Por Carlos del Frade
(APe).-
-No fue justo…
Nos cuidaste acá en la Tierra.
Se mueren quienes se olvidan.
No te vamos a olvidar, Pájaro querido…
O te conviertes en presa…”,
dice la letra del rap que hizo “La Realeza”, para recordar a Claudio “Pájaro”
Cantero, el líder de la banda “Los Monos”, asesinado el 26 de mayo de 2013 a la
salida de un boliche en Villa Gobernador Gálvez, al sur de Rosario, ciudad
apenas superada por las aguas del arroyo Saladillo.
Aquel 2013 no termina nunca. Las
bandas narcos de entonces siguen las disputas a fines de 2020 a través de
familiares directos e indirectos. Bandas narcopoliciales que parecen cada vez
más pesada a medida que se agiganta la necesidad de la depuración de las
fuerzas de seguridad.
El “Pájaro” cumplía años el
25 de noviembre, el mismo día de la muerte de Maradona y la letra del rap y su
ritmo melancólico se fueron abriendo paso entre las redes sociales de usuarias
y usuarios de la ex ciudad obrera.
“Nos cuidaste acá en la Tierra”,
dice ese verso que remite a la experiencia de este cronista cuando apenas
habían pasado tres días de su asesinato y hablé con chicas y chicos de cuarto
año de una escuela del barrio Las Flores.
Ellos le enseñaron al periodista que
definitivamente es verdad aquello que la cabeza piensa según lo que pisan los
pies.
Desde el centro de la ciudad, en aquel mayo de
2013, el asesinato del “Pájaro” era leído como un “ajuste de cuentas” entre
asesinos y poco más que eso.
-Usted no sabe qué significa nacer,
crecer y vivir en el barrio Las Flores – nos dijo uno de aquellos adolescentes.
No tenía más de dieciséis años, así que había
nacido alrededor de 1997 o 1998. Sin embargo tenía una marca inscripta en su
sensibilidad.
-Este es el barrio de los saqueos…Los que nacimos y
crecimos acá valemos menos que las personas que nacen en cualquier otro lugar
de Rosario…Con el “Pájaro” nos habían empezado a respetar – dijo el muchacho
visiblemente emocionado.
Su presente estaba atravesado por
aquella satanización de los sectores dominantes de la ex ciudad industrial
habían impuesto al barrio Las Flores a partir de mayo de 1989.
Sin embargo, aquel otro muchacho, menor de treinta
años y que los cumplía el 25 de noviembre, les había dado una noción de
autoestima que luego no volvieron a tener.
Algo de estas palabras aparecen
en esos versos cuando se escucha decir en el rap: “Nos cuidaste acá en la
Tierra”.
El recuerdo individual al “Pájaro” Cantero habla de
la complejidad de los referentes barriales de esta segunda década del tercer
milenio.
Geografías arrasadas por
la desocupación, la precarización laboral y ocupadas por los principales
negocios mafiosos del capitalismo como el narcotráfico y el contrabando de
armas.
En ellas, chicas y chicos que, además, sufren
discriminación por ser integrantes de esas comunidades.
“Pájaro ya no estás en el nido…recordaremos toda la
vida…no era justo”, marcan los versos iniciales.
No lo despiden como un pesado sino como un
protector del barrio, un dador de respeto como decía aquel chico tres días
después del asesinato del “Pájaro”.
En el mapa crepuscular rosarino, el
rap del “Pájaro” arrastra un conjunto de soledades, broncas, estigmas y marcas
del poder en chicas y chicos se obstinan por darle un mejor lugar a sus
sentimientos.
Como dicen los poetas contemporáneos, el bien y el
mal definen por penal.
El rap del “Pájaro”, mientras
tanto, sigue volando.

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