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"La Maldita Máquina de Matar" Pinchevsky/ Medina

miércoles, noviembre 23, 2011

Los caminos conducen a Teherán


Por Eduardo Anguita - 22.11.2011 


Las operaciones de prensa empiezan a ablandar el terreno para un escenario que ya no parece lejano: atacar Irán. Eso sí, preventivamente, tal y cual sucedió con Afganistán en 2001 y en Irak en 2003. 



Nueve meses pasaron desde que los egipcios empezaron a ocupar la Plaza Tahir. El dictador cayó pero la revolución no terminó. Los muertos de estos días, previos a elecciones legislativas, pusieron en evidencia a la junta provisional que actúa como gobierno de transición: represión salvaje. En Siria, donde todavía no cayó el gobierno de Bashar al Assad, la situación está lejos de tranquilizarse. No sólo en el frente interno, turbulento, sino en el complejo cuadro de presiones de los Estados Unidos y distintos países europeos. Al Assad advirtió que cualquier intervención occidental amenazará la paz en Medio Oriente. El cuadro de tensión sigue con sólo detenerse en Libia, donde la intervención de la OTAN no cesa y todo indica que ese país, más allá del petróleo, está destinado a convertirse en la sede de las tropas estadounidense que actualmente están en Alemania. 

Pero mucho más complejo es lo que pasa en las últimas semanas en Irán y que ayer, lunes, empezó en una espiral de operaciones de inteligencia y medios de prensa que no se sabe hasta dónde van a llegar. Irán da al Mar Caspio. Allí, además del mejor caviar del mundo, está una de las plazas más importantes del mundo en materia de gas y petróleo. Los rusos tienen parte de los yacimientos y las reservas, otra parte la tienen Azerbaiján, Kazajstán, Turkmenistán y Uzbekistán. Estas tres últimas naciones se separaron en 1991 de Rusia, cuando desapareció la URSS. Sin embargo, los buenos lazos del presidente de Rusia, Dimitri Medvedev, y del primer ministro Vladimir Putin con los líderes de esos países y de todos ellos con las autoridades chinas se convierten en un gran dolor de cabeza para Occidente. Concretamente, los acuerdos sellados entre Rusia y China para provisión de gas y petróleo le quitan una fuente estratégica a la maltrecha Europa y ponen en jaque los planes de dominación estadounidenses. 

Otra parte, muy significativa, del petróleo del Caspio está en manos de Irán, la república islámica que es el mayor dolor de cabeza de los Estados Unidos e Israel. Se trata de una nación potente, de 70 millones de habitantes y todo indica que los planes de ataque estadounidenses e israelíes avanzan aceleradamente. 

La semana pasada, The Washington Post dio una versión, de fuentes imposibles de verificar, por la cual el gobierno iraní estaría fabricando armamento nuclear. El artículo señalaba que los cerebros de esa fabricación serían científicos de origen coreano y de la ex URSS. Ayer, la cadena informativa estadounidense ABC News se despachó con una historia que hace acordar a, por ejemplo, el llamado incidente de Tonkin, ocurrido en 1964, y que era un reporte periodístico de cadenas norteamericanas que daban cuenta de un ataque artero por parte de barcos norvietnamitas contra la Marina de los Estados Unidos en el Mar de la China. Desde ya, nunca se pudo comprobar nada pero fue una maniobra para que el gobierno de Lyndon Johnson comenzara una guerra sangrienta que duró hasta 1975. Lo de ABC es rarísimo: da cuenta de un gran fracaso de la inteligencia de la CIA, pues afirma que una docena de agentes –topos– que operaban en Irán y Líbano habrían caído en manos del gobierno iraní. El cable plantea el temor por la vida de esos muchachos que recolectaban “información sensible”. Claro, no sólo apuntan contra el gobierno de Teherán sino también contra Hezbollah, con base en el Líbano, país fronterizo con Israel. Las fuentes citadas por ABC son “ex agentes de inteligencia” estadounidenses; es decir, nadie que pueda ser identificado. Se sabe, la misión de los agentes es desinformar a la prensa y no informar a la prensa. 

Ayer mismo también la BBC de Londres daba cuenta de otra noticia. Esta vez con fuente clara. El ministro de Hacienda británico, George Osborne, ayer comunicó oficialmente que las instituciones financieras británicas cortaban sus operaciones con los bancos iraníes, inclusive el Banco Central de ese país. Las razones están fundadas en las “evidencias” (¿?) de que los bancos iraníes están fondeando “el programa de armas nucleares”. Se basa, claro, en el informe preliminar de la misión de la Agencia Internacional de Energía Atómica que visitó recientemente Teherán. BBC destaca que es la primera vez que Gran Bretaña se vale del programa “antiterrorista” sancionado en 2008. 

Canadá acaba de cortar las exportaciones de material que pudiera servir de insumos a programas nucleares. En los Estados Unidos se aceleran las versiones de medidas comerciales contra Irán. El cable de la BBC menciona que el presidente francés Nicolas Sarkozy instó a las autoridades japonesas, alemanas y de otros países a congelar los fondos iraníes y a detener las compras de petróleo procedente de Irán. Vale la pena recordar que el primer ministro británico Gordon Brown y el presidente francés fueron a suelo libio a confirmar que la presencia de la OTAN no era testimonial. 

A este contexto, de por sí gravísimo, hay que agregar las insistentes versiones de que Israel podría atacar “preventivamente” los supuestos complejos edilicios donde se estarían llevando a cabo las supuestas bombas. Y sin tratar de generar suspenso, ya que insisten en que las condiciones climáticas, pasado el fin de diciembre, serían adversas para cualquier operación militar. 

Es decir, por un lado, los banqueros europeos y estadounidenses quedan en evidencia como quienes están manejando al italiano Mario Monti (ex Goldman Sachs), al griego Lukás Papademos y ponen en jaque desde el primer día –con la baja de la Bolsa de Madrid– al recientemente electo Mariano Rajoy. Por el otro lado, como un movimiento de pinzas, las operaciones de prensa empiezan a ablandar el terreno para un escenario que ya no parece lejano: atacar Irán. Eso sí, preventivamente, tal y cual sucedió con Afganistán en 2001 y en Irak en 2003. Desde ya, sin que se cumplan las promesas de distensión o de abandono del terreno de las tropas estadounidenses y de la OTAN. 

Por supuesto, Venezuela no podía salvarse de esta andanada. Ayer, el portal Infobae daba cuenta de un documento inquietante. Daniel Glaser, asistente del secretariado del Tesoro para la Financiación Terrorista, dio cuenta de que “hasta el momento (¡!) Irán falló en establecer un vínculo significativo con la región” (Latinoamérica). Eso sí, advierte Glaser que “cuando Irán logró hacer incursiones, actuamos con rapidez”. Se refiere a que los Estados Unidos bloqueó los fondos de un banco venezolano –llamado Banco Internacional de Desarrollo– que sería una subsidiaria del Banco de Desarrollo de Exportaciones iraní. El motivo del bloqueo de fondos es que Irán es “un gran productor de armas”. Curiosa interpretación de las autoridades estadounidenses, cuyo complejo militar tecnológico tiene un presupuesto similar al del resto del mundo en materia bélica. 

Es cierto que Irán no tiene buenas relaciones con la Argentina. Hay un motivo muy concreto para que la Argentina no estreche lazos con las autoridades de Teherán: se trata de la voladura de la sede de la AMIA de la calle Pasteur en 1994, donde murieron 85 personas. Sin perjuicio de la necesaria firmeza en las relaciones internacionales, es momento de estar alerta sobre el brote belicista de las grandes potencias en un contexto de crisis económica y de crisis de dominio por parte de los Estados Unidos y la OTAN.

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