Detrás de los
nuevos mecanismos de represión de la protesta, se encuentra el plan sistemático
de Mekorot, la empresa israelí que somete a Palestina al Apartheid y busca – en
el continente más rico en recursos hídricos – acostumbrarnos a que el agua y la
tierra, nos cuesten más que un ojo de la cara.
Por Martina Kaniuka
(APe).- Ojos
bien abiertos
Argentina es el
sexto país en recursos hídricos del mundo y de la mano de Eduardo
“Wado” de Pedro, Ministro del Interior, Mekorot -empresa
estatal de agua de Israel– firmó una serie de “convenios de colaboración”.
Fue en abril del año pasado, después de un intento fallido en 2011, cuando
acordaron con Daniel Scioli, en ese entonces gobernador de Buenos
Aires, el establecimiento de una planta potabilizadora de agua en La Plata, que
fue rechazada socialmente en 2013.
Una comitiva
oficial encabezada por De Pedro y diez gobernadores viajó a Israel, que le
devolvió la gentileza un mes después, cuando junto a Malena
Galmarini –presidenta de AySA– y diversos ministros y funcionarios se
reunieron en la Casa Rosada.
Catamarca, La
Rioja, Mendoza, San Juan, Río Negro, Formosa, Santa Cruz y Santiago del Estero,
son las ocho provincias argentinas que firmaron convenios, a través del Consejo
Federal de Inversiones (CFI) con Mekorot, celebrados en el
Centro Cultural Kirchner, el 13 de febrero de 2023, otra vez con De Pedro,
ministros, gobernadores, Eylal Sela, embajador de Israel
y Jitzhak Aharonovich, presidente de lacorporación.
Además del
secretismo presente en los proyectos extractivistas, donde la discreción de la
letra chica permite que las corporaciones se inmiscuyan en las poblaciones en
profundidad, penetrando el tejido social a partir de actividades supuestamente
culturales y educativas con fines de control (como YPF con el manual de
ridiculización de las luchas contra los extractivismos para los medios); no hay
registro de los lineamientos, ni de los compromisos que el gobierno asumió en
nombre de la población, con una empresa que tiene por objetivo nada menos que
el control del agua.
En Palestina,
el apartheid también limita el consumo de agua: Israel controla
todos sus afluentes a través de Mekorot, que recorta el suministro
en verano, niega el acceso a las riberas del Jordán, militariza la zona y
destina el 83% de los recursos hídricos a su abastecimiento, sometiendo a los
palestinos a la sequía, al agua contaminada y cobrando el poco suministro que
distribuyen en la zona a precios exorbitantes.
Mekorot fue
denunciada por la ONU, el Comité Nacional Palestino, asambleas
ecologistas y grupos parlamentarios a causa del apartheid, la violación de los
derechos humanos, los crímenes de guerra cometidos contra el pueblo palestino y
la profundización del modelo extractivista. Hoy tiene por principal objetivo la
mercantilización del agua.
Con una
planificación de largo plazo (entre 2030 y 2050) comenzarían por la evaluación
de recursos hídricos, la reconducción y reutilización. Seguirían luego con la
creación de patrones financieros para medir costos y empezar a cobrar el agua a
los consumidores, modificando las leyes y los códigos provinciales de aguas y
reordenando los usos y destinos de la infraestructura que actualmente existe en
torno a su distribución.
Y, aunque los
plazos mencionados oficialmente hablan de décadas, el proceso de modificación
de las leyes y códigos provinciales de aguas y sus organismos de aplicación ya
comenzó.
La provincia
de San Juan es un ejemplo: luego de la firma del convenio, el
mismo mes de septiembre del año pasado, comenzó la gestión del “Plan
Maestro para la Conservación y Gestión del Agua”, cuyo objetivo es el
de “hacer sostenible el uso del agua en contexto de escasez, en términos
sociales y ambientales”. Pero ¿por qué habría que pensar en contextos de
escasez de agua? En la misma web de la gobernación puede leerse la respuesta,
en la sección de Energía: “la Provincia de San Juan
viene trabajando en la búsqueda de hidrocarburos Convencionales como también No
Convencionales (fracking) y, en función a la tasa de retorno (cuán
rentable sea el proyecto) decidirán si
movilizan el primer yacimiento no convencional del país”.
La implementación
de cualquier tipo de extractivismo implica el desabastecimiento, la
contaminación y la adulteración del cauce y curso normal del agua. Esta semana
se cumplieron ocho años del derrame más grande de cianuro y mercurio en nuestro
país. Ocho años sin otros culpables que la minera Barrick Gold y los
funcionarios que habilitaron la explotación en la zona. A pesar de todo,
continúan desoyendo a los pueblos y bienviniendo los sobres del lobby
extractivista y, si las corporaciones contaminan y convierten al agua en un
bien escaso, ahora será Mekorot quien la distribuya, envase y cobre a las
poblaciones que la necesitan para vivir.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario