Todos conocemos la historia de Caín y
Abel. Crecimos con esta historia. El texto del Génesis, pese a su concisión, es
rico en detalles. En pocas palabras comprendemos lo que motiva el crimen: la
envidia, los celos. En la tradición budista, el origen de todos los
sufrimientos que padecemos los seres vivientes tiene su origen en la ignorancia
y las emociones negativas.
Todos conocemos la historia de Caín y
Abel. Crecimos con esta historia. Cuando éramos pequeños, nuestras catequistas
nos la contaron una y mil veces. No podíamos eludir el asombro al escucharla.
¿Acaso es posible que algo así haya sucedido?
Caín y Abel eran los hijos de Adán y
Eva. Los primeros humanos nacidos fuera del paraíso. Caín era un granjero. Abel
un pastor. Aunque ambos hermanos dedicaban sus días a alabar a Dios y a hacerle
sacrificios, Abel era el preferido de Dios. De modo que un día, lleno de celos
y de odio, Caín mató a su hermano.
El texto del Génesis, pese a su
concisión, es rico en detalles. En pocas palabras comprendemos lo que motiva el
crimen: la envidia, los celos. Yahvé sentía satisfacción por los sacrificios
que Abel le hacia, pero no hizo lo mismo respecto a los esfuerzos de Caín. Esto
enfureció a Caín, el granjero, hasta el punto de irritarse contra Dios. Estaba
tan abatido e irritado, que un día, viéndolo con el rostro desfigurado por el
odio, Yahvé le preguntó: «¿Por qué estás tan irritado, y por qué se ha abatido
tu rostro?»
La furia de Caín era tan profunda que
no podía esconderla a los ojos de Dios. Entonces, Yahvé le advirtió: «Si no
obras bien, a la puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia, y a
quien tienes que dominar». Pero Caín era débil. Su ira lo dominaba
completamente. Lo volvía loco. Era incapaz de dominarse a sí mismo. El pecado
era su dueño, lo controlaba enteramente.De modo que un día le dijo a su
hermano:
«Vamos fuera. Y cuando estaban en el
campo, se lanzó Caín contra su hermano Abel y lo mató».
La escena es estremecedora. El
fragmento nos conmueve hasta los cimientos de nuestro ser. Ahí está el hermano
envidioso, celoso, que, al no poder enfrentarse a Dios, al no poder reconocer
su irritación por no haber sido reconocido como su hermano, incapaz de volverse
contra Dios (Yahvé), se vuelve contra su hermano inocente para buscar venganza.
Entonces, Yahvé dijo a Caín: «¿Dónde está tu hermano Abel?»
Y al leer la línea, uno escucha en su
propio corazón el eco de esa pregunta condenatoria que se repite una y mil
veces: ¿Dónde esta tu hermano Abel? ¿Dónde está? Caín contestó: «No sé». A lo
cual Yavhé, dijo: «¿No sabes?» ¿No sabes lo que has hecho a tu hermano? ¿No lo
sabes?
Caín intenta engañar a Yavhé, quiere
excusarse: «¿Soy yo (acaso) el guardián de mi hermano?» Pero la excusa misma lo
condena, porque, efectivamente, era su guardián y se ha convertido en su
asesino. A esto, Yavhé replicó:
«Qué has hecho? Se oye la sangre de
tu hermano clamar a mí desde el suelo». La sangre del hermano muerto pide
justicia. «Pues bien (continúa diciendo Yahvé): maldito seas»
En la tradición budista, el origen de
todos los sufrimientos que padecemos los seres vivientes tiene su origen en la
ignorancia y las emociones negativas. La ignorancia puede asociarse a esa
pregunta que formula Caín para excusarse: «¿Soy yo (acaso) el guardián de mi
hermano?»
Por supuesto. Tú eres el guardián de
tu hermano. Sin embargo, la codicia (tus celos, tu envidia) te ha nublado la
razón, y has acabado odiándolo con todo tu ser hasta el punto de asesinarlo.
Sin embargo, el odio de Caín es solo
indirectamente odio a su hermano. El verdadero destinatario de su odio es el
propio Yavhé. Caín está ofendido porque no ha recibido de Dios el
reconocimiento que esperaba. Arrogante, ofreció sus servicios a Dios de manera
torcida, y ante la evidencia de ello, Dios lo ignoró y, al contrario, celebró y
agradeció los servicios de su hermano Abel.
El asesinato de Abel, entonces, es la
expresión del pecado original, de la confusión mayúscula, primordial. Es la
ruptura definitiva con Yavhé: la perdición por los siglos de los siglos del
hombre que mató a su hermano.

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