En 1994 fui contratado por la AMIA para investigar el atentado. Cobré de la mutual hasta fines de 1997. Antes se publicó mi primer libro sobre los atentados, llamado «El Atentado. Quienes son los autores y por qué no están presos» (Planeta).

Como la única manera que tenía de acceder al expediente judicial era a través de la querella de la AMIA, su abogado me indujo a prestarle atención a la llama pista «Brigadas», que luego se demostró fue un desvío intencional de la investigación para atribuirle culpas inexistentes a un grupo de policías bonaerenses (de modo de exculpar y no investigar a los policías federales que habían participado de los atentados y de su encubrimiento).
Recién pude reparar este error luego del suicidio del hipercorrupto fiscal Nisman, cuando publique «Caso Nisman. Secretos inconfesables» (Punto de Encuentro) donde me centré en el bombazo que demolió la Embaja de Israel, y más tarde en «La infAMIA» (Colihue).


Antes, en 2005, había publicado un libro sobre el contexto internacional en el que se había producido ambos ataques, «Narcos, banqueros y criminales. Armas, drogas y política a partir del Irangate».

En resumen: publique 3 libros y medio sobre los atentados e innumerables artículos en distintos medios y especialmente en pajarorojo.com.ar
Pues bien, en casi tres décadas nunca encontré el menor indicio de que no sólo el gobierno de Irán sino aunque más no fuera un ciudadano de ese país estuviera involucrado en dichos actos terroristas. Y si muchas pruebas de que antes del segundo ataque la Secretaria de Inteligencia del Estado (SIDE) tributaria de la CIA y el Mossad había organizado como inculpar a la República Islámica tan pronto se produjera.
Ese fue el motivo de la virulenta reacción de esos servicios de inteligencia y sus ensobrados locales luego de que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner propusiera que el juez Canicoba Corral y el fiscal Nisman viajaran a Teherán para interrogar a los altos funcionarios del gobierno iraní (comenzando por el ex presidente Alkbar Rafsanjani) que el fiscal acusaba sin la menor prueba, siguiendo los dictados de la inteligencia israelí de la que cobraba un promedio de 6 mil dólares mensuales.
Cristina lo hizo luego de muchos años de parálisis absoluta de las investigaciones (en el caso de la Embajada, décadas) y contando con un guiño del presidente Obama,
De efectivizarse ese viajes y esos interrogatorios hubiera quedado en evidencia la absoluta vacuidad de las acusaciones hilvanadas por Nisman a partir de «papers» de la CIA y el Mossad.
Por aquello de que la mujer del César no solo debe ser honesta sino también parecerlo, sólo acepté visitar la Embajada de Irán después de publicado mi último libro, y no mantengo contactos con ella.
Huelga decir que tampoco mantengo vínculos con diplomáticos de la Federación Rusa ni, al menos que yo sepa, con agentes de inteligencia a su servicio.
Espero que se realice el anunciado juicio contra quienes impulsaron el Memorandum de Entendimiento con Irán (que fue aprobado por ambas cámaras del Congreso y jamás tuvo principio de ejecución) convencido de que será el mayor papelón del Poder Judicial argentino.
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Presentación: El imám Hussein, nieto del profeta Muhamde, a punto de ser asesinado junto a todos sus acompañantes, en el combate de Karbala, Irak, el 10 de octubre de 680.

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