Revolución es hacer cada día de nuestro pequeño espacio, un lugar digno de habitar
"La Maldita Máquina de Matar" Pinchevsky/ Medina

jueves, agosto 06, 2026

El Pentágono le inyectará testosterona a sus tropas

 

Mientras, les niega los tratamientos hormonales a las personas trans


Mientras el Departamento de Guerra (así se llama ahora el Pentágono) promete inyectar testosterona a sus soldados para volverlos “su mejor versión”, miles de personas trans en ese país no pueden acceder a tratamientos hormonales. La ideología detrás de la “ciencia” de la manósfera.

EEUU IA Dragos Condrea

El secretario de Guerra Pete Hegseth anunció que los militares en actividad de 30 años o más serán testeados anualmente para detectar niveles bajos de testosterona, con la posibilidad de acceder a terapia de reemplazo hormonal si el resultado lo amerita. Lo llamó, en un video subido a X, “el Departamento de Guerra Alta T”. Quienes tengan menos de 30 podrán solicitar el test de forma voluntaria, y aunque el examen será obligatorio, el tratamiento posterior no lo será.

¿Quién firma la orden y quién la sostiene?

La medida lleva la firma de Hegseth, ex conductor de Fox News devenido en la máxima autoridad militar de Estados Unidos. Entre quienes apoyan la medida está un funcionario de la Secretaría de Salud, Brian Christine —médico especializado en salud sexual masculina que supo conducir un programa de YouTube llamado “Erection Connection”— y que viene amplificando este tipo de discursos. Tanto el vicepresidente JD Vance como referentes libertarios de la salud pública vienen empujando la agenda “pro-testosterona” desde hace meses. La legisladora demócrata Chrissy Houlahan, veterana de la Fuerza Aérea, fue tajante: el anuncio “prueba que el secretario Hegseth recibe órdenes de los rincones más oscuros del manosphere”.

Cómo dicen que va a funcionar

El test se sumará a la revisión médica anual que ya hacen las tropas. Sin embargo, ni el propio Pentágono explicó del todo la letra chica: no se informó cuándo arrancará el testeo, cuánto costará ni cómo se implementará entre el Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea, los Marines y la Fuerza Espacial. Tampoco quedó claro si un resultado de “deficiencia” podría afectar el legajo o la carrera de quien lo recibe.

La cuenta que no cierra

Acá aparece la primera gran contradicción. El argumento histórico de la Casa Blanca para expulsar a las personas trans de las fuerzas armadas fue, entre otros, el costo sanitario. Sin embargo, un estudio reciente publicado en el International Journal of Transgender Health —que analizó 58 investigaciones empíricas— encontró que el Ejército gasta apenas 5 millones de dólares anuales en salud de sus integrantes trans, de los cuales solo 1 millón corresponde a cuidados de afirmación de género, muchísimo menos que lo destinado a obesidad, lesiones musculoesqueléticas o embarazo. Es decir: se le niega cobertura a un tratamiento barato y probado, mientras se financia —sin costo definido, sin evidencia clara y a escala de todo el ejército— un programa hormonal para reforzar un ideal de masculinidad.

Un historial que no deja dudas

Este anuncio es una pieza más de un andamiaje que Trump viene construyendo desde el día uno de su segundo mandato: la orden ejecutiva 14183 apuntó a expulsar a las personas trans de las fuerzas armadas; el Pentágono frenó todos los tratamientos de afirmación de género para tropas trans, dejando solo cobertura de salud mental; se prohibió el ingreso de nuevas personas trans a las filas; los documentos oficiales deben alinearse con el sexo asignado Al Nacer; y desde 2026 se eliminó la cobertura de cuidados de afirmación de género del seguro de salud de empleados federales, que alcanza a más de 8 millones de personas.

La Cámara de Representantes también avanzó con enmiendas para impedir que TRICARE, la obra social militar, cubra terapias de afirmación de género para tropas y sus familias.

Ser trans en Estados Unidos, hoy

La cuestión va mucho más allá de los cuarteles. En 2026 hay 813 proyectos de ley en trámite en 43 estados que buscan restringir de algún modo la vida de las personas trans y no binaries —salud, deporte, baños, documentación, educación—, según el relevamiento de Trans Legislation Tracker, que ya lleva seis años consecutivos de récords en la materia. No son solo iniciativas: en junio de 2025, la Corte Suprema falló en el caso U.S. v. Skrmetti y avaló la prohibición de Tennessee a la atención de afirmación de género —hormonas y bloqueadores— para menores de edad, un antecedente que hoy sostiene bans similares en al menos 25 estados y que la propia Corte definió que no requiere ningún estándar reforzado de protección constitucional.

A esto se suma una batería de medidas desde el Poder Ejecutivo: la cobertura de cuidados de afirmación de género fue eliminada del seguro de salud de empleados federales a partir de 2026; una proclama presidencial llegó a calificar esas mismas terapias como una forma de “mutilación”; el Departamento de Salud impulsó una guía que promueve la “terapia” por sobre el acompañamiento médico para adolescentes trans; y los pasaportes y licencias de conducir emitidos por el gobierno federal y varios estados ya solo pueden consignar el sexo asignado al nacer, sin posibilidad de rectificación. En paralelo, deportistas trans fueron excluidas de competencias universitarias y escolares, y estados como Idaho avanzaron con leyes que prohíben exhibir la bandera del orgullo en edificios públicos.

Ciencia de manual contra ciencia de manosphere

Cabe aclarar que la hormonización para reafirmación de género es un proceso médico supervisado, con dosis bajas y progresivas —entre 50 y 100 mg semanales para personas transmasculinas—, pensado para acompañar una transición integral del cuerpo y sostenido en años de protocolos clínicos. Nada de eso tiene que ver con testear en masa a cientos de miles de soldados sin síntomas ni diagnóstico previo. Tampoco tener niveles elevados de testosterona —ni siquiera niveles “correctos” ya que no existe una medida universal que satisfaga a todos los cuerpos y contextos— asegurará una mejora en el rendimiento militar.

Ahí está el verdadero tráfico epistémico que hace la ultraderecha y reproduce en la manósfera: toman un elemento biológico —en este caso, la testosterona— y lo vacían de todo su marco científico para convertirlo en bandera ideológica. No es sobre salud. Es sobre reponer, a la fuerza, una épica viril que ya no alcanza para sostenerse sola. Mientras tanto, a un lado del cuartel, siguen sin llegar los frascos de estradiol que sí curan, sí acompañan y sí se ganaron —con evidencia, no con consignas— el derecho a existir.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario