De Palestina a Irán y tantas otras regiones

Las reglas de convivencia internacional se inclinan hoy ante el poder de las empresas
fabricantes de armas, que sigue creciendo en beneficio de los estados más belicosos.
La coyuntura mundial danza al ritmo de la gran industria armamentista, la cual define sus propias leyes, impone sus ventas y coopta la política exterior de muchos Estados. El planeta escenifica en la actualidad unos 60 conflictos bélicos. De ellos, más de una decena de una particular explosividad y que, por otra parte, no podrían existir si detrás de ellos no estuvieran las multinacionales que producen y distribuyen equipamiento, armas, municiones y tecnología especializada. De Irán a Líbano, pasando por Sudán, Ucrania o la frontera afgana-pakistaní…

En el periodo 2021-2025, el flujo mundial de armas aumentó casi un 10 % en relación con el quinquenio precedente. Incremento que se corresponde, fundamentalmente, con las mayores transferencias hacia Europa, en particular Ucrania. Dentro de este escenario, el Viejo Mundo se consolida como el paraíso para la gran industria bélica al triplicar sus importaciones. Esta tendencia en aumento, según los analistas, se explica por la percepción de una mayor amenaza rusa, agravada por una mayor incertidumbre sobre el compromiso de Estados Unidos con la defensa de sus aliados europeos, los miembros de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN).
Este mismo quinquenio, las exportaciones totales de Estados Unidos, que sigue siendo el mayor proveedor mundial de armamentos, aumentaron un 27 % a nivel global y un 217 % para reforzar el arsenal europeo, como lo documentó en marzo el Instituto Internacional de Investigación para la Paz (SIPRI), con sede en Estocolmo. Desde 1950 en adelante, el SIPRI ha sido la principal fuente de información sobre el volumen (no necesariamente el valor financiero) de las transferencias internacionales de armas (incluidas ventas, “donaciones” y producción bajo licencia) entre Estados, organizaciones internacionales y grupos no estatales.
Las otras potencias armamentistas
Rusia es el único exportador de entre los 10 primeros con menores ventas que en años anteriores (-64 %). Sus principales compradores son India (48 %), China (13 %) y Bielorrusia (13 %).
El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, en inglés), una organización independiente con sede en la ciudad de Washington y a la base de las estimaciones financieras recién mencionadas, publicó en marzo un análisis con cifras tan abultadas como alarmantes: durante las primeras 100 horas de su guerra contra Irán, es decir, en apenas cuatro días, Estados Unidos gastó al menos 3.700 millones de dólares, https://www.csis.org/analysis/iran-war-cost-estimate-update-113-billion-day-6-165-billion-day-12.
Sin embargo, la estimación del Departamento de Guerra de Estados Unidos apunta a un nivel de gasto muy superior: casi 1.900 millones de dólares al día durante las primeras seis jornadas del conflicto. Otras fuentes citadas recientemente por el New York Times y el Washington Post creen que solo en los primeros dos días de guerra, incluidos los ataques contra la cúpula del poder iraní, se destinaron 5.600 millones de dólares en gastos militares.
Por otra parte, la Casa Blanca anunció el 19 de marzo que solicitará 200 mil millones de dólares adicionales para financiar la guerra en Irán. Argumenta que necesita reponer municiones y otros suministros que se han agotado por la ayuda prestada anteriormente a otros países. Ese día Donald Trump afirmaba que “este es un mundo muy volátil”. Y que quieren tener grandes cantidades de munición ya que sus reservan han disminuido por “darle tanto a Ucrania». Según la cadena británica BBC el secretario de Defensa, Pete Hegseth, no confirmó directamente la cifra, pero afirmó [en referencia a Irán]: «Se necesita dinero para matar a los malos».
También para Israel la guerra representa un costo considerable en medio de un conflicto de alta intensidad contra Irán al tiempo que mantiene la máxima presión militar contra Hezbolá en Líbano. Según el CSIS, sus operaciones contra Irán podrían costarle a Israel entre 200 y 700 millones de dólares diarios. Para la agencia suiza Heidi.News, gran parte de estos costos se corresponden con el empleo masivo de municiones de precisión de las operaciones aéreas con aviones F-35, F-15 o F-16 pero, sobre todo, con el sistema de defensa antimisil. Israel posee un sistema de defensa multicapa (Cúpula de Hierro, Honda de David, y Flecha) tan sofisticado como costoso, específicamente diseñado para interceptar cohetes, misiles balísticos y drones. Un misil interceptor puede costar varios cientos de miles de dólares, y aun más, como en el caso de los misiles balísticos. Cada vez que Irán lanza una andanada de drones y misiles, tan solo el costo en concepto de defensa aérea para Israel puede ascender rápidamente a decenas de millones de dólares diarios.
Armas y pobreza
Según el SIPRI, los ingresos procedentes de la venta de armas y servicios militares de las 100 mayores empresas de producción de armamento aumentaron un 5,9 % en 2024, alcanzando la cifra récord de 679.000 millones de dólares. Transacciones estimuladas, principalmente, por las guerras de Ucrania y Gaza, las tensiones geopolíticas globales y regionales y un gasto militar mundial en constante aumento.
Por su parte, la mayoría de las empresas estadounidenses en esta lista vieron crecer sus ganancias en un 3,8 %, aproximadamente 334.000 millones de dólares. Cinco de las seis empresas más importantes a nivel mundial son estadounidenses: Lockheed Martin, RTX, Northrop Grumman, General Dynamics y Boeing. (El cuarto lugar de este grupo lo ocupa la británica BAE System), https://www.sipri.org/visualizations/2025/sipri-top-100-arms-producing-and-military-services-companies-world-2024.
Un informe de Naciones Unidas publicado en septiembre de 2025 señala que el gasto militar global en 2024 aumentó casi un 10% en relación con 2023, alcanzando la cifra récord de 2.700 millones de dólares, lo que equivale a 334 dólares por cada uno de los más de 8.000 millones de habitantes del planeta. En caso de mantenerse la tendencia, esta cantidad llegará a los 6.600 millones de dólares en 2035, https://news.un.org/es/story/2025/09/1540413.
Según este mismo informe, con 93.000 millones de dólares, es decir, menos del 4 % de los 2.700 millones de dólares asignados al gasto militar, podría erradicarse el hambre hacia 2030. Con poco más del 10% de esta cantidad, podría vacunarse a todos los niños y las niñas del mundo, y con 5.000 millones se podría financiar doce años de educación de calidad para la niñez de los países de renta baja y media baja.
Como contracara de los superlativos ingresos de las multinacionales armamentistas aparece el rostro creciente de la marginalidad planetaria. Realidad que devela la ilógica de la civilización humana hoy, con una industria armamentista que se convierte en la principal beneficiada de la multiplicación de la guerra y la expansión de conflictos en todo el mundo. Los arsenales crecen a la par de las mechas de los detonantes en un camino donde la autodestrucción de la humanidad, resultante de una Tercera Guerra Mundial generalizada, deja de ser una imagen futurista de la ciencia ficción para convertirse en una posibilidad aterradoramente cercana.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
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