Se cumplen 60 años de
la fallida invasión de mercenarios financiados por Estados Unidos
El rol de Washington, la CIA y John
F. Kennedy en unos de los fracasos militares más estrepitosos de la historia de
EE.UU.
Por Gustavo Veiga
Fidel Castro dirigió
la defensa de su país en el campo de batalla.
En "Secretos de
generales", un libro del cubano Luis Báez, uno de esos altos
oficiales, Enrique Carreras Rolás, cuenta que Fidel Castro lo
llamó a las 4.45 de la madrugada del 17 de abril del ’61. “En Playa Girón se
está llevando a cabo un desembarco. Despeguen y lleguen allá antes del
amanecer. Húndanme los barcos que transportan las tropas y no me los dejen ir.
¿Entendido?”. Ésa fue la orden. El militar era uno de los escasos tres pilotos
experimentados de la aviación revolucionaria. En total había solo diez que
volaban otros tantos aviones emparchados, “dados de alta”, según decía. En
base a hechos como ése, Cuba construyó su épica antimperialista. Se cumplen
este sábado sesenta años de la gesta que terminó en estrepitoso fracaso de una
invasión mercenaria, pero sobre todo de Estados Unidos, la CIA y John F.
Kennedy. En 66 horas el intento de consolidar una cabeza de playa en
la isla finalizó con el plan secreto que había comenzado otro general, aunque
norteamericano: el presidente Dwight Eisenhower. La Operación Pluto acabó
tan rápido como un dibujito de Walt Disney.
El mismo día de la
invasión la agencia estadounidense UPI (United Press International) despachó un
cable desde México que ya tiene ganado un lugar en el museo de las fake news:
“El primer ministro Fidel Castro se ha dado a la fuga y su hermano Raúl fue
capturado. El general Lázaro Cárdenas gestiona el asilo político de Fidel.
Stop”. Lejos de esa descripción, el líder histórico de la revolución
cubana había dirigido la defensa de su país en el campo de batalla. En
el mismo libro, otro general, Samuel Rodiles Planas, recordaba en 1996 que
después de escribir el parte de la victoria y desde un improvisado muelle,
“Fidel empezó a encender y apagar las luces de una linterna. Le pregunté por
qué hacía eso y me contestó: ‘Para ver si se equivocan, creen que son los
mercenarios, los vienen a rescatar y les caemos a cañonazos’”. Playa
Girón ya había sido recuperada, pero Castro quería seguir combatiendo.
William Price Gray,
editor de las páginas internacionales de la revista Life escribió:
“El servicio de espionaje de Fidel resultó ciertamente superior a la CIA. Fue
simplemente una monumental y mal fraguada aventura militar…” La autodenominada
Brigada 2506 finalizó su aventura brancaleónica con 1197 prisioneros, doce
aviones derribados, dos barcos de transporte hundidos y varios más averiados.
Pero también, como señal inexcusable de la intervención estadounidense, quedaron
los cadáveres de cuatro pilotos de EE.UU: el capitán Thomas Villard Ray, el
mayor Riley Shamburguer y los navegantes Frank Leo Baker y Wado Carroll Gray.
La fuerza invasora había intentado confundir a los cubanos con un señuelo que
no mordieron: camuflaron aparatos B-26 con insignias de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias (FAR) para hacer creer que una rebelión interna estaba en
marcha.
En esas costas
pantanosas y plagadas de cocodrilos, cercanas a la Ciénaga de Zapata, y a 211
kilómetros hacia el sudeste de La Habana ocurrió lo que todavía ahora se
recuerda en un gran cartel: “Playa Girón primera derrota del imperialismo en
América Latina”. De nada habían servido en días previos los bombardeos a los
aeropuertos Ciudad Libertad en La Habana, Antonio Maceo en Santiago de Cuba y
San Antonio de los Baños. EE.UU quiso inutilizar la precaria flota de aviones
cubanos pero Fidel, astuto, les hizo bombardear unos que no andaban. Tampoco
intimidaron a las FAR los atentados con bombas a una central de energía
eléctrica, los incendios que hicieron perder 300 mil toneladas de azúcar, 42
depósitos de tabaco y hasta dos fábricas de papel. “El ejército rebelde es el
pueblo uniformado”, decía Camilo Cienfuegos - uno de los jefes revolucionarios
– y supo cómo responder a la invasión.
El 3 de enero de
1961, Eisenhower había roto relaciones diplomáticas con Cuba. El 3 de febrero
de 1962, un año y un mes después, Kennedy firmaría la Orden Ejecutiva
Presidencial 3447 con la que montó el bloqueo económico, comercial y financiero
contra la isla que va también camino a su 60° aniversario. Entre esas
dos fechas ocurrieron dos hechos clave. El 16 de abril del ‘61 Fidel declaró el
carácter socialista de la Revolución. Y el 17 sobrevino Playa Girón, una
invasión que él sospechaba inminente. El ataque, lejos de provocar una grieta
en la población, la galvanizó detrás de los comandantes de la Sierra Maestra.
La aventura le costó
al gobierno de Estados Unidos 336,1 millones de dólares. Sus mercenarios
habían partido desde Nicaragua después de entrenarse en Guatemala en campos de
adiestramiento que arrendó la CIA. Hasta levantaron uno en Homestead, Miami,
donde se entrenó un grupo de 140 contrarrevolucionarios que nunca consiguió
entrar en acción. Las fuerzas de defensa perdieron 147 hombres entre
milicianos y soldados, aunque las cifras oficiales elevarían las bajas a 156
por los bombardeos de ablande del 15 de abril. Su promedio de edad era de 24
años.
Entre los prisioneros
tomados el 19 después de casi tres días de combate, había ex militares del
régimen del dictador Fulgencio Batista, latifundistas, grandes
comerciantes, magnates industriales, abogados, actores y lúmpenes reclutados
por una paga diaria de 175 dólares para los solteros y 225 los casados.
Desembarcaron en Playa Girón junto a barcos de nombres inconfundibles: Houston
– el primero en ser averiado-, Atlantic y Lake Charles.
Su armamento superaba
al de las milicias movilizadas y las FAR: 16 aviones B-26, ocho C-46, seis
C-54, cañones de 76 y 75 milímetros, morteros de 4.2, rifles Garand, carabinas
M-1, bazucas, pistolas y municiones. Litros de combustible de avión se fueron a
pique con el buque Río Escondido al que impactó de lleno un avión. La
naturaleza también se puso del lado de la Revolución. Arrecifes coralinos
destruyeron o retrasaron a algunas de las lanchas de desembarco. Los cubanos
que participaron de la invasión se quejan todavía de la ineptitud de la CIA que
no previó estos problemas en la zona de Playa Girón.
El jefe civil de la
Operación Pluto, Manuel Artime Buesa, un médico que abandonó la
isla apenas triunfó la revolución, se transformó en agente de la CIA para todo
servicio. Después de haberse entrenado en Guatemala, ser capturado en Cuba y
liberado varios meses después, el 29 de diciembre de 1962 fue uno de los
principales anfitriones de Kennedy en el estadio Orange Bowl de Miami, donde se
le entregó una bandera de la Brigada 2506 al expresidente. Un tradicional
teatro lleva su nombre en La Pequeña Habana desde 1982. En junio de 2017 Donald
Trump dio el primer discurso sobre Cuba como presidente en sus
instalaciones de Miami. Anunció el endurecimiento de las sanciones económicas.
La historia de
Estados Unidos y sus políticas contra la isla es circular. Hace sesenta años
apeló a una invasión. Intentó por medio de la CIA asesinar 638 veces a
Fidel. Como no pudo con una y otra estrategia, mantiene un bloqueo inalterable
que se acerca a las seis décadas. Pero Playa Girón, como Vietnam, fue un antes
y un después en sus derrotas militares. En Cuba significa lo contrario:
es una de sus grandes epopeyas.

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