El ex ministro Ginés
González García suele ser comparado con el histórico ministro del
primer Perón, Ramón Carrillo, un ciudadano ilustre de este país.
Creo que lo merece. La otra víctima de la llamada “operación vacuna vip” ha
sido el periodista y escritor Horacio Verbitsky. No le han dejado nada por
decir. He leído más agresiones contra Verbitsky que las que se le suelen
dedicar a los seres más deleznables del país. Creo que no lo merece, hasta tal
punto al menos.
El país sigue mal. La
gente no tiene trabajo, no tiene comida y vive bajo una pandemia voraz. Cierto
es que el Gobierno se mueve bien y ha traído vacunas. Los que hablaron pestes
contra la vacuna rusa ahora la piden, la recomiendan. No tienen vergüenza.
Deberían pedir disculpas. Han atentado contra la vida de la población total del
país. Esta oposición recuerda los momentos más álgidos de la libertadora del
55. Lo dijimos y lo repetimos ahora: si el peronista o el marxista no
existieran el gorila los inventaría. Y en verdad es mucho lo que inventan. Lo
que mienten. Hasta donde se atreven a llegar con la calumnia, la mala fe, el
agravio descomedido. Superan nuestra capacidad de asombro Desapareció el
ejercicio de la tolerancia. El país se quebró con el conflicto de la 125. Ahí
surgió este odio fervoroso que no tiene límites. A mí, y vayan las disculpas
por la referencialidad personal, siempre me comentaban mis novelas, sacaban
buenas críticas, objetivas, sensatas. Ahora puedo escribir un libro (voy a
exagerar) de genuina grandeza que ni Clarín ni La Nación van a decir una
palabra. Sorprende ver la gente que escribe en esos diarios. Antes no les
habrían dado espacio ni en material impreso ni televisivo. El odio gorila era
más elegante, más cuidadoso. Ahora es como si a cualquier indeseable le
preguntaran si odia a CFK y el tipo se asegurara un espacio que debería ser
ocupado por otro. Borges fue un gran gorila, Sabato otro, Martínez Estrada
escribió un libro al que tituló Qué es esto, revelando que no había
entendido mucho del primer gobierno popular de Perón y Evita. Pero sus voces
tenían algún recato, alguna cautela. Hoy se agrede desvergonzadamente. Se
publican y se difunden mentiras. Las redes sociales de Letrinet no se fijan límites.
El agravio reemplazó a la buena escritura. Tienen tanto odio que no pueden
pensar. Si es que quieren hacerlo o alguna vez lo hicieron.
Se podía vivir en
Buenos Aires, transitar sus calles, sentirse entre compatriotas. Ahora
cualquiera puede ser un adversario, un enemigo. Todos incurren en la
estridencia. Gritan, carajean, gesticulan o marchan cerrados en sí mismos o
devorados por sus celulares. La amistad está devaluada. El amor con gripe en
cama, como decía Discépolo. Que abundaba: “A la moral la dan por moneditas. No
hay verdad que se resista frente a dos pesos moneda nacional”. La verdad es
fruto del poder. El sentido común es la gran apropiación de los medios.
Y este panorama
existencial se ha globalizado. Que un país tenga almacenadas una cantidad obscena
de vacunas contra la covid y se niegue a distribuirlas, ya que les sobran,
expresa el nivel de insensibilidad al que ha llegado este mundo. Todo todavía
puede ser peor y en esa dirección va. También puede ser mejor. El que lo quiera
creer que lo crea. Vivirá más feliz. Pero la esperanza sin fundamentos es como
una aspirina contra una enfermedad terminal. Queda la fe. Pero cuidado. Hay que
limpiar, que purificar la Iglesia. Los abusos, la pedofilia crecen en
proporción geométrica. Hay un gran documental británico que dirigió Peter
Jackson. Es sobre las atrocidades de la Primera Guerra Mundial. Se dijo que era
la guerra “que terminaría con todas las guerras”. La siguiente fue peor. Se
asesinaron entre sí cerca de setenta millones de seres humanos. Solo la
“Operación Barbaroja” (que fue la invasión a la URSS por parte de la Wermacht
alemana) sumó tantas atrocidades como para terminar con el militarismo y las
guerras. Pero no. En cada base que tiene USA en el mundo hay un campo de
concentración. ¿Cerrará Biden Guantánamo? Si no lo hizo Obama, mejor no esperar
nada.
¿Y Dios, se puede mantener la fe en Él?
La fe es una cuestión de cada uno. Envidiable el que llegue a tenerla. Pero es
un camino extenso y sinuoso. El que llegue hasta el final tendrá el alivio de
la Promesa. Walter Benjamin dice que el Mesías no vendrá al final sino que está
viniendo sin cesar a través de las hendijas de la historia. ¿Será así? Pero
Dios sigue jugando con el universo. Dice el notable Woody Allen. No a los
dados, sino a las escondidas. Así, Dios es el desierto nietzscheano. La
nihilización total que no cesa de crecer
.

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