Por Alberto Omar Carbone
Don Martín Miguel de Güemes, muy probablemente a
quien la historia lo recordará siempre como el precursor de la denominada
“Guerra Gaucha”. Los gauchos salteños impidieron durante más de cinco años
consecutivos que los españoles ingresaran a las provincias del Norte argentino.
El 17 de junio de 1821, a los 38 años se cegaba la vida de un valiente luchador
de características fuertemente populares, cuyo cuerpo fue acompañado por miles
de seguidores que no se resignaban a la infausta pérdida.
Don Martín Miguel de Güemes, muy probablemente a
quien la historia lo recordará siempre como el precursor de la denominada
“Guerra Gaucha”. Nació en el mes de febrero como el Gral. San Martín y de muy
pequeño vivió en Buenos Aires. Estudió en el Real Colegio de San Carlos como la
gran mayoría de nuestros patriotas y participó en la Defensa de Buenos Aires
siendo muy joven aún, como edecán de Santiago de Liniers.
Inmediatamente después, fue destinado al Alto Perú
y de regreso a Buenos Aires participó del Sitio a Montevideo. Esta secuencia
abarrotada de datos, alcanzaría para encumbrarlo al podio del recuerdo y del
reconocimiento. Pero en verdad debemos consignar que su mayor trayectoria
personal la cursó en su Salta natal, cuando de regreso en 1815 a los 30 años de
edad, se puso al frente de la resistencia popular contra el invasor realista,
que atacaba desde Perú y desde la actual Bolivia. Ese año se constituyó en
gobernador de su provincia, apoyado por Salta, Tarija y posteriormente Jujuy.
Las diferencias políticas con Buenos Aires lo
mezclaron en un desafortunado desencuentro con Rondeau, quien a través de su
cargo como general del ejército del Norte intentó desarmar a los gauchos
militarizados de Güemes.
El general porteño seguía designios de su Buenos
Aires y lamentablemente para el país, estaba más preocupado en vencer a Artigas
que a los españoles.
En 1816 sin embargo, el general gaucho efectivizó
un encuentro amistoso con la ciudad puerto y con el apoyo del nuevo Director
Supremo, Juan Martin de Pueyrredón, selló un acuerdo a partir del cual Salta
continuaría con sus escaramuzas contra los realistas, a su costo y sangre, o
sea con ningún aporte económico o de hombres desde Buenos Aires. Tal vez por
ello, Don Martín Miguel de Güemes ideó una demostración fenomenal de “guerra de
guerrillas”, una estrategia foquista que ahorraba hombres y armas para la
defensa. Esa admirable muestra de heroísmo y acción que a la postre evitaría el
avance invasor por el Norte de nuestro país.
El magno General de los Andes, nuestro Padre Patrio,
lo nombraría con el grado de coronel mayor a partir de aquella vibrante defensa
y le confiaría la frontera Norte al caudillo salteño.
Pero además, nuestro otro gran héroe nacional, el
general Manuel Belgrano, quien había sido nombrado general en jefe del ejército
del Norte en reemplazo de Rondeau, también le brindó su confianza y su amistad.
Los gauchos salteños impidieron durante más de
cinco años consecutivos que los españoles ingresaran a las provincias del Norte
argentino.
El método salteño era atacar sin dar batalla, a
través de un empellón sorpresivo, un foco repentino que dejaba helados a los
enemigos y con escasas posibilidades de reacción.
Para sostener los costos de su empresa, el
designado gobernador Güemes, estableció tributos onerosos a los miembros de la
Clase alta salteña, la que se convirtió en su enemiga y en la aliada más
directa de los españoles.
Al fin, en 1819, se produciría otro intento
realista por penetrar en la frontera Norte que duraría con intervalos hasta
1821. Güemes ya no tenía de aliados a los porteños, porque el nuevo director
Supremo José Rondeau, su enemigo acérrimo, le negaba apoyo. Por otro lado, las
hostilidades con los sectores pudientes de la sociedad salteña eran
insuperables.
Salta estaba en crisis económica. Los campos arrasados y el comercio con el
Alto Perú interrumpido. Para peor de males, en 1820 la lucha entre porteños y
caudillos del interior concluiría en la batalla de Cepeda, a través de la cual
caería el poder político porteño y se iniciaría la Anarquía del Año 20. En esas
circunstancias, un nuevo avance español llegó a Salta con el auspicio de los
ricos provincianos.
El ataque contra los gauchos de Güemes logró su
cometido. El gobernador salteño fue perseguido hasta la casa de su hermana
Magdalena “Macacha” y asaltado por la noche logró huir a caballo. Durante el
tumulto fue herido por la espalda y así llegó muy descompensado a su campamento
del “Chamical” donde moriría pocos días después, profundamente afectado por una
herida que no cerraba, en virtud de su carácter hemofílico.
El 17 de junio de 1821, a los 38 años se cegaba la
vida de un valiente luchador de características fuertemente populares, cuyo
cuerpo fue acompañado por miles de seguidores que no se resignaban a la
infausta pérdida.
Dos días después de su deceso, el coronel José
Antonio Fernández Cornejo, quien lo reemplazara como jefe de su valiente
gauchaje, expulsaría definitivamente a los españoles de la provincia de Salta.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario