
A veces las emergencias de los que fueron desterrados del sistema, las emergencias concebidas como lo que emerge de repente de la faz de una tierra donde intentaron sepultarlos, a veces las emergencias de los deportados de esta vida, la de acá, se convierten en hitos. En mechas encendidas que dejan ver y estallar a los postergados.
Desde la maestría argentina (la de los maestros, no la académica) denostada en totalidad y olvidada en el sacrificio, se construye humanidad.
Y a veces se pierde la vida. A 3.300 kilómetros de la Cajamarca donde Pizarro traicionó a Atahualpa y 500 años después un maestro moreno llega a presidente, Celeste De los Ríos salió a pie desde la escuela de alta montaña de Iruya para llegar al pueblo. Eran las dos de la tarde y tenía unas nueve horas de descenso por delante. No calculó que la noche sería tan rápida y que el viento y la nevisca serían enemigos mortales. Desde la comunidad kolla tenía que llegar –por montañas de hasta 5 mil metros de altura- al paraje que tiene acceso vehicular. No llegó.
“Cuando hay viento sí o sí tenés que pasar arrastrándote por esos lugares y posiblemente la haya derrumbado el viento”, dijo una referente kolla. Celeste cayó entre las piedras y murió por los golpes.

Entre los picos y los valles de la cordillera vive la comunidad diaguita, criando y sembrando su propio alimento, sin camino ni tecnología. A 3.800 kilómetros de aquel encuentro de la Cajamarca, donde Atahualpa intentó escuchar el libro de Valverde y ningún dios le habló, hay una escuelita en El Tolar donde la maestra va y viene caminando y en burro. Amalia Agüero, la directora relató a APe: “Es todo muy sacrificado. Demasiado. Son 9 horas a lomo de mula que no es fácil. Recorremos cuatro horas por el lecho de un río; luego subir montañas, bajarlas, volver al río. Es durísimo. Al ser puna no tenemos árboles. Si nos toca un día de sol, es todo el trayecto en sol. Si nos toca lluvia, es todo el trayecto en lluvia. Si toca nieve, es todo nieve. Si hace frío, se escarcha el terreno y los animales se pueden resbalar, desbarrancar. La gente misma, lo transita con burro, con mercadería. Y corren el riesgo de perder el animalito, la mercadería. A veces tienen que bajar con sus niños a hacerlos vacunar en el hospital y no es fácil. Es muy dura la vida de ellos”.
En la América Latina empobrecida y desterrada colisionan brutalmente la conquista y los sobrevivientes, el capitalismo feroz y la cosmovisión originaria, la vanagloria europea y la irrupción del origen desde su confinamiento.
Es impensable un wichí o un diaguita en la presidencia de la Argentina. Pero sí es posible un aymara en Bolivia o un hijo del encuentro de Cajamarca en Perú. Un maestro rural moreno que se dice marxista y que arrastra el conservadorismo social y sexual de los pueblos que emergen.
Que trae el adn del sueño ambicioso de Pizarro y la dignidad altiva de Atahualpa. La mixtura fatal del invasor y el origen.
Una alquimia que sigue atravesando el destino desigual de esta tierra.
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