
Por Claudia Rafael
(APe).-
Bastaba entonces tener de 6 a 12 años y ser hija o hijo de trabajadores para que la Fundación Eva Perón y el Ministerio de Trabajo y Previsión Social sellaran el pasaporte a “la Feliz”. Era la meca de niñas y niños que en aquel primer peronismo conocieron el mar. Siete décadas después la historia es otra. La fugacidad de un futuro que se escapa como la arena entre los dedos hace que los sueños sean cortos y que el destino de país parezca agotarse velozmente. Hace rato que Mar del Plata dejó de espejarse en la felicidad. Y de la Gendarmería en Chapadmalal a la explotación petrolera en ese mar hay apenas un suspiro.

El viernes 3 de diciembre pasado, un sol intenso de mediodía marcaba 28° según el Servicio Meteorológico. Alberto Fernández –ya no MM en la presidencia- recibió a Pablo González y Sergio Affronti, presidente y CEO de YPF y a Al Cook y Nidia Alvarez, vicepresidente ejecutivo de la división internacional de Equinor y presidenta de Equinor Argentina. Se terminó de sellar en ese encuentro lo que concretaría Juan Cabandié 27 días después, cuando el país entero sólo pensaba en el final de un año que dolió hondo a las grandes mayorías.

Más de 70 años antes de esa firma, otro decreto, el 1740, ampliaba derechos e incluía vacaciones pagas obligatorias. La conquista de Mar del Plata para los trabajadores era parte de ese avance popular. El diario La Capital escribía en 1954 que “Mar del Plata hasta ayer constituía para los trabajadores una meta inalcanzable. Hoy merced a la perfecta organización existente en materia de turismo social, planificada y establecida por su gobierno, vemos llegar hasta las playas opulentas y magníficas a hombres y mujeres de trabajo de cualquier punto del país”.
Se rompe con esa simbología popular cuando se expone la vida a la posibilidad de derrame de petróleo. Cuando se pone en marcha una técnica sucia y contaminante de por sí. Cuando se regala la riqueza de un país a grandes empresas internacionales. Cuando se convoca a una audiencia popular de la que resultan 333 exposiciones en contra y sólo 12 a favor pero se determina escuchar únicamente a esa minoría. Cuando se sigue abonando un modelo extractivo desde cada una de sus múltiples facetas: explotación petrolera mar adentro, megaminería, agronegocio que avanza sobre bosques nativos, provincias en llamas, ríos vaciados y agotados.
Se trata –escribía este lunes Carlos del Frade- de “minorías que usan los bienes comunes para sus negocios particulares con una fenomenal impunidad construida por sectores cómplices de las justicias y los gobiernos municipales, provinciales y nacionales”.
Minorías que diagraman un país a contramano de la construcción de un destino amoroso para las infancias. Que diseñan un futuro a medida de sus oropeles y sus propios intereses aunque eso mismo implique el estallido de la humanidad (incluyendo a esas mismas minorías) en pedazos.
Minorías que no cuentan con que a veces los pueblos, a fuerza de soportar golpes, traiciones y desprecio, se organizan y logran dar vuelta –como una taba- su propia historia.
Fotos: 0223.com.ar y Sado Colectivx Fotográfico
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