Los adelantos comprensivos que la
humanidad desarrolló entre los siglos XIX y XX, relacionando las posiciones
políticas con los intereses económico sociales, están quedando sepultados por
un aluvión rocoso que sitúa la narrativa según los intereses del poder. Las
categorías izquierda y derecha son funcionales a la propaganda de los poderes
concentrados, y el periodismo, transmutado en propaganda, no es periodismo, es
propaganda alineada a los estados del llamado centro mundial.
Por Gabriel Fernández *
(para La Tecl@ Eñe)
Se reitera a cada paso, pero ¿quién indaga su fundamento? Si hay una
expresión utilizada en la mayor parte de las coberturas internacionales, es “derecha”. Ningún artículo explica concienzuda y profundamente de
qué se trata; sólo sugieren que involucra las miasmas evaluadas perjudiciales
para el ser humano: populismo, violencia, corrupción; llegado el caso,
terrorismo y para azoramiento del lector avisado, comunismo.
Se había probado en grageas contundentes sobre la Argentina, allá lejos
y hace tiempo, cuando desde Winston Churchill hasta Vittorio Codovilla y
Américo Ghioldi determinaron que el peronismo estaba situado en esa zona del
arco político, sin considerar –o mejor, por eso mismo- los avances sociales,
económicos y civiles que implicó. Fue refrendado décadas después en referencia
al panorama político iraní: los dirigentes anti imperiales de la Revolución
Islámica resultaron catalogados como conservadores mientras quienes tironeaban
por mejorar el vínculo con los Estados Unidos merecían el mote de reformistas o
renovadores.
Hoy, todos los estudios y textos difundidos sobre la situación mundial
contienen la caracterización y se amparan entre sí al puntuar que la misma
incluye un emotivo llamado al combate. Combate por una indeterminada democracia; frente a la “amenaza” de ese difuso sector, esa democracia encuentra
justificación para dejar de serlo, anular todos los derechos que dice defender
y desplegar actos de censura, violencia represiva y anulación de libertades.
Hoy, los medios concentrados en el orden global y tantos alternos que
presumen de críticos, coinciden en que el poder hegemónico, con determinante
orientación financiera, no es la “derecha” sino aquellos espacios que lo
combaten de un modo u otro, y por tanto son condenables a priori. Aún cuando
alcen banderas mucho más ligadas a los valores declamados históricamente por
esa democracia y requieran construcciones más justas en los ámbitos económicos,
sociales, culturales y políticos. Nada; son de “derecha” y listo.
Esta es la gran paradoja de nuestros tiempos.
El origen histórico de la dualidad izquierda – derecha puede hallarse en
un suceso circunstancial: la ubicación de los delegados con diferentes
orientaciones conceptuales en la asamblea nacional francesa de
agosto-septiembre de 1789. Cuando se debatió acerca de la futura Constitución,
los diputados partidarios del veto real (alineados con la aristocracia o el
clero) se agruparon a la derecha del presidente. Quienes se oponían a este
veto se colocaron a la izquierda. Así, lo que podía ser una definición
parcial restringida sobre un territorio o, eventualmente, sobre un continente,
se expandió hacia el resto de las naciones y damnificó el conjunto de los
análisis políticos para siempre.
Con intención no exenta de pereza los estudiosos de la vida
internacional y sus facetas particulares, extremaron tales definiciones y
descubrieron con placer que al aplicarlas no necesitaban hondura ni fundamento:
la mera caracterización bastaba para delimitar buenos y malos, reduciendo en
trazo maniqueo situaciones bien complejas que ameritaban evaluaciones
compuestas por muchos más datos y factores. Como siempre hay alguien que mete
la púa y genera un sonido chirriante, comprendieron que el añadido de la
palabra “extrema” configuraba una recurrencia brillante que consolidaba la idea y la
hacía inexpugnable.
A lo largo de las décadas el manejo de las conceptualizaciones generó
instancias curiosas. Durante un lapso prolongado el “mal” se situó a la
izquierda, con el objetivo de desprestigiar las luchas protagonizadas por
muchos pueblos hacia su descolonización. Los mismos rasgos que hoy observamos
en los análisis internacionales eran empleados en las “descripciones” de lo que
sucedía en los años 60 y 70, con alguna prolongación. Eso sí: siempre, el lado
bueno resultó fotografiado como democrático y el espacio de los malvados
mereció el sello de totalitario.
Todo el período que abarca desde la Segunda Guerra Mundial hasta el
presente mostró puntos en común significativos. La “democracia” resulta
encarnada en aquellas fuerzas políticas que defienden la hegemonía del gran
capital y el “autoritarismo” en las que lo objetan de distintas maneras. El
proceso tuvo serias dificultades argumentales que no arredraron a los
formuladores: la salvaje dictadura argentina de 1955 fue catalogada como
libertadora y democrática; pero hay ejemplos semejantes en muchos países. En
esa línea, las brutales incursiones imperiales sobre otros territorios también
recibieron esos halagos verbales.
El forzamiento interpretativo se agudizó según la nación en la cual se
concretaba la contradicción. Las posturas de fuerzas orientadas a defender el
propio territorio ante los avances de potencias centrales eran rápidamente
catalogadas como una variante del nazismo o del fascismo. Las desplegadas en el
eje Europa – Estados Unidos recibían el vibrante aplauso por sostener la
Seguridad Nacional. En las dos décadas recientes, este planteo se modificó y
aquellas corrientes que proponen instancias industrialistas soberanas en los
países centrales, caen bajo el fuego amigo dispuesto por el interés de un
espacio financiero que, gobernando los medios, no admite el capitalismo
productivo ni siquiera fronteras adentro.
Este punto es decisivo. Resulta preciso estar siempre dispuestos a
absorber las nuevas realidades para entenderlas y narrarlas. Eso nos permite
observar que las mismas acciones comunicacionales elaboradas a partir de la
mitad del siglo anterior son utilizadas sobre actores que pasaron de ser
aliados a formar parte del ejército adversario. De otro modo no se logra
aprehender porqué una lucha inter sistémica desata en esta actualidad caliente
furias tan profundas como las que generó aquella que buscaba una transformación
integral en el esquema mismo de organización planetaria.
Si no llama tanto la atención el proceder de los espacios
comunicacionales ligados directamente con las empresas y los estados del
llamado centro mundial, resulta en verdad esplendente y doloroso que desde
aquellos lejanos tiempos hasta la actualidad se sumaran los que otrora abrevaron
en una comprensión objetiva y material de la vida humana. Unos por intención y
otros por deficiencia o cooptación, anularon el análisis del sentido profundo
del accionar político de cada protagonista para situar su narración en los
rasgos epidérmicos del mismo.
Por estas horas se ha alcanzado la intoxicación plena. Los adelantos
comprensivos que la humanidad desarrolló entre los siglos XIX y XX,
relacionando las posiciones políticas con los intereses económico sociales y
admitiendo que todos ellos se encuentran siempre en movimiento, están quedando
sepultados por un aluvión rocoso que sitúa la narrativa según los intereses del
poder.
El esbozo de solución está, entre otros, en Arturo Jauretche.
Es preciso tomar distancia, preparar el mate y pensar. ¿A quiénes
representan los acusados? ¿Qué acciones han tomado o proponen adoptar para caer
tan mal a los voceros de la cúspide económica? ¿Quiénes forman parte, hoy, de
esa cúspide? ¿Cuáles son sus perspectivas reales? ¿Cuán democráticos son
los que se presentan como tales? ¿Qué medidas concretas han adoptado al ejercer
funciones de gobierno?
Las categorías izquierda y derecha son funcionales a la propaganda de
los poderes concentrados. Que algunos de los involucrados en las imputaciones
posean defectos notables y sean reactivos a nuestra aprobación no implica que
ese estilo de pre juzgamiento político resulte aceptable.
El periodismo, transmutado en propaganda, no es periodismo. Es
propaganda. Y algunos que por estas horas creen ser muy buenos y democráticos,
están contribuyendo a aniquilar las posibilidades de avance que poseen nuestros
pueblos.
*Director
La Señal Medios / Area Periodística Radio Gráfica / Sindical Federal

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