
Por Claudia Rafael
(APe).-
Son 25 kilómetros los que hay que recorrer entre la base de la montaña y el vallecito en el que está anclado desde hace más de 80 años la escuela 474 El Tolar. A lomo de mula o de burro, los maestros suben y permanecen durante 25 días en los que dan clases de lunes a sábados. Sólo durante una semana regresan a sus casas, a 200, 300 ó 450 kilómetros de distancia, como Amalia Agüero, la directora, que habló largamente con APe del derrotero de la comunidad. 34 niñas y niños van cada día a clases. Thiago es uno de ellos. Y con sus 6 años, su historia saltó a los grandes medios de alcance nacional y puso en el tapete por unos pocos días al pequeño poblado.

Amalia Agüero se llama la directora de la escuela de El Tolar, que reconstruye en entrevista con APe parte de la historia de ese sitio en el que la luz les llega desde los paneles solares y el agua, del río que atraviesa los cerros. No hay internet, no hay más agua que la de la naturaleza, no hay asistencia médica.
Por apenas un ratito los velos se corrieron para permitir que el mundo pandémico de 2021 depositase los ojos en uno de tantos pueblos olvidados, hundidos en las montañas de la Catamarca profunda.
La comunidad El Tolar está a unos 2 ó 3 kilómetros de la escuela, 3000 metros arriba de la base de la montaña. Thiago es uno entre los 34 alumnos de 4 a 16 años que van cada día, de 8,30 a 16.30 a clases, de lunes a sábados. A una escuela en la que seis docentes viven durante 25 días cada mes y durante una semana apenas retornan a sus propias casas. En algún caso, a 450 kilómetros de distancia.
Entre la lluvia y el frío
El sendero que recorren para llegar a la escuela o que las familias de la comunidad emprenden a lomo de burro o de mula se extiende por 25 kilómetros. “Es todo muy sacrificado. Demasiado. Son 9 horas a lomo de mula que no es fácil. Recorremos cuatro horas por el lecho de un río; luego subir montañas, bajarlas, volver al río. Es durísimo. Al ser puna no tenemos árboles. Si nos toca un día de sol, es todo el trayecto en sol. Si nos toca lluvia, es todo el trayecto en lluvia. Si toca nieve, es todo nieve. Si hace frío, se escarcha el terreno y los animales se pueden resbalar, desbarrancar. La gente misma, lo transita con burro, con mercadería. Y corren el riesgo de perder el animalito, la mercadería. A veces tienen que bajar con sus niños a hacerlos vacunar en el hospital y no es fácil. Es muy dura la vida de esta gente”, describe la directora.
Un pequeño valle cobija a la escuela, rodeada de montañas. Hacia el Sur, unas 13 ó 14 casitas. Hacia el Norte, otro tanto. Unas 90 personas, entre niños y adultos, conforman la comunidad diaguita El Tolar. “Allí las condiciones de vida son adversas porque el clima es muy frío. Pero es una comunidad hermosa, con gente muy joven, de 30 a 35 años. Los mayores han ido emigrando y los que no se han querido ir son los hijos. Que viven del empleo municipal, de alguna beca, de pequeñas huertas y de la crianza de animales”.
La primera vez

Junto a otra docente se trasladan desde la capital. Parten el sábado a las 18 y llegan a Belén a medianoche. Tras dormir en el pueblo, alquilan un vehículo a las 6 de la mañana para llegar a La Soledad, el último pueblito en terreno transitable. “Allí espera el señor ordenanza con los caballos, con los burritos, donde llevamos la mercadería o las cosas nuestras. Y desde ahí recorremos 25 kilómetros a lomo de mula. Es todo muy inhóspito. Son 4 horas por el lecho del río, después subir a la montaña, bajar, volver a retomar el río para llegar a la escuela. Y ese trayecto también lo hacen las familias una vez al mes, en que tienen que bajar a buscar su mercadería”.

“Tengo la esperanza de que esta vez cumplan con la promesa de construir el camino”, repitió Amalia Agüero, directora de esa escuela anclada en el vallecito de El Tolar.
Thiago descorrió con sus 6 años el velo para que los marioneteros del poder vean lo que pocos ven. Cada piedra, cada recoveco en los cerros catamarqueños, cada centímetro del breve río y, por sobre todo, la imperiosa necesidad a flor de piel de que finalmente se instale el camino cuatro veces prometido.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario