuario criminal de Henry Kissinger. Una diferencia es que Kissinger era un asesino ilustrado, mientras que Rubio es un vulgar matón, entresacado de la mafia cubano-estadounidense de Miami.

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Marco Rubio no es un caso aislado y excepcional de lo que es un político de ascendencia cubana en los Estados Unidos de los últimos setenta años, tras el triunfo de la Revolución en 1959. Es lo que podría denominarse un “tipo ideal”, para emplear libremente el concepto de Max Weber, es decir que, un personaje concreto, con nombre y apellido, no puede explicarse a partir de sí mismo, sino que es un producto de un patrón común, con características similares, surgido en un mismo lugar y en una misma época. Ese lugar es Miami, devenido tras el triunfo de la Revolución, en la capital mundial de la contra revolución y luego en la sede de los criminales de extrema derecha de los gobiernos civiles y de las dictaduras que han asolado el continente desde la década de 1960. Miami no se convirtió por obra y gracia del espíritu santo en uno de los epicentros de la extrema derecha de Estados Unidos y de todo el continente, y donde reside la mayor cantidad de asesinos y torturadores por metro cuadrado del planeta. Lo que resultó en Miami es el resultado de una política fría y calculada de los gobiernos que en Estados Unidos han existido desde Dwight D. Eisenhower (1953-1961), todos los cuales, sin ninguna excepción, han tenido en la mira la destrucción de la Revolución Cubana. En esa perspectiva, financian, organizan, toleran, aúpan y arman a los torturadores, asesinos, traficantes y toda ralea de delincuentes de origen cubano que sirvan a sus propósitos de sabotear a Cuba socialista. Para ello, Estados Unidos no ha escatimado ningún recurso, ilegal e inhumano, con tal de que esos asesinos actúen a sus anchas en Miami. Esto dio como resultado que un importante grupo de exiliados de origen cubano se convirtiera en una poderosa fuerza económica, política, ideológica y cultural en el Estado de La Florida (Miami). Ese poder es económico, producto de la incursión en todo tipo de actividades ilegales, pero toleradas por los gobiernos de Estados Unidos, entre las cuales se encuentran el tráfico de drogas y de armas y la prostitución, dado que ese grupo de exiliados se configuró desde 1959 como un conglomerado mafioso, en el que descollaban los asesinos del gobierno de Fulgencio Batista, que formaron el núcleo duro y original que luego se fue reciclando entre muchos de sus hijos y descendientes. Esos delincuentes nunca son condenados y peor aún gozan de la protección y del estatus de “hombres honrados”, por su condición privilegiada de exiliados anticastristas que llegaron a ser de la CIA y coparticipes en asesinatos en Cuba y otros países y responsables de horrendos atentados, como el estallido de un vuelo de Cubana de Aviación en octubre de 1976, en el que perecieron 73 personas. Ese atentado fue organizado por Luis Posada Carriles y Orlando Bosch Ávila, ambos de origen cubano, que fueron miembros de la CIA y a uno de los cuales (Bosch), un juez de Estados Unidos catalogaría como un “terrorista no arrepentido”. Fueron individuos de este talante, similar al de Marco Rubio, los que configuraron el Miami contemporáneo, con el aval de los gobiernos locales y federales de los Estados Unidos en las últimas siete décadas. Tipos de este talante van a participar en las sucesivas agresiones no solo contra Cuba (como la fracasada Invasión de Bahía Cochinos en 1961), sino contra Nicaragua, Venezuela y todos los países en los cuales la extrema derecha anticomunista ha saboteado a gobiernos que no le caen bien a Washington.  

Esa mafia devino en un poder político y electoral en el estado de la Florida, puesto que, al cabo de poco tiempo, terminó controlando cargos político-administrativos (alcaldes, jefes de policía, gobernadores) y se convirtió en una gran fuerza electoral de la extrema derecha, que ha llegado a ser decisiva en el triunfo de candidatos republicanos a la Presidencia de Estados Unidos.  En la práctica, lo que se defina o se haga en términos políticos en La Florida está determinado por lo que diga ese poderoso lobby anticubano. Muchos de sus miembros ahora son “respetados empresarios” y “hombres de negocios”, que han devenido multimillonarios en la industria inmobiliaria, en el deporte, en la farándula, y en negocios non sanctus, vinculadas en forma directa con múltiples actividades criminales. Entre ellos se encuentra Marco Rubio, que han limpiado su hoja de muerte y su currículo criminal, para incursionar en la alta política.

Esa mafia ha devenido un poder ideológico y cultural, puesto que define el perfil dominante en Miami, en donde dominan los valores de la extrema derecha, de la ideología anticomunista y donde se imponen políticas retrógradas y represivas. Entre otras la prohibición del aborto, la censura de libros de autores de Estados Unidos, de Nuestra América (Gabriel García Márquez entre ellos) y del mundo (como William Shahespeare), la celebración el 7 de noviembre de un día anticomunista…

Este es el entramado social, político, económico y cultural en el que nace y se desenvuelve Marco Rubio, el cual no puede entenderse al margen de dicho contexto. En ese sentido, Rubio está conectado de todas las formas y por todos los medios, incluyendo ilegales y delincuenciales, con la mafia cubano-estadounidense que se hizo el grupo dominante en la vida cotidiana de Miami. Es, en síntesis, el “tipo ideal” de la mafia cubano-estadounidense de Miami, el prototipo individual de un molde universal en el micro mundo de exiliados cubanos de extrema derecha de La Florida.

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El título del libro, Un mitómano incontrolable, hace referencia a una de las características de Marco Rubio, quien es un mentiroso redomado, como se pone de presente, para empezar, con las referencias que él mismo hace de su biografía y la de sus padres, quienes llegaron a Estados Unidos en 1956, tres años antes del triunfo de la Revolución Cubana. Sin embargo, Rubio se inventó el cuento, políticamente muy rentable en el contexto anticastrista de Miami, que sus padres eran perseguidos políticos y habían huido de Cuba después de 1959. Esta mentira, conscientemente urdida, tiene la finalidad de presentarse ante la comunidad cubana de Miami como hijo de unos “perseguidos políticos” y él mismo como un “héroe” que encarna ese supuesto sufrimiento, pero que con tesón alcanzó el “sueño americano” por si mismo y con sus propios méritos.

Esta es la primera mentira a la cual le siguen un reguero interminable, que se mezclan con estafas, malos manejos financieros, malversaciones de fondos, y alianzas directas con empresas de armas y la Asociación Nacional del Rifle y lobbies, sobresaliendo el del Estado de Israel, y de la extrema derecha no sólo de Estados Unidos, sino de diversos lugares del mundo, en donde deben resaltarse sus conexiones con la extrema derecha y paramilitar de Colombia, encabezada por uno de los seguidores de Pablo Escobar, que llegó a la Presidencia de la República hace unos años. 

Desde su juventud, Marco Rubio se desenvolvió en el ambiente del narcotráfico en tiempos del auge del Cartel de Medellín, la especulación inmobiliaria y las estafas. A tal punto sobresalen sus nexos con el tráfico de estupefacientes que algunos lo denominan Narco Rubio. En su carrera meteórica hacia el senado de La Florida se asoció con delincuentes, entre los cuales puede mencionarse al cubano-estadounidense David Rivera, quien ha sido condenado por la justicia de Estados Unidos, aunque, como suele ser costumbre, los miembros de esta mafia no cumplen sus condenas, o se les reduce o son sencillamente exonerados de sus crímenes. Un cuñado de Rubio, Orlando Cicilia, es un conocido narcotraficante que fue condenado a veinticinco años de prisión por sus delitos en la década de 1980, de los cuales pasó en la cárcel solamente doce. Un hecho significativo radica en que cuando ese criminal fue arrestado vivía en la misma casa de Marco Rubio. Además, en 2002, cuando Cicilia estaba libre, su cuñado Marco Rubio le dio una carta de recomendación para obtener una licencia de bienes raíces, que normalmente no se la entregan a un exconvicto por tráfico de estupefacientes, pero Cicilia la obtuvo. Esta parte del prontuario de Marco Rubio es analizada con detalle en varios capítulos de este libro.

Y otra parte de la obra se dedica a escudriñar en sus posturas políticas de extrema derecha desde cuando fue Senador de Florida, precandidato presidencial y ahora en su condición de Secretario de Estado. Se resalta, con documentación de diversa índole, la manera en que Marco Rubio es un abanderado del lobby cubano-estadounidense de Miami. Su ideología es la misma de hace setenta años, siendo su objetivo principal destruir la Revolución Cubana, hacerle daño al pueblo cubano y a todos los pueblos del continente que buscan ser soberanos, independientes e intentan romper con la tutela del atrabiliario imperialismo estadounidense. En esa cruzada de extrema derecha sobresalen sus acciones contra Cuba, Nicaragua, Venezuela, China, su apoyo al genocidio de Gaza y su respaldo a los proyectos reaccionarios de la extrema derecha dentro de Estados Unidos y fuera de sus fronteras.

En esa dirección, Rubio es el primer responsable de la agresión contra Venezuela y del secuestro de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Floréz y del asesinato de 120 personas, entre ellas 32 cubanos. Es el responsable del bloqueo energético a Cuba, que tiene como objetivo hambrear a sus habitantes, esperando de esa forma que se genere una insurrección contra el gobierno legítimo de la isla. Es también coparticipe directo e indirecto de los asesinatos que la Secretaria de Guerra efectúa en los océanos de nuestra América con el bombardeo miserable y cobarde de pequeñas embarcaciones.

Lo significativo, igual que lo es el propio Donald Trump, y los miembros de su círculo más cercano, entre los cuales está Marco Rubio, radica en que desde el gobierno estadounidense pretenden dar lecciones de moral para adelantar sus políticas criminales, entre las que sobresale la persecución y expulsión de migrantes pobres, y la acusación contra estos migrantes y contra gobiernos enteros de nuestra América (Venezuela, México, Colombia) de ser narcoterroristas. Lo significativo, decimos, radica en que esas acusaciones provienen de un individuo con un prontuario criminal, ligado a narcotraficantes, estafadores, especuladores, mafiosos y pedófilos, si recordamos que Trump aparece en los Archivos de Jeffrey Epstein como un activo participante en orgias y violaciones de niñas. Marco Rubio también aparece mencionado en esos archivos, aunque hasta ahora no se ha precisado su nivel de participación en las aventuras sexuales del maniático sionista y miembro del Mossad.

Todo esto no es aleatorio ni secundario en la vida de Marco Rubio, ni de Donald Trump y compañía, simplemente es una expresión de las características que adopta el capitalismo realmente existente que precisa del tráfico de personas, drogas, órganos, especulación financiera e inmobiliaria con el fin de mantener a flote a delincuentes consumados que gobiernan el mundo, como es el caso conjunto de Donald Trump y Marco Rubio.

Para concluir, podemos decir que este libro describe con detalle la vida de un reaccionario químicamente puro, para evocar el afortunado calificativo de Gabriel García Márquez al referirse a Alexander Haig, Secretario de Estado (1981-1982), como Rubio, en el sanguinario gobierno de Ronald Reagan. (Bogotá, febrero de 2026)

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

El doloroso declive de los imperios

 



Fuentes: Ganas de escribir

Desde hace semanas, la página web de la Casa Blanca se abre con un texto que termina diciendo: «Hemos entrado indudablemente en una Edad de Oro de la grandeza estadounidense, que promete aún mayores oportunidades y seguridad en el futuro». Un mensaje que el presidente Trump suele repetir añadiendo que su país es la primera gran potencia mundial en todos los ámbitos.

Es indudable que el poder de ese país es inmenso y que está en la vanguardia del mundo en muchos ámbitos cruciales para la economía, la política y la vida de los seres humanos. Pero la Administración estadounidense y su máximo líder hacen una lectura bastante parcial del lugar que Estados Unidos ocupa en el mundo.

Según las fuentes estadísticas internacionales más solventes, Estados Unidos no es ni mucho menos la primera potencia mundial en todos los aspectos: ocupa el último lugar entre las naciones más avanzadas en los indicadores de salud, el 57 en libertad de prensa y estado del clima y el medio ambiente, el 46 en esperanza de vida, el 29 en ausencia de corrupción, el 27 en movilidad social, el 26 en indicadores educativos y el 24 en la felicidad que sienten sus ciudadanos. Sí está en el primer lugar, por el contrario, en número de personas encarceladas, en muertes por armas de fuego, tiroteos escolares, muerte por drogas, quiebras familiares por gastos médicos, obesidad infantil, muerte por desesperación… y, entre los países más ricos del planeta, también en desigualdad de ingreso y riqueza, mortalidad materna y pobreza infantil. En cuanto a indicadores económicos, igualmente es cierto que Estados Unidos es la primera potencia mundial en gasto militar y endeudamiento. Lo mismo que ocupa esa posición de privilegio por el número de guerras que ha provocado o en las que ha participado, y en los golpes de Estado que ha impulsado o dado directamente, utilizando sus servicios de inteligencia o fuerzas armadas.

Estados Unidos destaca sobremanera en los rankings mundiales. Es cierto. Pero también lo es que todas esas posiciones de vanguardia, como acaba de señalar, no son precisamente como para sentirse orgulloso, y que no permitan afirmar que ese país se encuentre en una Edad de Oro.

La verdad es que Estados Unidos es un imperio en declive. Hay unos datos muy elementales que quizá lo demuestren de forma muy rápida y elemental. Al terminar la segunda Guerra Mundial, su Producto Interior Bruto representaba el 50% del global, su producción industrial equivalía al 60% de la de todos los países del mundo juntos, y disponía del 80% de las reservas de oro existentes en el planeta. Hoy día, el PIB de Estados Unidos representa el 25% del mundial, su industria el 17% de la producción industrial global y sólo dispone del 25% de las reservas de oro totales. Su peso en la economía, el comercio, las finanzas, la tecnología e incluso en el poderío militar sigue siendo muy alto, pero en todos esos ámbitos decae sin cesar. Y lo hace, además, frente a China, una nación pobre y atrasada hace muy pocas décadas y que ahora ha logrado superar a Estados Unidos en muchos de los indicadores estratégicos más relevantes.

Imperios en declive

Ante esta situación en la que se encuentra Estados Unidos me parece fundamental tener en cuenta que el declive de todos los imperios que se han conocido y estudiado suele tener características semejantes que es muy probable que se vuelvan a dar ahora, en su caso.

Los imperios nunca declinan suavemente, digamos que aceptando pasivamente su pérdida de influencia y poder. Lo hacen, por el contrario, aumentando su agresividad, intensificando la extracción de riqueza a otras naciones y convirtiéndose en más peligrosos que nunca. Cuando su pujanza económica disminuye, aumentan la coerción militar, la presión financiera y el control político. Y, al no poder integrar ya bajo su manto a las demás naciones con consensos y convicción, recurren a la amenaza y exigen obediencia ciega.

Eso ocurrió con Roma, un imperio que terminó devorándose a sí mismo cuando, incapaz de seguir expandiendo su poder, comenzó a exprimir a los campesinos y artesanos y a generar una inflación disparada para poder financiar un gasto militar que terminó provocando su colapso. La desigualdad que eso produjo no fue un efecto colateral del declive, sino una de sus causas estructurales más relevantes.

España controló durante el siglo XVI los mayores flujos de metales preciosos que el mundo había conocido. Era el imperio donde nunca se ponía el sol, pero comenzó a encadenar bancarrotas y se convirtió en el Estado más endeudado de su época. Casi la mitad de los ingresos de la Corona terminaban como intereses de la deuda en los bolsillos de banqueros genoveses y alemanes, mientras se deterioraban las condiciones de vida de la inmensa mayoría de la población.

El Imperio británico, por el contrario, sí mantuvo su base productiva en la etapa de apogeo, pero no pudo evitar ni fue capaz de enfrentarse al ascenso de otras potencias como Alemania y Estados Unidos, en las últimas décadas del siglo XIX. Pero también reaccionó ante ello aumentando la agresión, la expansión colonial y las guerras cada vez más inútiles y costosas. La conocida como Guerra de los Bóers, en Sudáfrica, se había concebido como una operación rápida y de bajo coste. Sin embargo, se convirtió en un conflicto de desgaste que costó un cuarto de millón de bajas, generó una auténtica ruina financiera y puso al descubierto las limitaciones militares de un imperio que hasta entonces había podido actuar con total impunidad allí donde se le antojaba. El paralelo con las últimas guerras promovidas por Estados Unidos en Afganistán, Irak o Irán no puede ser más evidente.

Un mismo patrón

La mayoría de los imperios conocidos han recurrido a la coerción y a la expansión militar cuando su liderazgo económico menguaba y por eso registran gastos militares exagerados en esa etapa que agudizan el deterioro económico. Lo mismo que está sucediendo con los Estados Unidos de nuestra época, un imperio que prácticamente no ha dejado de estar en ningún momento en guerra durante los últimos veinticinco años.

También está aumentando ahora la extracción creciente de riqueza a quienes habían sido los mejores aliados del imperio estadounidense. Se comprueba particularmente con Europa, que soporta costes energéticos extraordinarios, pérdida de capital industrial, dependencia militar y tecnológica y subordinación estratégica a Estados Unidos sin precedentes. Y lo que aún es más revelador es que esa presión sobre los aliados produce precisamente el efecto contrario al deseado. La hostilidad de Trump logra unir a Europa, acercar a China, Japón y Corea del Sur, o generar un bloque cada vez más numeroso de países antagónicos a Washington.

Por otro lado, los imperios en declive no sólo aumentan su agresión y control hacia el exterior, sino también dentro de sus propias fronteras. tal y como está ocurriendo ahora con Estados Unidos. Con la excusa de combatir el terrorismo, allí se vigila masivamente a sus ciudadanos, se militariza la acción policial y las libertades y derechos civiles se erosionan sin cesar.

Quizá el síntoma más claro y paralelo con el patrón histórico es lo que está ocurriendo con la distribución de la riqueza interna en Estados Unidos. Roma exprimió a sus campesinos para pagar a los mercenarios, España esquilmaba a sus vasallos para pagar a sus banqueros, y ahora Estados Unidos recorta la sanidad y ayudas destinadas a la población más pobre para financiar su gasto militar y los privilegios fiscales que concede a los oligarcas.

Es igualmente característico de los imperios en declive que sus clases dirigentes se conviertan en algo así como autómatas incapaces de reconocer las limitaciones que afectan a su poder y capacidad de influencia. Los reyes siguieron embarcando a España en guerras imposibles a pesar sus bancarrotas. El imperio japonés atacó a Estados Unidos cuando se sabía perfectamente que no estaba en condiciones de hacerle frente. La Francia napoleónica se precipitó ella misma hacia el colapso creyéndose dueña y señora del mundo en las estepas rusas… Los grandes imperios en declive nunca se detienen a tiempo.

Y, por último, en todos ellos se da un fenómeno que también estamos viviendo en estos momentos cuando comienza a producirse el de Estados Unidos, la financiarización extrema de sus economías. Lo que comienza siendo un imperio basado en el poderío productivo, agrícola, industrial y comercial termina por no poder sostenerse nada más que en la fuerza artificialmente lograda de su moneda divisa, además de en los ejércitos.

No es precisamente su Edad de Oro

Estados Unidos no va a colapsar, ni a corto plazo ni siguiendo un guion simple o predecible. No podemos saber lo que ocurrirá en los próximos años, pero sí se puede sostener con certeza algo que ya ha comenzado a producirse y a evidenciarse ante nuestros ojos: Estados Unidos está entrando en la fase más peligrosa de todos los procesos de dominio imperial. Aquella en la que el imperio sigue siendo extraordinariamente poderoso, pero no lo suficiente como para imponer su poderío sin costes igualmente extraordinarios a los demás y a sí mismo. Tanto por el deterioro de los motores que le dan fuerza interna, como por la existencia de competidores que alteran las reglas de privilegio que había establecido para poder sostener su imperio.

El mundo de hoy día ya no es unipolar y Estados Unidos se sigue comportando, sin embargo, como si lo fuera. Y su superioridad económica, financiera, tecnológica y militar ya no es suficiente, ni siquiera, para imponerse a una potencia media como es Irán. Algo, hace décadas impensable. Y, como nos ha enseñado la historia, cuando todo esto ocurre es cuando el imperio y el mundo sobre el que se proyecta se vuelven más inestables y violentos. La prepotencia y la soberbia insultante de Trump no son rasgos personales, son la característica estructural y muy dolorosas para todos de los imperios que comienzan a caer.

También sabemos, por supuesto, que la historia no tiene por qué repetirse siempre de la misma forma. Pero, por si acaso, deberíamos prepararnos para estar en condiciones de enfrentarnos a lo peor.

Fuente: https://juantorreslopez.com/el-doloroso-declive-de-los-imperios/