Por SEBASTIÁN
FERNÁNDEZ |
El discurso iluminado de la diputada
Elisa Carrió tiene como función reemplazar el análisis político por el
moralismo selectivo y la cruzada ética. A diferencia del análisis político, la
cruzada ética prescinde de datos y pone el eje en la indignación moral y las
intenciones satánicas. La Mentalista expresa lo político en clave moral,
reemplazando la dicotomía izquierda-derecha por la de Bien contra el Mal.
A fines de octubre, en el programa de
Francisco Olivera –periodista especializado en los pies de la vicepresidenta–
la Mentalista Elisa Carrió afirmó querer hablarle “al pueblo de la Nación (…)
ya que nadie cree en nada”. Con preocupación afirmó que “no estamos en la etapa
Chávez de Venezuela, la cual tenía legitimidad, sino en la etapa Maduro” porque
“ya no hay precios.”
Un mes y medio más tarde, frente a
otro interlocutor –Luis Majul, un verdadero teleprompter de alucinaciones– y
frente a otro contexto económico, la diputada celestial dejó de lado a Maduro y
los precios faltantes para volver con un clásico que nunca pasa de moda: “A
Nisman lo mató parte del gobierno argentino, a sabiendas de Cristina.” También
afirmó que “la vacuna rusa no tiene garantías” y es “una gran estafa nacional”
con la que el gobierno “pone en peligro a la población.”
Unos días más tarde, en una
entrevista asombrosa aún para el generoso estándar al que tiene habituado a su
público, la diputada de Ganímedes afirmó que “somos geopolíticamente
importantes, por algo se están peleando en el Río de la Plata, China, Rusia e
Inglaterra, por eso está la cuestión Malvinas.” Por si quedara alguna duda
sobre la gravedad de la situación, la interlocutora habitual de la Virgen
Desatanudos advirtió a un preocupado Joaquín Morales Solá que “podemos llegar a
perder la Antártida porque este cruce mapuche tiene intereses internacionales
detrás.”
El mes pasado, en un sentido tuit
escrito durante un programa de televisión, había anunciado: “No voy a ser candidata. Dependo de mi
consciencia, no de los votos. Muchos me respetan por mi coherencia.” Este mes, en otro sentido tuit lanzado
durante otro programa de televisión, el de Morales Solá, la no candidata se
transformó en candidata, como el vino se transforma en sangre de Cristo gracias
a la transustanciación: “Voy a ser candidata en 2021 en la provincia de
Buenos Aires. Yo estoy dispuesta que salgamos a la libertad (SIC). Para limpiar
la provincia no descarto ser candidata a gobernadora en el 2023.”
Contrariamente a la que podría pensar
un interlocutor llegado de otro país, la diputada de Ganímedes no padece
trastorno alguno ni requiere de ayuda química. Su discurso iluminado tiene como
función reemplazar el análisis político por el moralismo selectivo y la cruzada
ética.
A diferencia del análisis político,
la cruzada ética prescinde de datos y pone el eje en la indignación moral y las
intenciones satánicas. La Mentalista expresa lo político en clave moral,
reemplazando la dicotomía izquierda-derecha por la de Bien contra el Mal. Es un
juego peligroso ya que, a diferencia de lo político, lo moral no admite
negociación alguna. No podemos pactar con Belcebú.
Del lado del Mal encontramos a los
sindicatos, al peronismo (hoy circunstancialmente kirchnerismo), al
narcotráfico como un universo vaporoso de bordes laxos que engloba a sus
enemigos políticos, al aumento de la presión fiscal sobre los más ricos, al
gasto público elevado, al pueblo mapuche o todo aquel que reclame por sus
derechos y a las organizaciones sociales en general. Del lado del Bien está la
Embajada de los EEUU, la DEA, las organizaciones patronales, las ONG de nombres
luminosos y financiamiento opaco, las fundaciones, el establishment o la
beneficencia.
Es reaccionaria en el sentido más
estricto de la palabra. Sus alucinaciones siempre se oponen a la ampliación de
derechos, desde la Interrupción Legal del Embarazo hasta la legalización del
consumo de drogas (“la prohibición de abortar, como la prohibición de drogarse,
es una prohibición cultural, de la que no puede salirse, porque si no se
convierte en un método anticonceptivo”), pero también a los juicios por los
crímenes del terrorismo de Estado. Si no existiera el sufragio universal, la
justicia laboral o las vacaciones pagas, podemos imaginar que se opondría a su
implementación.
En apariencia lunático, el discurso
de la diputada celestial nunca se equivoca de lado.

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