El macrismo facilitó el tráfico de cocaína hacia Europa, al igual que hizo con los aeropuertos

Respecto a los aeropuertos, cliquear aquí. Republicamos con retraso de casi una semana esta nota que Pájaro Rojo juzga muy importante para que se entienda el mecanismo por el cual se exporta hacia Europa (hacia Estados Unidos no, que ese tema lo regula la DEA) el grueso de la cocaína producida en Bolivia, que fue un Narcoestado durante la cruenta pero breve dictadura del general Luis García Meza y el coronel Luis Arce Gómez (1980-1981) y volvió a serlo durante la también breve dictadura encabezada recientemente por Jeaninie Añez y el prófugo Arturo Murillo. Se da la casualidad de que fue por esa misma terminal, la nº 4 del Puerto Nuevo, por la que a comienzo de los años ’90 se efectuo un ingente tráfico de armas clandestino hacia Bosnia y Croacia –embarcadas en la guerra de secesión de la Federación Yugoeslava contra Serbia y Montenegro– en violación al embargo dispuesto por la ONU, tráfico que motivó junto a otros tráficos, que se detonaran las bombas a la Embajada de Israel y la AMIA. A comienzos de los 90 (cito de memoria) una nota publicada por mi en la revista El Porteño con el título “La DEA prefiere los puertos” demostró que para los narcotraficantes era imprescindible controlarlos, lo que motivó que la eminencia gris del menemato, Carlos Corach, me querellara. La historia muestra una abrumadora circularidad, pero mientras que en los años 60 del siglo pasado las incautaciones de cocaína récord eran de menos de 20 kilos, y en los 80 apenas apenas pasaban de la media tonelada, desde entonces casi se han multiplicado por 50. Es algo que a la larga –no hace ser profeta para preverlo– desembocará en la legalización de los alcaloides bajo control de los estados o en el fortalecimiento del poder universal de la banca y el capital financiero, que consideran al narcotráfico una rueda de auxilio indispensable para poder competir.

No sería de extrañar –todo lo contrario- que la intempestiva y misteriosa visita que Macri le hizo al multimillonario ex presidente de Paraguay y recurrente sospechoso de complicidad con el narcotráfico Horacio Cartes en julio pasado, en pleno pico de la pandemia (foto), tenga alguna relación con las exportaciones no tradicionales de Paraguay, donde casi no se cultiva coca y tampoco demasiada soja, pero que sin embargo aparece en las estadísticas como un gran productor de la luguminosa… hasta el moemento en que a raíz de la pandemia Formosa cerró sus fronteras con Paraguay, dejando a centenares de camiones cargados con las ganas de pasar a Paraguay. Tampoco hace falta ser pitoniso para darse cuenta de que eso está en la base de los furiosos embates que recibe el gobierno de esa provincia por parte de la prensa hegemónica.
Todo tiene que ver con todo. Y si al publicar aquí la primera parte de esta investigación parecía clara la necesidad de recuperar el control estatal sobre nuestro río Paraná, mal llamado “hidrovía”, esta segunda parte deja en evidencia la imperiosa necesidad de que –tal como postula el ex director de la Federación Agraria Pedro Peretti– todo lo que sale por los puertos argentinos sea rigurosamente pesado por balanzas en red controladas por agentes del Estado.
Y es que por el Paraná discurren entre el 75 y el 80 por ciento de las exportaciones argentinas y hoy, qué duda cabe, el majestuoso río es la vena troncal abierta de la Argentina por la cual se escurren las riquezas del país. Si se restañara esa herida, el Banco Central tendría dólares de sobra y no habría pretextos para que hubiera argentinos con necesidades básicas insatisfechas.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario