Tengo en mis manos una foto. Es de una medalla dorada, redonda, chiquita. De un lado tiene un rostro de perfil, el de la Virgen Niña. Del otro lado, bien clarito, dice GRACIELA en mayúsculas y abajo una fecha: 3-9-74.
Cincuenta años. Dentro de ese pequeño fragmento de metal caben 50 años, mucha vida, dolor en cantidades difíciles de precisar. Caben también certezas que deshacen silencios.
Esa medalla tiene mi nombre porque fue mía. Fue tuya. Es nuevamente mía. Se cerró el círculo. Yo soy la “Graciela” de la medalla. Graciela Geuna. A veces tengo que decirlo todo junto porque mi historia tiene dos partes que no se separan: soy familiar de desaparecido -mi esposo, Jorge Cazorla- y soy sobreviviente del campo de concentración y exterminio La Perla de Córdoba. Desde 1980, como sobreviviente, me cargué el testimonio al hombro: la denuncia de la metodología del exterminio y sus autores. Como familiar, estoy buscando con el colectivo de querellantes en la causa enterramientos clandestinos.
Esa medalla, tiene una fecha grabada, es la de mis 19 años, el 3 de septiembre de 1974.
Y esa medalla apareció. Apareció en los trabajos de excavación, en Loma del Torito. El Equipo Argentino de Antropología Forense la encontró en “el sedimento cercano a LTZB-T14”. Y eso, para mí, dice algo muy claro: que ahí estuvo Jorge. Jorge Omar Cazorla, mi marido, asesinado y enterrado clandestinamente por el Tercer Cuerpo de Ejército en 1976. La medalla marca un lugar preciso, único, donde Jorge ahora aparece. Aparece su rastro.
Para mí fue siempre un objeto protector. Mediador también, entre mis padres y yo. Mis padres me la regalaron ese día que cumplí 19. Era una marca de amor que me acompañaba, era la presencia de mamá y papá a donde fuera. No me la sacaba nunca. En la foto de mi casamiento con Jorge estoy con la medalla puesta.
Cuando vimos que nos estaban matando a todos, unos días antes de que cayéramos, se la puse alrededor del cuello para que lo protegiera. No recuerdo qué me dijo ni sé qué pensó, pero sé que la aceptó y ya no se la sacó más. La tuvo hasta el final. Y después... ¿hasta cuándo habrá estado con él? ¿Veinte, treinta, cincuenta años?
Un amuleto, según la Real Academia Española, es un “objeto pequeño que se lleva encima, al que se atribuye la virtud de alejar el mal o propiciar el bien”. Cuando la muerte rondaba cerca, yo quise compartir esa protección a Jorge. Se la di, se la puse alrededor del cuello como un gesto de cuidado, para estar con él, acompañarlo en esos días de terror. Tomá esto mío, llevalo con vos; te doy mi medalla, mi estampita, mi cosito de la suerte. Estoy con vos.
Ese amuleto no pudo evitar la muerte, pero lo acompañó y protegió su identidad. Ha sido un hilo de amor. Un hilo conductor de amor: de mis padres hacia mí, de mi hacia Jorge. Y hoy vuelve. Para decirme que estás o al menos estuviste allí, aunque tus huesos no hayan sido identificados.
La medalla es también una marca. Señal, signo, muesca, distintivo, indicador, dice el diccionario. Es la certeza de que ahí, exactamente ahí, te llevaron. Un punto exacto, que se puede ubicar en el mapa, geolocalizable, único. Una coordenada inequívoca en el gigantesco predio de 14 mil hectáreas que tiene el III Cuerpo de Ejército. La medalla marcó un pedacito de terreno claramente identificado dentro de las hectáreas que excavó el EAAF en 2025. ¿Cuánto es eso? Un puñadito de tierra entre montes y cerros.
Los expertos nos contaron que otros objetos los encontraron con detectores de metales. Pero la medalla apareció casi en la superficie. Así nomás, como si la tierra la hubiera protegido y devuelto en el momento justo. Salió por fortuna, salió por destino, salió por deseos. La tierra se abrió para decirnos que guardó la medalla de Jorge.
Pensé que se la habrían a robar como a todo, porque a los desaparecidos les robaban todo. Pero cuando se llevaron a Jorge, era invierno y tenía puesto un pullover con cuello redondo que ocultaba la medalla. La ropa la escondió, el cuerpo se fue con su amuleto y la tierra cuidó de ese círculo dorado, ese hilo de amor. Hoy me la devuelve y habla en tu nombre Jorge. Vos no podés hablar, la medalla sí.
Jorge tenía 22 años cuando el ejército lo secuestró, lo mató y escondió su cuerpo. Estudiaba abogacía en la Universidad Nacional de Córdoba, militaba en la Juventud Universitaria Peronista. Era de Villa Mercedes, la ciudad de la calle angosta, la de una vereda sola. Además de la militancia y el Derecho, amaba la música: había trabajado de disc-jockey, daba clases de matemáticas, era un torbellino de energía vital. Era la persona más sociable del mundo. Salir con él era pararse cada dos pasos a saludar amigos.
Todavía no hemos recuperado tu cuerpo, pero ya sabemos que estuviste ahí, que está en algún lugar de esa tierra. En ese lugar preciso, que ahora está marcado.
La medalla es también una evidencia, una prueba. Un objeto que existe, que se puede tocar, analizar. Tangible.
Apareció junto a huesos, junto a 1.263 restos y fragmentos óseos que recuperaron entre septiembre y diciembre de 2025 en el paraje conocido como Loma del Torito, dentro de los terrenos del III Cuerpo de Ejército.
“Huesos de manos o pies: carpos, metacarpos, tarsos, metatarsos y falanges; así como piezas dentales, algunas vértebras y algunas costillas”, dice el reporte del EAAF. Dice también que hallaron “cráneo, mandíbula, miembros superiores, miembros inferiores y pelvis”.
Se identificaron a 12 desaparecidos, a vos aún no. Pero por la medalla sabemos que estuviste allí. La medalla es una certeza. Pero también es un enigma y una pista: ¿Qué recorrido hicieron con tu cuerpo? ¿Con los cuerpos que estaban con vos? ¿Dónde estuvieron antes? ¿Adónde después? La medalla es una marca en ese camino, y ese camino lo vamos a rehacer.
Siguen secuestrados, sí. Pero nuestra búsqueda está cambiando todo. Cincuenta años después los estamos encontrando. La muerte es parte de la vida, pero la desaparición no. Los estamos trayendo de regreso a un mundo compartido.
Esa medalla dice que nuestra búsqueda tenía sentido. Que sigue teniendo sentido. Que sigamos.
El Archivo Nacional de la Memoria estableció que los muertos fueron 308, ni más ni menos. El podre Adradas sufrio todo tipo de represalías por haber abatido un avión de la Marina sediciosa. Combatan el olvido. Lean y difundan esta nota,
Mantos de neblina
POR TEODORO BOOT
En la I Brigada Aérea de Palomar el ministro de Defensa Agustín Rossi encabezó el acto de conmemoración de un nuevo aniversario del bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina: el 1 de mayo de 1982, a lo largo de 58 misiones de combate, los aviones de la Fuerza Aérea hundieron una fragata británica y averiaron otras tres, derribando también dos aviones Sea Harrier y varios helicópteros.
En el acto se rindió homenaje a los catorce valerosoefectivos de la Fuerza Aérea que dieron la vida ese día, así como a los cincuenta y cinco que la perderían a lo largo del conflicto.
Pero mal que les pese a los integrantes de la Fuerza Aérea, no fue ese el bautismo de fuego de la aviación militar argentina, ni tampoco el de la aviación naval. Para eso, habría que remontarse muchos años atrás, hasta el momento en que el capitán de fragata Néstor Noriega despegaba de la base naval Punta Indio al timón de un Beechcraft AT11 provisto de dos bombas de demolición de cien kilos cada una.
Una noble causa
Eran las 10 de la mañana. El mal estado del tiempo obligó al capitán Noriega a mantenerse en el aire durante más de dos horas en las inmediaciones de la ciudad uruguaya de Colonia, hasta que recién a las 12.45 del 16 de junio de 1955 pudo descargar las bombas sobre la Casa de Gobierno.
El objetivo: matar a Perón.
Entre las 12.45 y las 17.45, en tres oleadas, la aviación naval tendría su verdadero bautismo de fuego descargando sobre el centro de Buenos Aires más de diez toneladas de bombas que provocarán la muerte de cerca de 300 transeúntes, entre ellos numerosas mujeres y niños.
A las 13:05, en la VII Brigada Aérea de Morón, el brigadier Mario Daneri ordenaba el despegue de una escuadrilla de cazas con la misión de interceptar un grupo de North American de la Armada.
Tras algunas vacilaciones, decolaron de la base tres birreactores Gloster tripulados por el primer teniente Mario Olezza, el teniente Osvaldo Rosito y el primer teniente Juan García, al mando de la escuadrilla. Minutos después los siguió el teniente Ernesto Adradas.
Con capacidad de desarrollar 700 kilómetros por hora y dotado de cuatro poderosos cañones de 20 milímetros, el caza a reacción británico Gloster G.41G FMK “Meteor” era un arma formidable para la época.
En cuanto Adradas se unió en el aire a sus compañeros, divisó a dos de los North American rebeldes. Primero Olezza y luego Rosito se lanzaron sobre ellos, sin resultado. Cuando le llegó el turno a Adradas, el North American piloteado por el teniente de corbeta Arnaldo Román recibió de lleno más de diez impactos disparados por los cañones del Gloster. Se trató del auténtico bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina.
Desde el segundo North American de la aviación naval, el teniente de corbeta Máximo Rivero Kelly alcanzó a observar el paracaídas de Román descendiendo lentamente sobre el río mientras el avión se despeñaba hecho una bola de fuego.
Al ver que los Gloster iniciaban un giro para lanzarse sobre él, Rivero Kelly descendió en picada sobre Retiro, de donde en esos momentos salía de la estación un tren con destino al Tigre. El piloto naval siguió a la formación y, al alcanzarla, procedió a volar sobre ella para evitar ser atacado.
Ya casi llegando a San Isidro, Rivero Kelly se elevó y, oculto en una nube, viró en dirección a Ezeiza. Cerca ya del aeropuerto, las nubes se abrieron y Rivero advirtió que se encontraba sobrevolando la base de Morón, desde la que el North American era perfectamente visible.
En tierra, el comandante Agustín de la Vega miró a los cielos, confundiendo el paso de la aeronave de Rivero Kelly con la señal que esperaba para tomar la base. Junto a un pequeño grupo de sublevados redujo a los oficiales remisos y a la totalidad de los suboficiales, que se mantenían leales al gobierno constitucional .
Los Gloster en acción
Al no encontrar a Rivero Kelly, Síster enfiló hacia el aeropuerto de Ezeiza, que ametralló, inutilizando por completo un Beechcraft AT-IIA Kansas de la aviación naval. Tras él, y también ignorantes de que la Base Aérea de Morón había cambiado de bando, pasaron sobre Ezeiza los cuatro Gloster de la escuadrilla interceptora, destrozando el anfibio Consolidated PBY Catalina del capitán de corbeta Enrique García Mansilla, que procedente de la Base Aeronaval Comandante Espora, acababa de descargar 1814 kg de explosivos de fragmentación sobre la cada vez más concurrida Plaza de Mayo.
El Gloster del vicecomodoro Síster terminó de carretear en la pista de aterrizaje de la base de Morón y se dirigió rumbo al playón contiguo a la torre de control. No bien saltó a la pista, Síster fue arrestado por los oficiales que se habían plegado a la sublevación.
El teniente Adradas había aterrizado después de Síster y se acercaba al playón. Cuando Síster fue detenido, Adradas descendió subrepticiamente de su aeronave y corrió hacia los vestuarios, para ocultarse en un armario, casi seguro de que, de ser descubierto, sería ultimado.
El comandante Agustín de la Vega, que había asumido el comando de la base, ordenó el despegue de una escuadrilla, ahora con el objetivo de disparar contra la Casa de Gobierno. La escuadrilla partió a las 15:31 y, de camino al objetivo, los Gloster cañonearon el Departamento Central de Policía.
Una vez agotadas las municiones, los pilotos de la Fuerza Aérea regresaban a la base para de inmediato trepar a otras aeronaves, ya provistas de combustible, así como de las municiones y artefactos explosivos necesarios. Las sucesivas oleadas de Gloster de la Aeronáutica causaron numerosísimas bajas entre militares y civiles ubicados en los alrededores de la Casa Rosada; el propósito era disminuir la presión que los soldados leales y los cada vez más nutridos grupos de trabajadores ejercían sobre el Ministerio de Marina.
Agitando pañuelos me iré
Alrededor de las 15 horas, el vicealmirante Olivieri, atrincherado en el Ministerio de Marina, ordenó enarbolar una bandera blanca. Al verla, numerosos trabajadores comenzaron a cruzar Leandro Alem en dirección a la plazoleta del Correo, pero fueron sorprendidos por el vuelo rasante de cinco Gloster que llegaban desde la Boca. Varios obreros los saludaron agitando los pañuelos: los cazas a reacción de la Fuerza Aérea eran muy diferentes de los aviones que desde el mediodía habían ametrallado y lanzado bombas de fragmentación sobre la Casa de Gobierno, la Plaza de Mayo, el Departamento Central de Policía, las columnas del Regimiento 3 de Infantería de La Tablada, la multitud de trabajadores concentrada en Crovara y General Paz, las antenas de Radio del Estado, instaladas en la terraza del edificio de Obras Públicas, en Belgrano y 9 de Julio, la residencia presidencial, las instalaciones de Radio Pacheco, el local de la carnicería y verdulería La Negra de Pueyrredón 2267, el Regimiento Motorizado Buenos Aires, etcétera, etcétera.
Algunos de los que agitaban los pañuelos, saludando alborozados la llegada de los cazas de la aeronáutica, cayeron abatidos por la metralla mientras otros alcanzaron a esconderse debajo de la recova de Leandro Alem, momento que aprovechó Olivieri para arriar la bandera blanca y reanudar el fuego contra la multitud.
Luego de ametrallar Paseo Colón, los Gloster Meteor de la Fuerza Aérea viraron hacia la izquierda y tras un amplio arco, descendieron sobre el Congreso y pasaron sobre la Avenida de Mayo disparando sus cuatro cañones 20 mm. Una vez sobre el río, dieron la vuelta y en una nueva pasada volvieron a ametrallar la Casa de Gobierno.
En esos momentos una columna de blindados de Ejército se aproximaba a la base aérea a toda velocidad. Mientras en Ezeiza, los marinos se preparaban para huir, en Morón, De la Vega daba a sus pilotos orden de despegar y, luego de atacar una vez más Plaza de Mayo, escapar al Uruguay.
Proveniente de Ezeiza, un Douglas C 47 de la Armada cargado de comandos civiles descendió en la base de Morón para evacuar a los conspiradores, entre los que se encontraban el radical Miguel Ángel Zavala Ortiz y el conservador Antonio Vicchi. El dirigente socialista Américo Ghioldi, el tercer integrante del “triunvirato revolucionario” que asumiría el gobierno una vez muerto Perón, ya estaba en Montevideo.
Cerca de las 18 horas, la escuadrilla de Glosters integrada por el capitán Carlos Carus y los tenientes Néstor Marelli y Armando Jeannot, atacaron el Departamento de Policía y la Casa de Gobierno, ametrallándola durante más de diez minutos. Por su parte, el teniente Guillermo Palacio arrojaba sobre los trabajadores concentrados en Plaza de Mayo su tanque de combustible suplementario con casi 800 litros de nafta. Lanzado a alta velocidad, al gasificarse la nafta en la caída, el tanque habría de explotar convertido en una bola de fuego.
Durante las seis horas en que se prolongó su bautismo de fuego conjunto, los pilotos de la Fuerza Aérea y la Aviación Naval asesinaron a más de 350 personas, hiriendo y mutilando seriamente a otras 845.
“El pueblo, sobrecogido de espanto ante el increíble espectáculo –publicó al día siguiente el matutino Clarín–, reaccionó pronto y condenó lapidariamente a los empresarios de tal violencia, destrucción y muerte. Ninguna causa, por grande que fuera, podría justificar semejantes métodos de lucha. Las sombrías horas que vivió la capital de la República no han de ser olvidadas fácilmente”.
*Luego de hablar con Putin, Trump anunció que la guerra «está prácticamente terminada» e Irán podría levantar el bloqueo del estrecho de Ormuz.
*El precio del petróleo se había disparado, pero los dichos de Trump hicieron que bajara.
*Advierten que Israel, que quiere continuar la guerra, podría destruir la mezquita del Al Aksa en Jerusalén, el tercer lugar sagrado del Islam.
La agresión a Irán solo es del interés del genocida gobierno de Israel que puede estar dispuesto a utilizar armas nucleares con tal de salirse con la suya: seguir ocupando territorios desde el Nilo hasta el Eúfrates, con el objetivo de concretar el sueño de un Gran Israel cuyo mayor obstáculo es la existencia de la República Islámica.
En lo inmediato, el peligro mayor que enfrenta la Humanidad es la posible utilización de atentados de falsa bandera con los que Israel trate de conseguir que países hasta ahora neutrales se sumen al bando agresor. Tal como, se acaba de denunciar que puede haber ocurrido en Azerbaiyan, cuyas autoridades anunciaron haber desbaratado un complot iraní para volar un oleoducto.
El peligro mayor, destaca Tucker Carlson, es que Israel vuele la mezquita de la roca (Al-Aqsa) de Jerusalén (Al Quds para los musulmanes), le eche la culpa a Irán y se proponga construir sobre sus ruinas y cimientos una sinagoga: el mítico tercer templo, como pretenden no sólo los sionistas judíos, sino también los cristianos sionistas entre los que, oh sorpresa, se encuentra nada menos que el secretario de Defensa (ahora «de Guerra») Pete Hegseth (1).
Maqueta del proyectado Tercer Templo propagandizada por los sionistas diz que cristianos.
La destrucción de la antiquísima mezquita de la cúpula dorada, ubicada con sucesivas remodelaciones desde hace 2736 años en el sitio donde los musulmanes creen que Mahoma ascendió a los cielos (para reunirse con Abraham, Jesús y otros profetas y seguidamente con el mismísimo Alá) tornaría irresoluble la guerra sin que pudiera atisbarse otro final que una derrota inapelable, ya fuera del Eje de la Resistencia al sionismo que articula la República Islámica, o de Israel.
Estas son algunas de las conclusiones que se desprenden de los razonamientos del periodista Tucker Carlson y de su diálogo con el analista Brandon Weichert (2), quien denunció estar siendo objeto de censura por sus opiniones a pesar de su proximidad con la corriente America First que llevó a Donald Trump a la presidencia por segunda vez. (3)
Brandon Weichert. «Trump, retírate antes de que sea demasiado tarde».
Tucker Carlson es famoso. Un WASP (blanco, anglosajón y protestante) del partido republicano, un nacionalista que de joven estuvo a punto de ingresar a la CIA; fue largos años presentador de noticias en la cadena FOX y un entusiasta promotor de las campañas presidenciales de Trump. Conocido por haber tenido frecuente acceso al despacho oval para departir con Trump, entrevistó a Vladimir Putin y en Argentina a Cristina Fernández de Kirchner y al presidente Milei. Se diferencia de la mayoría de los miembros de las animosas huestes del movimiento MAGA por su explícita repulsa a todo tipo de racismo y sus inquietudes espirituales (perteneciente a Iglesia Episcopal, una derivación de la Anglicana, en los últimos tiempos se aproximó al catolicismo).
Tal como le pasó al asesinado Charlie Kirk, el genocidio que perpetra Israel en la Franja de Gaza impulsó a Carlson a revisar sus posiciones respecto a lo que ocurre en el Cercano Oriente. Y es que le resulta evidente que si Trump volvió a la Casa Blanca prometiendo que retiraría a su país de todas las guerras en que estaba comprometido durante el gobierno de su predecesor, Biden, desde entonces ha atacado verbal o materialmente a una decena de países. Y no se le escapa que ese cambio de posición se dio, sugestivamente, a medida que comenzaron a aparecer evidencias de la estrecha relación que tuvo con Jeffrey Epstein, el financista pedófilo que recibió instrucción como espía directamente del ex primer ministro israelí, el teniente general Ehud Barak (4) y altos agentes del Mossad.
Ni Carlson ni quien escribe somos teólogos pero hemos tenido una educación cristiana y vemos que hay un abismo irrellenable entre los cristianos discípulos del Jesús del sermón de la Montaña y el construido por la llamada «teología de la prosperidad» promovida por los pentecostales de matriz estadounidense y brasilera (recomiendo enfáticamente ver el documental «Apocalipsis tropical en Netflix) que se presentan como cristianos sionistas, un oxímoron.
Carlson dijo que hay múltiples denuncias de militares cuyos jefes los arengan a participar en los ataques a Irán argumentando que se trata de una guerra santa, religiosa, impulsada detrás de bambalinas por Israel. Lo que coincide con la escena en la que una aglomeración de pastores pentecostales rodea a Trump en el despacho oval de la Casa Blanca fin de otorgarle un cariz religioso a su “cruzada” contra el Islam, iniciada con el asesinato (no fue una bomba sino dos o más, separadas por 40 minutos) de más de 150 niñas de una escuela primaria y sus maestros en Minab, al sur de Irán y cerca del estrecho de Ormuz.
Tras destacar que la agresión a Irán es injustificable porque no suponía ninguna amenaza para los Estados Unidos y estaban a punto de fructificar negociaciones en las que Irán iba a ratificar por enésima vez que no estaba construyendo armas nucleares, Weichert advierte que EEUU puede sufrir una aguda falta de municiones y misiles convencionales (Tomahawk) de prolongarse la guerra más allá de un mes, puesto que la base industrial de los Estados Unidos está rota y corrompida. Y que en ese lapso el barril de petróleo puede más que duplicar su precio llegando a los 200 dólares.
Subraya luego que hay varias refinerías de petróleo que han sufrido graves daños al ser alcanzadas por misiles iraníes e incluso han experimentado una destrucción total como la de Qatar, cuya reconstrucción puede llevar años.
Weichert advierte que el agotamiento de los proyectiles convencionales puede permitir que las baterías iraníes sobrevivientes, enterradas en silos subterráneos en toda la geografía iraní comiencen a derribar aviones de la alianza mataniños. Y que eso aumentaría la tentación de utilizar armas nucleares «tácticas», ya sea por parte de Trump o de Netanyahu.
Recordó luego que ya en su tercer libro, publicado en 2023 (5), advirtió que una guerra con Irán desataría una guerra mundial y que sigue convencido de que «estamos en las salvas de apertura» de una contienda global, y que la responsabilidad de su estallido será exclusivamente de los gobiernos de Estados Unidos e Israel.
Agregó que apenas hacia una hora había hablado con un alto jefe de la CIA que le confirmó que estaba en contacto diario con altos oficiales de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) que tienen presencia permanente en el Pentágono. Y citó al libro «Israel, Winner of the 2003 Iraq Oil War: Undue Influence, Deceptions, and the Neocon Energy Agenda» (Israel, ganó la guerra petrolera de Irak en 2003: Influencia indebida, engaños y la agenda energética neocon) del libertario Gary Vogler, quien denunció que un subsecretario de inteligencia del Pentágono era un doble agente infiltrado que trabajaba para el Mossad (6).
Luego citó a importante general ruso que le dijo a un medio local que tiene absoluta certeza de que en irán hay un grupo de altos oficiales chinos que están trabajando en la fabricación, ya muy avanzada, de misiles hipersónicos. Y advirtió que si China se ve forzada a entrar a la guerra, lo primero que hará es destruir los satélites norteamericanos e «inutilizar nuestras frecuencias electromagnéticas» para seguidamente lanzar una lluvia de misiles ASBM aprovechando sus islas artificiales para mantener a raya a los portaviones de la US Navy.
El objetivo del sionismo en un distintivo de un oficial israelí: el Eretz Israel.
China, agregó, dispone de una constelación de satélites que ubican a la perfección a «nuestros buques y bases», las que han sido muy dañadas por los iraníes gracias a contar con esa esa información. Y remató diciendo que la base Barhein, sede de la V Flota, está tan devastada como Gaza.
Weichert dijo también que «para China Irán es el banco de pruebas para anular nuestra tecnología del mismo modo que Ucrania es nuestro banco de pruebas para anular la tecnología rusa».
Citó luego a Brendan O’Reilly, CEO del grupo Boldyn Networks (ex BAI Communications), una trasnacional de origen británico especializada en conectividad en telecomunicaciones, construcción de redes inalámbricas de 4G, 5G, Wi-Fi y fibra para operadores, empresas y ciudades. Experto en China, O’Reilly dice no tener dudas acerca de que la ganadora de la guerra será China por su clara superioridad en potencia industrial.
Contradiciendo a la mayoría de los medios que sostienen que en los países del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico (CCG) cunde el resentimiento con Irán por los daños colaterales provocados por sus ataques a las bases estadounidenses, Weichert dice que ese resentimiento se dirige a EEUU por haber retirado sus defensas antiaéreas para proteger a Israel, dejándolos desguarnecidos.
Comentó que, síntoma de la decadencia norteamericana (“suicidio nacional”, dijo), las respectivas embajadas les comunicaron a los ciudadanos residentes en Qatar y los Emiratos que se marcharan de esos países por sus propios medios pues no podrían ayudarles, mientras que el Reino Unido ejecutó un prolijo rescate aéreo de sus ciudadanos.
Tras autocriticarse por haber apoyado el ascenso de Hegseth (como Carlson, un ex presentador de la Fox) a secretario de Defensa (rebautizado como “de Guerra”) que como ya hemos dicho apoya la demencial construcción de una sinagoga, el “Tercer Templo” donde hoy se encuentra la Mezquita de Al Aksa, Weichert sentenció que el ataque a Irán “no es un paseo por el parque” y que “las cosas no van como nos dijeron que irían”.
Seguidamente se refirió al intento de utilizar a los kurdos de Irak como carne de cañón para atacar a Irán. Estimó que no fructificará porque Turquía no lo va a permitir. No dijo, lo agrego yo, que los kurdos, por más prooccidentales que sean, no pueden olvidar que sus fuerzas fueron abandonadas en Siria por sus aliados yanquis que los dejaron a merced de sus enemigos del Estado Islámico que se hizo con el control del país.
También dijo que la pretensión de financiar a los Mujaidines del Pueblo (Mujaidines al Jalk o MKO/MEK por sus siglas en inglés) es absurda por su falta de predicamento en el interior de Irán. El MKO que era una organización guerrillera de izquierda cuando participó de la revolución de 1979, se convirtió con el paso del tiempo en una banda mercenaria al servicio primero de Sadam Hussein, y luego al mejor postor, por ejemplo del Mossad, para quien asesinó a una larga serie de científicos iraníes.
Tanto Carlson como Weichert coincidieron en que Israel fomenta una guerra religiosa dentro de EEUU, entre los seguidores del Nazareno y los que han inventado un cristianismo aún más sionista que los antiguos fariseos y saduceos.
En este sentido en el video la traducción automática habla de una secta llamada “Chabad”, que articularía esta campaña en beneficio de Israel. Un error porque en inglés no existe el sonido de la letra jota, que suele ser reemplazada por la “kh” y en este caso por la “ch”. Es obvio que se trata de la poderosa secta pedófila Jabad Lubavitch, a la que Milei rinde tributo.
Tras mencionar a opositores a Trump como los gobernadores demócratas de Virginia, la ex oficial de la CIA Abigail Spanberger, y del poderoso estado de California, Gavin Newson, Weichert, le recomendó a Trump, que ordene la retirada, antes de que sea demasiado tarde. Y advirtió que Israel no lo aceptaría de buen grado, lo que vuelve a levantar sospechas de que pueden producirse atentados de falsa bandera para tratar de que la guerra prosiga.
La entrevista se hizo hace una semana, el jueves 5, y seguidamente Trump –que cambia de opinión como quien se cambia de camisa— dijo al día siguiente que la guerra solo podría terminar con la rendición incondicional de Irán.
Todo indica que Weichert tenía plena razón.
Como podrán darse cuenta, considero esta entrevista de excepcional significación. Mientras escribía, me llegó otra entrevista de Carlson. No he tenido tiempo de verla, pero la pongo a continuación por si les lectores quieren adelantárseme.
NOTAS
1) Horas antes, Hegshet había admitido que EEUU había decidido atacar a Irán obligado por Israel. Su razonamiento fue que, enterados de que Israel atacaría a Irán, resultaba evidente que Irán respondería atacando objetivos estadounidenses, por lo que se decidió participar del ataque israelí de manera «preventiva».
2) El mismo se presentó como un nerd obsesivo en su estudio de temas militares y de defensa, casi siempre en base a fuentes públicas, y añadió que sus enemigos lo llamaban «Dr. Muerte».
3) Dijo que oficiales de la inteligencia con base en Langley y Arlington han conformado una división dedicada a espiar (escuchar y ver) a los opositores; que se censuran y se quitan de las redes los videos independientes y se difunden otros hechos con IA, y que los sitios de internet opositores son bombardeados por miles de boots hasta dejarlos fuera de servicio, lo que también se utiliza para inutilizar los correos electrónicos…
4) Barak, el militar más condecorado de la historia de Israel, sucedió a la par de Shimon Peres al asesinado Isaac Rabin al frente del partido laborista, que jamás volvió a gobernar y fue desilanchándose. Tuvo activa participación en los acuerdos de Camp David a comienzos de este siglo, y culpó de su fracaso a Yasir Arafat pero la izquierda pacifista lo culpó a él.
5) Se refiere a su tercer libro «The Shadow War: Iran’s Quest for Supremacy» (La guerra en la sombra: la búsqueda de supremacía de Irán) publicado por Republic Book Publishers.
6) Analista de inteligencia militar y experto en el temas energéticos (petroleros), Vogler se desempeñó en el Ejército de los Estados Unidos durante la guerra de Irak, donde estuvo destacado. Perdió su empleo en 2013 luego de denunciar que el entonces Subsecretario de Inteligencia Militar, Michael Vickers, era, además de un alto agente operativo de la CIA (que como tal había tenido relación directa con los «luchadores por la libertad» que en Afganistán combatieron a los ocupantes soviéticos) un doble agente infiltrado en el Pentágono que reportaba al Mossad.
No es la mal llamada “inteligencia artificial” lo que está destruyendo puestos de trabajo. Es un cambio muy profundo en la cultura empresarial. Es la consolidación de un sentimiento que se viene larvando desde hace un par de décadas y que, ahora sí, ha encontrado un relato perfecto en la “IA”
Apenas habían transcurrido tres meses desde el lanzamiento de ChatGPT, pero en marzo de 2023 en Wall Street ya sabían cuál sería el efecto de la llamada “inteligencia artificial” sobre el empleo. Esta nueva y flamante tecnología haría desaparecer 300 millones de puestos de trabajo; dos de cada tres empleos en todo el mundo se verían afectados.
Por el camino, sus promotores se han tenido que comer en varias ocasiones sus palabras. Ya nadie espera que haya una superinteligencia. Tampoco que la IA sea útil en todos los sectores. En aquellos en los que parecía más arrolladora, como en el análisis de radiografías, no ha terminado de producir los efectos que se anunciaban. Los hospitales siguen necesitando radiólogos, las empresas siguen contratando programadores y los despachos de abogados continúan llenos de abogados. La inteligencia artificial, por ahora, no ha sustituido a los trabajadores. Como mucho los ha equipado con herramientas nuevas. Y como ha ocurrido tantas veces antes en la historia de la tecnología, esas herramientas parecen estar cambiando la manera de trabajar mucho más que eliminando el trabajo mismo.
Pero da igual. Aunque ya nadie se atreve a dar aquellos datos disparatados, cada semana vuelve a repetirse el runrun de que, esta vez sí, ahora seguro, la IA ha dado un salto y va a por tu nómina. ¡Más te vale ponerte a cubierto!
En el último episodio de esta telenovela, desde hace unas semanas corre por las redes sociales un nuevo hype. Algunas compañías han conseguido crear un tipo de programas (Claude Code, OpenClaw, en menor medida Copilot) que funcionan mejor que todo lo existente para escribir software. Lo llaman “IA agéntica” –no sé si para el software, pero para lo que desde luego esta gente tiene una habilidad muy especial es para los nombres– y consiste en que varios large language models se organicen para corregirse unos a otros y evitar la tendencia tan catastrófica que tienen a divagar, cometer errores o, directamente, inventarse la información.
Y antes de conocer cuál es el impacto real de esta iteración de los LLMs ha vuelto, puntual como un reloj, el relato de los despidos en masa.
Solo que esta vez con una diferencia: varias firmas tecnológicas han justificado grandes olas de despidos con el argumento de que la IA está eliminando la necesidad de contratar personas.
De acuerdo con un estudio de Challenger, Gray & Christmas, en 2025, la inteligencia artificial fue citada como motivo de más de 54.000 despidos. Solo en enero, Amazon despidió a 16.000 trabajadores, que se sumaban a otros 14.000 recortes en octubre. Beth Galetti, vicepresidenta senior de la compañía, explicaba que la multinacional está reduciendo plantilla porque “la IA es la tecnología más transformadora que hemos visto desde internet, y está permitiendo a las empresas innovar mucho más rápido que nunca”.
Hace unos días Jack Dorsey, que fue creador de Twitter y CEO de Block, la empresa detrás del método de pagos Square, ha anunciado que despedirá 4.000 trabajadores —casi la mitad de su plantilla— con el mismo argumento: “Las herramientas de inteligencia que estamos creando y utilizando, combinadas con equipos más pequeños y ágiles, están haciendo posible una nueva forma de trabajar”.
Sería una muy buena idea no llamarse a engaño. No existe a día de hoy evidencia alguna de la capacidad de influencia de la IA generativa, ni tampoco de la IA agéntica, sobre el empleo. Si lo tiene, en uno u otro sentido, lo empezaremos a encontrar dentro de años, quizá décadas.
Mientras tanto, lo que estamos observando es algo que cada vez más voces identifican como “AI washing”, esto es, el uso interesado del inmenso mito que se ha creado en torno a esta tecnología para justificar despidos.
Como explica un ex-jefe de recursos humanos de Block, la misma empresa que ha protagonizado los recortes, hace unos días en The New York Times: “La IA puede proporcionar una nueva justificación para los despidos, pero el manual de juego es familiar. Los ejecutivos de Silicon Valley creen que las empresas tecnológicas tienen exceso de personal porque se expandieron demasiado durante la pandemia. La propia Block había pasado por rondas de despidos en 2024, 2025 y nuevamente en febrero para corregir las consecuencias previsibles de disputas internas anteriores entre ejecutivos, que llevaron a que los equipos se duplicaran en toda la organización. (Esto, en mi opinión, es lo que llevó a Block a triplicar su plantilla en cuatro años).”
Mientras tanto, la burbuja de la bolsa ha llevado a las empresas que están invirtiendo masivamente en esta tecnología, los llamados “hyperscalers” a una carrera por controlar el mercado de los centros de datos en el que calculan gastar, solo en este año, 600.000 millones de dólares.
Y todo ese dinero tiene que salir de alguna parte. No es la mal llamada “inteligencia artificial” lo que está destruyendo puestos de trabajo. Es un cambio muy profundo en la cultura empresarial. Es la consolidación de un sentimiento que se viene larvando desde hace un par de décadas y que, ahora sí, ha encontrado un relato perfecto en la mal llamada “IA”: la percepción de que el valor de las empresas ya no emana de la fuerza de trabajo, sino del capital que sean capaces de controlar.
Si algo debería preocuparnos, es este sentimiento, este cambio cultural. No la tecnología.