Por Hernán
Casabella.
Leal, roca, cuervo,
ácido, puto y amigo. Escritor, corrector, poeta. Publicó Escribir poemas/Las
palabras del fuego (poemas, 2017); Nueces y Refugios. 25 cuentos gays para un
día de lluvia (cuentos, 2017); Azules en el deck (poemas y pensamientos, 2018);
Yo quiero ver un tren (poemas, pensamientos y relatos, con la participación
especial de escritorxsamigxs, 2019);Brasil (coração navegador) (novela, 2019) y
Páginas en el viento / El camino del té (hojas de viaje) (poemas, 2020) todos
en textosintrusos.
¿Qué es lo que vuelve trascendente a un poeta?
Sentir el jugo que se refleja ante los ojos, ese
sabor que se cuela hasta las entrañas, que se hace piel y acelera los latidos,
sea otoño o primavera.
un libro… La novena revelación, de James Redfield.
un amante famoso… Willem Dafoe en la jungla, por el desierto
palestino, con cera en su piel, haciendo justicia en Mississippi.
una ciudad… Asunción.
una película… Los puentes de Madison.
una delicia… una porción de muzza o de napo o de jamón y
morrones (o las tres) con fainá fría.
una canción… Make you feel my love de y por Bob Dylan.
un gusto… tomar caipirinha con Gabu y Darío en Villa
Gesell.
una bebida… cerveza roja.
¿Qué le dirías a Verlaine?
Es tiempo de desnudar nuestros deseos, hacernos
piel en la pluma, e invitar a Arthur a una de esas cenas gloriosas.
Nos recitas unos versos que den cuenta de tu primer
beso
Nos escondimos debajo de la mesa de planchar
entre tanta ropa que nos cubrió como una carpa
Tus labios fueron el sabor más seco que jamás
imaginé
Cuando nos besamos de verdad mil años después
el jugo de tu boca me llevó a aquel instante
Y supe que me había mojado igual.
Tu última mentira
Voy a dejar de lado el celular para no seguir
pensándote.
No te queda la sensación de que la poesía se olvida
Creo que hay mucha sensibilidad, en este mundo
gris, que sigue pintando de colores cada día, y ahí siempre hay poesía porque
todavía hay latidos que se resisten al juego del celular y de las redes. “Escribir
poesía: ¿quién lee?”, así arranqué unnuevo camino de poemas en 2015 porque la
profesora y correctora Adriana Santa Cruz nos invitó –a mis compas del curso y
a mí– a leer cada noche un poema y a tratar cada mañana de escribir uno. Y me
pregunté eso: “Escribir poesía: ¿quién lee?”. Y la sorpresa ha sido tremenda.
Especialmente, me ha pasado desde que comencé a publicar mis poemarios, a
través de textosintrusos; descubrí que hay mucha gente que no se olvida de los
aromas que surgen desde, por y en la poesía.
Vamos a una tradicional noche de bodas, quién lleva
en brazos a quién:¿Rimbaud a Lorca o al revés?
Es obvio que Federico lo lleva a Arthur porque es
quien siempre va a más, y para él es pasión hacerlo, y enamorarlo a full.
¿A qué poeta relees casi hasta el hartazgo?
Releo al cantar a Charly, al Flaco, a Dylan, a
Sabina, a Lennon, a Marilina, a Celeste, a Fito, a Litto, a Fabi, a León. Son
una constante.
Del resto, no leo hasta el hartazgo, pero siempre
vuelvo a Borges, a Alfonsina, a Ioshua, Pizarnik, Benedetti, Orozco, Galeano,
Rimbaud, García Lorca.
¿Cómo se lleva tu poesía con el insomnio, con las
noches, con los vicios?
El insomnio es un lindo amigo para que mi poesía
aflore. Las noches siempre juegan mi juego. Los vicios –alcohol– fueron un
camino fantástico y doloroso en determinados instantes: la muerte de uno de mis
mejores amigos, el desamor, la traición amiga o del corazón, la pasión en el
amor hacia ese alguien que eriza mi piel y hace llover mis ojos, son algunos de
los ingredientes que hicieron que descorche o destape mucho.
¿Qué tres poetas reeditarías?
Arthur Rimbaud, Oscar Wilde, W. H. Auden.
¿Cuál es tu opinión sobre los recitales de poesía?
Me parecen interesantes porque son espacios de
encuentro, de escuchar, de regalar versos, de sentarse a beber y de sentir con
los ojos cerrados esa vibra que motiva.
Nombrá tres poetas en lengua castellana y tres en
otras lenguas que admires.
Eduardo Galeano, Jorge Luis Borges, Alejandra
Pizarnik; Arthur Rimbaud, Charles Bukowski, W. H. Auden.
¿Utilizás tu condición de poeta para ejercer la
seducción? Detalle.
En las redes, sí. De hecho, mi imagen está puesta
al servicio de la poesía para llegar a quienes se animen a meterse ahí. A veces
un verso materializa esa inconsciente-consciente seducción.
¿Qué cinco poemas te resultan movilizadores?
“Los nadies” de Eduardo Galeano.
“Tu nombre es mi calle” de Ioshua.
“A un olmo seco”, de Antonio Machado.
“Milonga de un soldado” de Jorge Luis Borges.
“Cuando éramos niños” de Mario Benedetti.
¿Por qué no se escribe más en modo rimado?
Porque la poesía ha evolucionado como el mundo. Y
la simbología que regalan los poemas tiene otras frecuencias. En mi caso, busco
la cadencia musical al escribir, a leer, al recitar. Lo que me parecía tan
mágico en mi infancia y adolescencia, hoy lo veo como algo muy estático al
compararlo con la poesía actual, más libre, más desprolijamente prolija.
Nos atraviesa una modernidad que muta a cada
instante y la rima mutó en otros estados como “esa” cadencia musical a la que
hacía referencia, en mi caso. Es todo muy libre, tanto que a veces me cuesta
leer algunas cosas, porque las veo cargadas de una prosa que, a mí entender,
enuncia sin ese toque que conmueva.
¿Con qué tres poetas argentinxs compartirías una
cena? ¿Y qué libro de otrx poeta argentinx le regalarías a cada unx?
Oscar Vitelleschi, Hernán Casabella y Pablo de Cruz
y les regalaría “Obra poética” de Jorge Luis Borges, a Oscar; “Hebra incompleta”
de Fernando Noy, a Hernán; “Poesía completa” de Olga Orozco, a Pablo.
¿Con qué poeta te irías una noche de gira?
Sebastián López Márquez, porque augura fiesta,
arte, poesía.
¿Qué opinas de la poesía argentina de la última
década?
Tremenda. Luces por todos lados. “El otro cambio
(lxs que llegaron)” parafraseando a Litto Nebbia, es un gran título porque
viene con esa necesidad de ir al frente, de expresarse, de revelarse: hay una
poesía tan sensible: las voces que regalan las plumas de la diversidad, la
sororidad de las mujeres, el grito de quienes viven con VIH, el desparpajo de
lxs irreverentes, la potencia de lxs desposeídxs, la militancia de quienes
popularizan su canto en versos, las redes que abren el juego a quienes saben
que no todo es chotocentrismo porteño.
Todos disparadores que han enaltecido la poesía en
estos años. Aunque no la veamos, siempre está y se hace carne en mí, en vos, en
todxs.
¿Realizás un trabajo poético constante o preferís
la inspiración?
La inspiración es constante, a cada rato, en cada
hora, en cada mirada, en cada pensamiento, en cada sentir. La inspiración más
estática viene para escribir prosa, para redactar cuentos, relatos, nouvelles, novelas, ensayos, opinión. La
poesía está en todas partes: en el sol cuando da en mi cara, en la luna que me
guiña en esas trasnoches de puros brebajes, en la risa o en el llanto de lxs
bebés, sentado en la arena frente al mar, en la mirada cómplice a alguien, en
mis deseos más crudos por quien me sonrió; está ahí, solo hay que tomar ese
aire y largar las palabras.
¿Qué opinás de eso llamado slam de poesía?
Creo que aporta mucho porque recupera, como el
stand up, esos espacios mágicos que se perdieron del café concert o de los
encuentros de poesía. Y permiten que tantxs creadorxs puedan contar en versos
parte de sus realizaciones. También porque la poesía no es solo la que está en
un libro o en un blog o en las redes. Es esa aventura al escribirla y para
tantísimxs artistas (poetas, poetisas, escritorxs) es un canal para mostrarlas
también.
Poesía y vida, ¿no ocurre más eso de vivir
poéticamente? ¿Se terminó vivir a lo Rimbaud?
Uhhhhh!!! Es el gran
deseo. No vivir de la poesía, sino con la poesía como otro canal de vida, de
ese vivir que soñamos tanto quienes nos largamos a parir versos para que,
parafraseando a Marilina Ross, “de grandes puedan volar y vivir su propia
vida”. Quizás al publicar casi todos los días algún poema en mis redes, vivo a
lo Rimbaud, y en definitiva, entre tanta poesía que me abraza, entre tantas
canciones que tienen una poética que me conmueve, y en mis propios latidos
hechos versos, siento que sigo viviendo como Arthur tratando de ver lo
invisible, escuchar lo inaudible, donde el amor sin límites me crezca en el
alma.

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