Margarita, Adelaide, María Teresa... los conquistadores impusieron el nombre -y
por ende la forma de nombrarlas- a las mujeres apresadas durante las campañas
de la Conquista del Desierto. Volver a nombrarlas se constituye como un primer
paso hacia la libertad.
En la página par, las actas de Yanke-Néu y de Milla-Ray
Es el acta
32 y está en la página 19 del libro. Su fecha, 9 de noviembre de 1884. Lugar:
Corral General Villegas. El canónigo Francisco Vivaldi certificó el bautismo de
una niña, una “india de cerca 8 años”. La pequeña era hija del “grande Cacique
Pampa, Antonio Inacayal, y de la india Yanke-Néu”. Como nombre wingka, recibió
Adelaide. Un dato que termina de revolver el estómago: ofició de padrino “el
comandante Vicente Lasciar”, es decir, el captor de centenares de familias
mapuche y gününa küna que un mes antes, habían agotado sus posibilidades de
resistencia en arroyo Genoa (Chubut). El acta 33 continúa con la ignominia:
otra hija de la misma pareja, de 4 años, recibió el nombre de María Teresa. A
la edad que tenían, es muy probable que las dos niñas ya contaran con nombre en
mapuzungun o gününa yajüch (tehuelche del norte), pero no quedaron en el
registro del capellán. Había que blanquear.
Un mes
después, continuaban las administraciones masivas del sacramento pero esta vez,
con ritos para adultos. El 8 de diciembre, comenzó a perder su bello nombre “la
India Milla-Ray, Esposa del Grande Cacique Pampa Foyel”. Por entonces, contaba
con alrededor de 45 años. Después del bautismo, pasó a llamarse Margarita de
Foyel. Probablemente, durante el mismo acto, Llanke-Néu también extravió el
suyo, tan poderoso, para renombrarse Ana de Inacayal. Las diferencias en la
escritura (Yanke-Néu y Llanke-Néu) son las que plasmó el sacerdote.
Son
páginas y páginas de cuidada caligrafía inglesa, son decenas de nombres
impuestos y otros tantos que se perdieron. En Estos Días apenas si accedió a unas pocas actas, pero
alcanzan para ilustrar la magnitud del genocidio. El acta 64 consigna el
bautismo de “la India Tropa-chun Foyel”, quien contaba con 26 años, era hija
del longko Foyel y compañera del “capitanejo de la misma tribu,
Colo-Pichuin”. Su nombre quedó como Margarita Foyel de Colo-Pichuin.
Millaray y María Teresa, coloreadas por Sebastián Hacher
La última
es la tristemente célebre Margarita, quien fuera descripta en su esplendor
juvenil por el inglés George Musters en 1870. Su calvario ni siquiera finalizó
con la muerte en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, primavera de 1887.
Sus restos recién volvieron al territorio que supieron transitar sus mayores en
2015, en el espacio de la comunidad mapuche Las Huaytecas. Junto con Yanke-Néu,
Milla-Ray, otras mujeres mapuche-tehuelches e inclusive fueguinas, fueron las
“prisioneras de la ciencia” cuyos nombres los pretendidos científicos, ni
siquiera se preocuparon por consignar. Permanecieron innombradas por más de un
siglo. Hasta hoy.
Terminar con la ignominia
Quien
firma este artículo accedió a la información gracias a Fernando Pepe Tessaro,
uno de los fundadores e integrante del GUIAS (Grupo Universitario de
Investigación en Antropología Social). Para el colectivo, restituir la
verdadera identidad de Yanke-Néu es particularmente relevante. “El 30 de
noviembre empezó a circular en un grupo de Facebook un link de Family Search
que compartió Sebastián Graf, con el certificado de bautismo de María Inacayal
de Nahuelpan. También compartió el link con registros de bautismo que van de
1884 a 1892, del Campamento Villegas”, introdujo. Con el segundo enlace,
comenzó a correrse el velo.
La
búsqueda se había intensificado desde varios orígenes en los últimos tiempos.
“En 2019, GUIAS había realizado una charla en Puerto Madryn a través de Karina
Oldani, que abordó el tema de las prisioneras de la ciencia. En esa
charla estuvo presente otro investigador, Marcos Sourrouille, que también sabía
que en Family Search estaban esos bautismos. Hasta ese momento, nosotros
hablábamos de una invisibilización de género porque no estaban registrados los
nombres en el Museo de La Plata. Él profundizó y encontró que la mujer de
Inakayal se llamaba Yanke-Néu. Después, accedimos nosotros a las actas,
profundizamos un poco más y todavía estamos trabajando, porque hay numerosos
cautivos que estamos tratando de identificar con las fotografías y los
registros que tenemos de los prisioneros del Museo”, detalló Pepe Tessaro.

Fernando Pepe Tessaro
Si bien la
pesquisa está en pleno proceso, “rápidamente pudimos comprobar que estaban Margarita
Milla-Ray Foyel, la madre de nuestra Margarita y también, las hijas de
Inacayal. Algunas tenían el nombre original (en las actas) y otras no. Estamos
trabajando para traducir esos nombres con la comunidad Sacamata Liempichun y
con Julio Vera, el werken del lof Otron Lafken (Sarmiento - Chubut), con
quienes venimos avanzando en distintas restituciones. También encontramos que
hay (impuestos) muchos nombres burlones, como Justo José de Urquiza, Manuel
Belgrano o de los mismos apropiadores, como (Lorenzo) Wintter o del padre
(León) Aneiros, de rol bastante polémico en el caso de Ceferino Namuncurá”,
recordó el antropólogo.
Yanke-Néu
o Ana de Inacayal está asociada directamente al origen de GUIAS. “Empezamos en
2006 con un objetivo, la restitución de quien recién hoy sabemos cómo se llama.
Nos parecía que la restitución de Inacayal, que se había hecho en 1994, había
quedado sesgada porque ni siquiera había sido reclamada su compañera. Entonces,
el primer objetivo fue apoyar el retiro de exhibición y su restitución. En esta
época, que es tan diario el debate de género, nos parece que el hallazgo no es
fortuito, aunque pasaran 15 años. La restitución nos llevó ocho años de lucha,
así que ahora al nominarlas, darles su identidad, para nosotros es un gran
triunfo y viene en una época en que la lucha de las compañeras (las mujeres)
está en su momento máximo”, destacó Pepe Tessaro.
Incluso
hubo que mirar hacia dentro. “Habíamos recapacitado porque habíamos puesto (a
libros y muestras el nombre) Prisioneros de la ciencia, después usamos el @ y
justo este año, habíamos inaugurado por primera vez Prisioneras de la ciencia,
el 30 de octubre en la ex ESMA. Hicimos pública una autocrítica porque dentro
del Museo, la mayoría de los que murieron eran mujeres. Así que (el hallazgo)
corona la reflexión que estábamos haciendo y 15 años de lucha. Es cerrar la
ignominia y la invisibilización de género en una época acorde", cerró el
antropólogo.
Flores y manchas de nawel
Conrado
Excelso Villegas había fallecido en abril de 1884 y rápidamente, el Ejército
impuso su nombre a un fortín que levantó entre la actual localidad de Dolavon y
Las Plumas. Allí se presentaron en primera instancia los hombres que seguían
los liderazgos de Inakayal y Foyel. Mediante extorsiones y ardides, Lasciar
consiguió que uno de sus destacamentos apresara a sus familias en arroyo Genoa,
después de un fusilamiento por las dudas que practicaron sus subordinados.
Alternativas del encierro en el fuerte pueden encontrarse en el testimonio que
legó Katrülaf, por entonces, un joven mapuche de la Willimapu (Territorio del
Sur), que compartió la suerte de los loncos, sus mujeres, hijas e hijos.
Después de seis meses de trabajo esclavo, arrancó una auténtica “marcha de la
muerte” que pasó por Valcheta y Chichinales, antes de dirigirse hacia Carmen de
Patagones, donde las “prisioneras de la ciencia” fueron embarcadas rumbo a
Buenos Aires. Luego de Retiro y Tigre, su triste destino quedó sellado en el
museo que por entonces dirigía Francisco Moreno, todavía hoy prócer del
colonialismo.
Yanké-Neu
se parece mucho al apellido que en el presente suele escribirse Llanquinao.
Literalmente, significa “tigre caído” o “que cayó”. Para la activista mapuche y
profesora en Letras Vanesa Gallardo Llancaqueo, la expresión puede referir al
newen (fuerza) que bajó sobre la mujer al momento de nacer, es decir, el newen
del nawel. Con Millaray, compañera de Foyel, no hay duda alguna: “flor dorada”.
En cuanto al auténtico nombre de Margarita, la dilucidación es más difícil.

Intervención del colectivo Mamül Müley en 2014, con la imagen de varixs
prisionerxs de la ciencia. La segunda imagen desde la derecha, Tropa-chun.
Margarita Foyel (foto José Luis Zamora)
Daniela
Tropan Peña, joven mapuche que reside en Centenario (Neuquén), confió que su
apellido alude a las manchas del nawel. Pero el cura Vivaldi anotó Tropa, sin
la “n” y añadió “chun”, vocablo que las fuentes consultadas no pudieron
esclarecer antes del cierre de esta crónica. Se sabe que el religioso registró
los nombres de una manera poco rigurosa aunque también es posible que el
auténtico de Margarita, provenga del gününa yajüch.
Como sea,
volvamos a nombrarlas. 133 años después, sabemos que no están muertos aquellos
que somos capaces de nombrar. Yanke-Néu, Milla-Ray, Tropa-chun… Liberemos del
silencio a las prisioneras de la ciencia. A todas.
Publicado en
En estos días por Aylén Gerbaudo


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