Revolución es hacer cada día de nuestro pequeño espacio, un lugar digno de habitar
"La Maldita Máquina de Matar" Pinchevsky/ Medina

domingo, septiembre 09, 2018

La cultura represora y la revolución

        
Por Alfredo Grande
(APe).-

Creo que me falta plantar un árbol. Y seguramente muchas cosas más también. Escribir es el exorcismo con el cual pretendemos desalojar los demonios que nos habitan. Si “el peso de las ggeneraciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos”, parafraseando a Carlos Marx diré que el peso de nuestros mandatos oprime como una terrible pesadilla nuestros deseos más vivos. Cuando hablo de cultura represora, quizá apenas sea otra forma de hablar de Estado.
Luis Hessel, entrañable compañero y amigo, me envió el trabajo que presentó en el Primer Encuentro Nacional de Psicoanálisis Implicado realizado en la ciudad de Mar del Plata. En ese importante texto, recordaba una clase en el Centro de Ideas de Mate Amargo. Yo hice una analogía entre la imposibilidad de pensar una sociedad sin Estado y pensar un sujeto sin superyó. Recordamos que Freud denominó como superyó a una instancia represora, resistente y repelente, profundamente inconsciente.
En palabras de Luis Hessel: “Cuando Alfredo Grande me propuso participar de este Primer Encuentro Nacional de Psicoanálisis Implicado estuve revolviendo apuntes y anotaciones que fui tomando a partir de todos los seminarios en los que participé desde 2002. Pero recuerdo uno en especial. En el Seminario Anual de Psicoanálisis Implicado de 2004 sucedió un hecho que podría llamar disruptivo. Si bien muchos de los asistentes a estos encuentros éramos compañeros del campo “psi” con una ubicación política “clasista” o “afín” también había profesionales humanamente sensibles pero que en realidad venían a escuchar a un emérito psicoanalista como lo era para muchos el doctor Grande. En uno de los encuentros Alfredo se dedicó a explicar con toda su autoridad clínica las ya muy conocidas tópicas freudianas. Nada raro parecía suceder. Hasta que el emérito no tuvo otra idea que afirmar ante los presentes que; “la subjetividad es posible sin súper yo, como la sociedad sin Estado...”. Para mí fue una frase muy poderosa, muy optimista, empoderadora,....pero no todos habían opinado lo mismo. Al lado mío con una cara de espanto de cómo quien ve al demonio en persona, una compañera levanto temblando la mano y atinó a decir; “No Alfredo, puedo aceptar lo que no haya Estado, pero una subjetividad sin súper yo...no puede existir...”. Hoy lo recordamos con tono de risa pero en ese momento no había sido así.”
En otras palabras: la liberación pasaba por una instancia exterior, pero la subjetividad no podía ser conmovida. Creo que éste es uno de los problemas. Queremos lo nuevo pero pensamos lo nuevo desde pensamiento viejos. Y anquilosados. Se podrá llamar tradición judeo cristiana. Usos y costumbres. Moral. Sentido común. Así es la vida. Patriarcado. Pero he llegado a la conclusión de que uno de los mayores obstáculos para el triunfo revolucionario, es la subjetividad reaccionaria de muchos revolucionarios. Ese es el demonio a exorcizar. La extrema disociación entre lo discursivo y las conductas concretas.
Obviamente, siempre habrá un hiato entre el hacer, el pensar y el sentir. No son lo mismo. Pero cuando hay un abismo entre esos tres registros, entonces se produce una parálisis. Que puede ser agitada o que puede ser fláccida. Mucho ruido pero pocas nueces o paren el mundo me quiero bajar. Escribir es un intento de volver a escribir lo que en nosotros escribieron otros. Y no con lápiz, sino tallando nuestro cerebro con mazo y cincel.
Una forma de exorcismo es el talento. Otra, el trabajo colectivo. El arte libertario. A veces coindicen, pero no siempre. Y las pocas veces que coinciden, mucho más difícil es sostenerlo en el tiempo. El trípode de la implicación es duramente interpelado. La coherencia se diluye porque nadie resiste el archivo. Y mucho menos los que dicen que nadie resiste el archivo, porque hay muchos que si lo resisten.
La consistencia es poder sostener en el tiempo, incluso transgeneracional, esa coherencia. O sea: no borrar siempre con el codo lo que escribimos con la mano. Y el milagro es que la coherencia y la consistencia logran efecto de credibilidad. Y la credibilidad sostiene algo muy diferente a la autoridad. Sostiene el ascendiente. O sea: no hay jerarquías pero hay asimetrías. Políticas, teóricas, históricas, de implicación. En la asimetría podemos sostener cambios creativos. En la jerarquía solo podemos sostener bajas de líneas destructivas.
Recordemos: la cultura represora nos atraviesa a todos pero no de la misma manera. No es lo mismo la Marcha Nacional contra el Gatillo Fácil que cambiar de canal para no escuchar las malas noticias. Pero advertir que poco o mucho de lo que combatimos también nos habita, es una forma de sostener el necesario análisis de nuestra implicación. Siempre hay que habla de la soga en la casa del ahorcado.
Por eso y para eso la Fundación Pelota de Trapo sostiene la presentación de mi nuevo libro. Nada más. Pero fundamentalmente, nada menos.

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