Por cierto. Si algo debo reconocerle al gato estafador es que gracias a su antipolítica, su odio de clase y su miserabilidad humana se les cayó la careta a muchos que operaban en las sombras. Y, envalentonados por la asunción de un gobierno negacionista y cipayo, salieron a cacarear en la creencia de que gatolandia se iba a perpetuar en el tiempo. Craso error, muchachos, ahora van a tener que acomodar el culo en cualquier rendija porque del gorilismo y del ridículo no se vuelve. Así que agarrando los sobres, silbar bajito y tomarse el buquebús.
¡Vade retro satanás!👀

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